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El Barça vence al Dortmund (3-1) con un gran Messi y se clasifica para octavos de la Champions

El “10” anotó un gol y asistió en los otros dos, uno de ellos de Griezmann, que empezó como suplente

Griezmann se abraza a Messi en un momento del partido.
Griezmann se abraza a Messi en un momento del partido.Emilio MorenattiAP

Una noche que podía haber sido de histeria colectiva la convirtió el Barcelona en un partido plácido con doble premio: la clasificación para octavos de final llega acompañada del primer puesto del grupo, lo que le evita a rivales, de momento, como la Juventus, el Bayern o el Manchester City. El Borussia podía poner en un aprieto a los de Valverde: si asaltaba el Camp Nou dejaba al equipo español pendiente de un último dramático duelo contra el Inter en Milán. Pero se quedó a medias en todo el conjunto alemán. Ni atacó de verdad ni supo tapar a Messi... O Leo entendió cómo moverse por la zona de peligro. Los que le han entrenado aseguran que su cabeza es como un ordenador, que estudia el partido y acude al lugar al que puede hacer daño. Con el argentino suelto todo es más fácil y si la presión se hace bien para recuperar el esférico en campo ajeno, mucho más. El Borussia tuvo una primera opción tras una pérdida de Rakitic, pero luego, aunque a ratos tuvo la pelota, no amenazó. Sus pérdidas en la salida de balón fueron letales. Con un rebote que se le quedó a Leo llegó el primero: asistió a Luis Suárez. Ya lo había hecho antes, pero el uruguayo estaba en fuera de juego. Esta vez no, por poco.

Después De Jong recogió una pelota que le regaló Hummels y entre Suárez y Messi, esta vez con los papeles cambiados, hicieron el segundo. En un momento había solucionado el Barça la situación, aunque todavía tendría que pasar algún rato de duda en la segunda parte, con la entrada del joven Jadon Sancho. Segundo en el «Golden Boy», el delantero inglés dio un punto extra al Borussia, pero su gol llegó demasiado tarde.

Porque antes Griezmann había logrado el tercero. Todavía más suelto en esta segunda parte porque el rival se echó hacia adelante, estaba cantado lo que podía suceder. En cuanto falló la presión tras pérdida de los alemanes, el «10» se encontró con la pelota en la zurda y mucho terreno libre por delante para avanzar y pensar. Vio el desmarque de Griezmann y el pase fue tan preciso que el francés no tuvo ni que controlar el balón. Sólo chutar, y para adentro.

Quizá fue un error de Favre no meter a Sancho desde el principio. También él hizo la jugada que Guerrero mandó al larguero (Ter Stegen la tocó) y que podía haber dejado cinco minutos de infarto. Valverde, por su parte, apostó por Rakitic, que estuvo bien y fue aplaudido, y por Dembélé, que volvió a lesionarse y no se lo podía creer.

Fue una actuación correcta del Barça, sin muchos alardes, con demasiado rato sin la pelota y como casi siempre, con Messi.