¿Por qué se deprimen los futbolistas?

Un estudio del sindicato mundial de jugadores en 2015 detectó que el 38 por ciento de los futbolistas había tenido síntomas de alguna enfermedad mental

El suicidio de Gary Speed, en noviembre de 2011, hizo que el fútbol inglés comenzara a hacerse preguntas. Había sido un jugador de élite en la Premier, futbolista del Leeds, del Everton y del Newcastle entre otros, y hacía poco más de un año que había asumido el cargo de seleccionador galés. El sindicato de futbolistas ingleses (PFA) comenzó a recibir una avalancha de peticiones de ayuda a partir de entonces. La muerte de Speed fue el aviso de que no se estaba prestando la atención necesaria a la salud mental de los futbolistas, de que no se les estaban dando herramientas para gestionar la presión.

La PFA (Asociación de Futbolistas Profesionales) puso en marcha en 2013 un programa de atención a los futbolistas con consejeros, psicólogos y psicoterapeutas repartidos por todo el país que desde entonces y hasta el verano pasado habían atendido a más de 1.600 jugadores.

Un estudio realizado en 2015 por el sindicato mundial (FIFPRO) concluía que el 38 por ciento de los jugadores en activo habían dado señales de algún tipo de trastorno mental: estrés, ansiedad o depresión.

«Una cosa es un estado depresivo o una sintomatología depresiva en un momento dado y otra una depresión, que es una palabra muy gorda», explica José Carlos Jaenes, psicólogo especializado en psicología del deporte. «A veces lo que hay es una tristeza, no te ponen y no lo estás pasando bien. Pero eso no es una depresión. Puede ser una lesión, que dura más en la cabeza que en la rodilla y es verdad que cursa con estados de ánimos depresivos porque pasan los partidos y no tienes oportunidades, la lesión se puede alargar y vas perdiendo sitio, visibilidad», añade.

Los futbolistas, y los deportistas en general, no están exentos de sufrir una enfermedad mental. Ejemplos hay, como los de Iniesta o Buffon. «En el fútbol profesional hay enfermedades mentales como en cualquier otro deporte o en la vida normal. Un jugador de fútbol es una persona y tiene riesgo para caer en una depresión», asegura Mar Rovira, exjugadora de baloncesto y ahora psicóloga deportiva.

«Las causas de la depresión son multifactoriales y además hay que tener en cuenta la estructura de la personalidad de cada uno. Esos dos grandes componentes mezclados pueden hacer que llegues a desarrollar depresión. Nunca viene de la nada», afirma Rovira. Y a los futbolistas no les protege lo que ella llama el «efecto halo». Son jóvenes, atléticos, con éxito y con dinero, pero eso no les hace inmunes. «Si ganas mucho dinero y eres muy bueno jugando al fútbol la gente piensa que ya eres muy bueno en todo lo demás y tienes una salud de hierro. Y no es así. Eso no hace que no puedan caer en depresión», agrega.

A todos los condicionantes que pueden favorecer una depresión, los futbolistas añaden alguno más. «Un factor nuevo es la sobreexposición mediática. Otro factor muy relevante es la rutina, una vida organizada, poco autónoma porque todo se lo hacen, los demás trabajan para ti. Además, es un trabajo físico, en el que te tienes que estar cuidando todo el día para estar bien físicamente te apetezca o no, para rendir», analiza Rovira.

«Ser deportista de alta competición es una profesión muy dura. No todo son medallas, hay mucho sufrimiento y mucho trabajo. A los deportistas no se les prepara para enfrentarse a la sociedad, a la presión mediática. No se les prepara para el fracaso o para momentos difíciles. Cuando todo va bien, todo va bien. Pero cuando todo va mal te hacen falta herramientas. Si no has aprendido a usarlas, hay personas que tienen rasgos más débiles y lo pueden pasar mal», advierte Jaenes.

A veces son precisamente los más reconocidos los que más sufren. «Llega un momento en que hay un punto de inflexión en que uno lo ha ganado todo y lo ha tenido todo y dice “y ahora qué”. Ahora hay que subir un peldaño más y ¿estoy preparado para eso?», cuenta José Carlos Jaenes. Y se traslada también al rendimiento deportivo. «Se desestabilizan, se vuelven inseguros. En esta situación la capacidad de atención y concentración baja mucho. Cometen errores que no cometían o toman decisiones que no tomarían».

Jacinto Elá fue elegido con 15 años el mejor futbolista del mundo de esa edad en la Copa Nike. Llegó a ser internacional en categorías inferiores con España y fue pionero en el «Erasmus» futbolístico. Con 19 años fichó por el Southampton y por un cúmulo de factores –entre los que no faltaron las lesiones– su carrera no fue lo que iba a ser y abandonó el fútbol con 26 años. Ahora se dedica a la docencia, escribe libros –tiene tres publicados– e intenta transmitir a los jóvenes sus experiencias.

«Cuando miro hacia atrás veo que he estado bordeando la depresión, pero luego hablo con compañeros y tienen la misma sensación. Te vas recluyendo, te vas metiendo en tu mundo y te ves limitadísimo», cuenta . «Pensamos que los futbolistas los únicos problemas que tienen son los del fútbol y tienen los mismos problemas con sus parejas, con sus familias, con sus cuentas y con todo», añade.

«El futbolista tiene que aprender que él no puede ser el responsable de la felicidad de nadie, de los que vienen a verle a él. Aunque esa cultura está extendida dentro del fútbol. El fútbol es un espectáculo, tiene sentimientos en medio, pero no hay que cargar con la felicidad de otros porque al final el aficionado acaba ejerciendo un chantaje emocional con el deportista», asegura Elá.

Por eso cree que es sano que el futbolista marque una línea de separación entre su vida profesional y su vida deportiva. «Ha terminado el partido, lo repasas un poquito y te olvidas. ¿Sabes la cantidad de horas que dedicas a pensar en jugadas en las que ya no puedes hacer nada? Te comes tanto la cabeza que el día de partido por la noche te cuesta dormir. No es que te estés torturando, es que necesitas hacer un análisis del partido. Necesitas repasarlo hasta que te calmas. Todos los jugadores dicen que les cuesta dormir por la noche después de un partido más o menos importante», argumenta.

Los futbolistas necesitan herramientas y el trabajo con psicólogos que muchos clubes hacen en la cantera puede ayudar. «La educación es poder. Todo lo que se pueda hacer desde la base hace más fácil la transición», dice Mar Rovira. «En la formación hay que trabajar el apartado mental con mucho cariño y mucha responsabilidad. Pero si se va integrando esta figura con normalidad cada vez están más acostumbrados y cuando estas generaciones –los que lleguen, que llegan pocos–, sean profesionales, será una figura con la que trabajarán sin ningún problema.Tú vas al gimnasio a fortalecer la musculatura y vienes conmigo a fortalecer la musculatura mental», dice.