Fútbol

El equipo que “inventó” Maradona

Maradona y Messi compiten en diferido por ser el mejor, pero la emoción que despierta Diego en Nápoles es inigualable

El 5 de julio de 1984, Diego Maradona (en la imagen) llegó a Nápoles como un fichaje estrella
El 5 de julio de 1984, Diego Maradona (en la imagen) llegó a Nápoles como un fichaje estrella

«Messi es el mejor del mundo, pero no le comparo con Maradona porque para nosotros los napolitanos Diego es sagrado. En este momento Messi es el mejor de todos», dice Lorenzo Insigne. Las palabras del capitán del Nápoles describen lo que significa Diego para la ciudad.

Es algo que va más allá del fútbol, es el orgullo del Sur que, por una vez podía competir en igualdad de condiciones con el poderoso norte. «Bienvenidos a Italia», decía la pancarta con la que los hinchas del Verona recibieron a Maradona en su primer partido en la Serie A. Y allí comenzó la guerra, porque Italia, para los del Norte, eran ellos, que tenían el dinero. Pero Nápoles tenía a Maradona.

Y Maradona era uno de los suyos. «Quiero convertirme en el ídolo de los pibes pobres de Nápoles, porque son como era yo cuando vivía en Buenos Aires», dijo Maradona cuando llegó a Italia. Lo cuenta en el libro «Yo soy el Diego», donde confiesa también que necesitaba un traspaso para salir del Barcelona porque las malas inversiones de su agente, Jorge Cyterszpiler, lo habían dejado en la ruina.

Nápoles salvó a Maradona y Diego salvó el orgullo de la ciudad. Era un perfecto matrimonio de conveniencia que no tardó en quererse de verdad con un amor excesivo para lo bueno y para lo malo. Maradona llegó a un equipo que había quedado un punto por encima del descenso el año anterior, duodécimo en una Liga de 16. En España su posición –aproximadamente porque la Liga era de 18 equipos–, la ocupó el Valladolid. Esa realidad Maradona sólo se preocupó de saberla después de haber firmado su contrato.

Partiendo desde ahí Diego se inventó un equipo campeón en sólo tres años sin demasiados refuerzos. Bertoni formó con él la pareja de extranjeros que sustituía a Ruud Krol y a Dirceu. Los fichajes más llamativos aparte de ellos dos eran un joven Salvatore Bagni que llegaba del Inter y Penzo, un veterano delantero suplente en la Juventus que acababa de ser campeona de Europa.

Diego se inventó un equipo campeón. Hasta su llegada el Nápoles sólo había conseguido dos Copas de Italia. Con él ganó dos Ligas y una Copa a la Juventus y al incipiente Milan de Berlusconi, además de una Copa de la UEFA. Algo que Maradona no podía imaginar cuando al final de la primera vuelta en su primer año con el Nápoles su equipo sumaba nueve puntos. «Y me fui para Buenos Aires a pasar las fiestas con una vergüenza que no puedo ni contar», reconoce Maradona.

Era el «10», pero también el director deportivo. «Compre tres o cuatro jugadores y venda a los que la gente silba. El termómetro suyo tiene que ser ése, cuando yo le doy una pelota a uno y lo silban, chau… Y si no, piense en venderme, porque yo, así, no me quedo», le dijo a Corrado Ferlaino, el presidente del Nápoles. Y el Nápoles comenzó a crecer.

Contra ese mito combate Messi, que es el mejor futbolista del mundo, pero sólo eso, un futbolista. Leo, sin embargo, ha conseguido en Barcelona lo que se le negó a Maradona. Ha ganado cuatro Ligas de Campeones y seis Balones de Oro, un premio por el que Diego no competía porque en su época estaba reservado para los futbolistas europeos. Messi es Maradona criado en Barcelona, sin ese pasado de amigos de barrio como el Cyterszpiler de Diego, al que acabó adoptando como mánager.

Omar Sívori, el precedente argentino de Maradona que jugó en la Juventus, recordaba su llegada a Turín en tren y la comparaba con la de Maradona, que tenía previsto aterrizar en el césped de San Paolo para su presentación. Es el espacio que separa el fútbol de los años 60 con el advenimiento del primer galáctico del fútbol.

En Argentina Leo tiene que competir con la sombra de Maradona porque no ganó un Mundial y porque lo consideran demasiado europeo; en Barcelona Maradona no puede competir con Messi. En Argentina sólo hay un «10» y sólo hay un «D10s». Es imposible competir con él en eso y en muchas otras cosas, simplemente porque Maradona lo hizo antes.

La identificación que logró Diego con Nápoles y el Nápoles es la que tiene Leo con el Barcelona. Es un ídolo indiscutible, aunque la ciudad no se ha convertido en un museo de Messi como sucede con el «10». Porque son lo mismo, pero diferente. Y lo que les diferencia, sobre todo, es la emoción. Messi tiene en contra la tecnología, los medios que permiten ver sus partidos todos los días y en todo el mundo y ha convertido en rutina lo sobrenatural. Maradona fue el primer genio visible para todo el planeta, pero muchas veces había que conformarse con los resúmenes para ver su última creación.

Pero ninguna tan grande como el Nápoles, el equipo que sólo él hizo competir contra los mejores. «¿Por qué me fui al Nápoles y no a la Juventus o al Milan? Porque sólo el Nápoles vino a por mí», cuenta Diego.