Real Madrid

Vinicius vuela y el Real Madrid gana al Barcelona (2-0)

El jugador brasileño se instaló ya para siempre en el equipo, realidad definitiva. Fue el mejor en el campo, el goleador, el hecho diferencial del equipo de Zidane

Real Madrid - Barcelona
Los jugadores del Real Madrid celebran el gol de Vinicius Jr. frente al BarcelonaJuanJo MartínEFE

Hay un rumor cada vez que Vinicius coge una pelota, hay una descarga de electricidad o una promesa de que la vida para el madridismo puede ser mejor, más divertida y más emocionante. El Real Madrid ganó al Barcelona, se puso líder y Vinicius se instaló ya para siempre en el equipo, realidad definitiva, el mejor en el campo, el goleador, el hecho diferencial del equipo de Zidane. Se agarraron a él el resto de sus compañeros y Vinicius se lo devolvió dejándose el alma en ataque y ayudando en defensa. Sufrió Semedo toda la noche e intentó auxiliarle Piqué, pero con Vini encendido, feliz como el niño que es con la pelota, da la impresión de que los rivales siempre llegan tarde. Lo suficiente como para darle un pisotón como le dio Artur en una jugada en el área en la que Mateu se desentendió o como le sucedió a Piqué, en el gol. Quiso tapar el pase y cuando rectificó ayudó a meter el balón en la portería.

Vinicius lideró a un Real Madrid con corazón, con fe y con fútbol, que redujo al Barcelona en la segunda mitad y desesperó a Messi. El argentino acabó con una amarilla tras una entrada a Casemiro. Repito: una entrada por detrás de Messi a Casemiro. Incapaz de sacar la pelota por la presión del Madrid, sin soluciones, el Barcelona perdió el liderato y cierta seguridad. Ahora sabe que el equipo de Zidane va, en serio, a por LaLiga y si muestra el mismo carácter todos los días va a estar muy cerca. El Barcelona desapareció en la segunda mitad, agobiado por el rival, sin el balón, con Messi auxiliando en el centro del campo y con Ter Stegen saliendo hasta la media luna del área en busca de un compañero desmarcado. Nada, imposible.

El portero empezaba una jugada y ésta terminaba tres pases después, antes de que la pelota siquiera alcanzase el centro del campo, con el Madrid hambriento y necesitado, el Madrid de las grandes citas y con un destino claro. Empujado por Casemiro, Valverde y la inteligencia táctica de Kroos; espoleado por la rabia de Carvajal, loco por quitarse la mancha del choque de Champions; con Marcelo como en sus mejores días, arriba demostrando su talento y atrás corriendo hasta no poder más para llegar a Messi y quitarle el balón en el último suspiro, con el Bernabéu sin respiración, la única vez que llegó el Barcelona. Con Courtois sosteniendo al equipo cuando, en la primera mitad, el Barcelona tuvo ocasiones; con Isco comprometido y eficaz y con Vinicius al mando de todo.

Hasta marco Mariano. El delantero que apenas ha jugado, que no contaba, que se coló en la convocatoria y que aprovechó el resquicio al final para dejar su huella esta temporada. Esos goles que marcan una Liga.

Porque tenía razón Quique Setién: se jugaba más el Real Madrid en el envite, tenía dos puntos de desventaja y sabían todos que cinco eran una losa. Pero no le pesó la responsabilidad a los de Zidane, al contrario, les espoleó, seguros de que los resultados habían sido peores que las sensaciones o el juego. Fue a por el partido con más ambición y más constancia que el rival, con mejor juego y mejor físico. Tenía que salir del bucle de malos marcadores, tenía que romper con la memoria que asociaba este final de febrero con el del año pasado. Tenía que ganar para sentirse dueño de su destino y lo hizo sin matices y con evidente superioridad.

Como no hay alineación sin sorpresa, Zidane apostó por Marcelo para el lateral izquierdo, cuando parecía que Mendy era su hombre para los partidos importantes. Se suponía porque el entrenador francés es indescifrable. Mendy le da seguridad, pero Marcelo más acierto en la llegada al área contraria. Con Vinicius delante de él, era una declaración de intenciones.

No engañó el Madrid: una vez más, todo el peligro llegó siempre por ese lado. En la primera parte, los pases de Vinicius no encontraron rematador; en la segunda decidió que resolvía él. Da la impresión de que se han acabado las vueltas de Zidane, las rotaciones y las probaturas y que ha encontrado el equipo titular. Si Marcelo continúa a este nivel, Mendy va a jugar para darle descanso.

El Barcelona, al principio, quería la pelota, bajar las revoluciones y tocar y tocar hasta que Messi encontrara un sitio detrás de Casemiro o Arturo Vidal sorprendiese con la llegada. El Real Madrid, en cambio, quería ritmo, intensidad, poner el partido a mil revoluciones para olvidar lo del City y meterse de lleno en LaLiga. El Madrid no tuvo prisa cuando el Barcelona, durante algunos minutos, protagonizó largas posesiones, a veces algo inanes, más horizontales que productivas, tuvo ocasiones, pero si su plan era ir haciéndose con el partido, se equivocó. El paso de los minutos le hizo bien a la pasión del Madrid, que fue entrando en calor y Vini empezó a volar.