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Roberto Solozábal recuerda el doblete del Atlético como “una conjunción de astros”

El antiguo capitán rojiblanco ha recordado los títulos en un vídeo grabado para el club

“Conjunción de astros, lo llamo yo”, dice Roberto Solozábal, el capitán del ‘doblete’ de 1995-96, para explicar todas las circunstancias que confluyeron en uno de los episodios más grandes de la historia del Atlético de Madrid hace 24 años, cuando encadenó, en la misma campaña y por primera y única vez hasta ahora, los títulos de la Liga y la Copa del Rey a las órdenes del entrenador serbio Radomir Antic.

“Es curioso que veníamos de dos años muy malos. Y ese año se juntaron los astros. Al final, cuando un equipo tiene éxito son muchos ladrillos los que forman los cimientos del equipo. Y se juntaron muchas cosas. Tuvimos suerte con las lesiones. Siempre hay que tener un tanto por ciento de suerte alto para poder conseguir el triunfo. Lo que pasa que hay que buscarlo”, expresó el exjugador y ahora presidente de las Leyendas del Atlético de Madrid en un vídeo publicado por los medios oficiales del club rojiblanco.

Casi siempre repetía el once inicial (Molina; Geli, Solozábal, Santi, Toni; Caminero, Vizcaíno, Pantic, Simeone; Kiko y Penev, fue la alineación tipo esa temporada de Radomir Antic), los suplentes que salían lo hacían a un nivel altísimo; gente joven que vino al equipo, cuando disputaban minutos, estaban al mismo nivel o más alto que los titulares... Conjunción de astros, lo llamo yo”, añadió Solozábal, que habló de la final de Copa del 96 en La Romareda.

“Lo primero” que le viene a la “memoria” de ese duelo contra el Barcelona, el 10 de abril de 1996, es su inquietud en el entrenamiento vespertino del día anterior en La Romareda. A la mañana siguiente ya estaba “súper tranquilo” y, como la final era por la noche, se fue junto a “Toni o Kiko, uno de los dos”, con los utileros (los hermanos Llarandi) “a colocar la ropa en el vestuario del equipo”. “Casi llegamos tarde a la charla técnica”, agregó.

Después, “todo se hace muy largo” en las finales. “Ya recuerdo tranquilidad, personalmente. Era un partido importante, veníamos de ir primeros en la Liga y el equipo tenía mucha confianza. Aunque jugáramos contra un Barcelona súper potente, estábamos convencidos de que nuestras posibilidades eran muy altas”, apuntó.

La “charla” de Radomir Antic fue “como todas”. “Aunque era un partido muy importante, el ‘míster’ tenía mucha confianza en el equipo, que venía de una línea súper positiva. Lo mismo que al final de esa temporada faltaron fuerzas, la final de Copa fue dos meses antes del final de la Liga. La charla que nos dio fue súper tranquilizadora y motivante, que el equipo estaba bien y teníamos opciones. Llegábamos muy bien preparados a la final”, rememoró.

Ya en el campo, Solozábal repasó como anécdota: “A mí sólo me han expulsado una vez en toda mi vida y fue en ese partido. Fue una doble amarilla, que puedo decir injusta. Pero recuerdo que me expulsaron faltando 15 minutos. Ya había metido el gol Pantic de cabeza. Recuerdo un partido disputado, que nadie tuvo un dominio absoluto y que nosotros tuvimos la fortuna de ganar”.

"El equipo en esa época jugábamos muy adelantados. Si estaba Geli centrando y Pantic rematando, yo estaría cerca del centro del campo vigilando a los delanteros del rival", recordó del 1-0 del centrocampista serbio, en el minuto 102 del choque.

"Fue lo contrario que todo el año. Solía centrar Pantic y metía gol otro y ese día centró Geli y metió gol Pantic, que no remataba nunca porque siempre estaba centrando", explicó.

"En el mundo del fútbol, mientras estés a un gol de distancia, todo puede ocurrir. Estaba todo por acabar. Ellos no habían tenido muchas ocasiones, pero estaba con muchos nervios. Al ser expulsado se me hicieron los minutos muy largos. No creo que me fuera al vestuario, asomaría la cabeza por ahí", añadió Solozábal.

Y terminó el choque. 1-0. El Atlético, campeón. “Las finales son éxtasis cuando las ganas. Una alegría inmensa. Es muy bonito ganar una final y además ante un gran equipo, como el Barcelona. Las victorias y las finales se hacen más grandes cuando el rival es un grande. Lo bonito de las finales es también tener luego días para celebrarlo, pero la Liga continuaba, el Valencia nos pisaba los talones y no tuvimos tiempo para celebrarlo. Mucha fiesta en el autobús, pero al día siguiente a entrenar y pensar en la Liga”, que redondeó un ‘doblete’ para la historia en 1996.