Barcelona - Atlético (2-2): Réquiem por el campeón, que deja escapar la Liga

Tres goles de penalti en un partido con mucho protagonismo arbitral

En una cosa tenía razón Piqué, sacada la intencionalidad arbitral de su frase tras el empate en Sevilla, descontextualizándola: «El Barcelona no va a ganar la Liga». Las matemáticas le dan opciones, pero todo queda pendiente de una doble caída inesperada del Real Madrid que pocos esperan. Tenía que ganar al Atlético, pero sólo empató, pese a ir mandando en el marcador dos veces. No supo hacerlo. Réquiem por el campeón.

A veces da la impresión de que Messi se aburre. Va a la presión en una jugada, pero después pasea, algo aislado con gesto apático. Y eso que tuvo un buen comienzo contra el Atlético, muy activo por la banda derecha junto a Semedo, y no se puede decir que el Barcelona estuviera jugando mal, con la sorpresa del cuarto centrocampista para sacrificar un delantero, que de nuevo fue Griezmann. Se queja Setién de que su equipo no logra concretar en ventaja los momentos de dominio. Ayer sí lo hizo en un autogol de Diego Costa tras el saque de un córner, pero no lo mantuvo ni unos minutos. Carrasco estaba siendo peligroso con sus carreras y una de ellas culminó en el penalti de Arturo Vidal, que suele entrar como una apisonadora: unas veces se lleva el balón, otras al rival, otras a ambos. No mide, y lo pagó. Tampoco se contuvo Ter Stegen bajo palos, se adelantó y su parada al tiro de Diego Costa no sirvió. El hispanobrasileño encadenó su segunda pifia y en la repetición los rojiblancos cambiaron de tirador. Saúl sí acertó.

Empezaba de nuevo un encuentro muy disputado, como casi todos los Barça-Atlético. Carrasco era el peligro, y al belga además le daba tiempo a trabajar en defensa. El duelo fue abierto, con más dominio del Barcelona, pero también a ratos de área a área. Riqui Puig era el que daba dinamismo a la pelota cuando la tenía el Barça, es el que más se mueve, el que más se ofrezca. Su juventud le obliga en un club que está entrado en años y lo nota. Los laterales eran eminentemente ofensivos y el equipo parecía bien colocado. Fue Messi quien más se acercó al segundo gol con un tiro en el que el esférico ni mucho menos mantuvo la distancia social con la escuadra. Se quedó a un pelo. Lo intentaba el Atlético más directo, pero con la sensación de que en cualquier balón Carrasco, Costa o Llorente podían tomarle la espalda a la defensa barcelonista.

Era un buen partido de fútbol, pero sobre todo para el Barcelona se trataba de ganar para no despedirse prácticamente de la Liga. El Atlético, tras haber vuelto del confinamiento fuerte y acelerar en busca de la tercera plaza, tiene como gran objetivo la Champions en agosto. Pero el Camp Nou siempre es una motivación.

La segunda ventaja del Barcelona tampoco le duró. Otra vez pronto encontró el gol en un penalti de esos en los que el jugador que ataca hace más por que lo derriben que el defensa y se va al suelo a la mínima. Hay contacto: sí. Suficiente para que lo tiren: no. Se puede pitar: sí, pero también no. Y no es jugada de VAR, así que otra acción para el debate, la enésima en esta reanudación de la Liga tras la pandemia, en la que los árbitros no parecen muy finos. Pero no tardó mucho Semedo en tropezar con Carrasco para el tercer penalti de la noche, sin querer, pero el lateral ni lo protestó, y el partido de nuevo se iba al empate.

Otra vez el conjunto azulgrana no supo jugar con el resultado a favor, matar el partido o al menos defenderse con la pelota, seguir atacando o conseguir al menos que no pase demasiado. Y la reacción posterior llegó, pero tampoco fue un ejemplo de fe. Sí se siguió moviendo Riqui Puig o Arturo Vidal, el que más cerca estuvo del empate. Pero le faltó algo de mala fe a Messi, apático otra vez, ni ganas tenía de enfadarse después de que en la primera parte su cabreo fuera notable. Se escapó el partido, se va la Liga. Y Griezmann entró en el minuto 90...