Real Madrid gana al Villarreal 2-1 y es campeón de Liga por 34ª vez

Dos goles de Benzema, uno de penalti, dieron el campeonato al equipo de Zidane. En el penalti, primero tiró Ramos y ¡se la pasó a Benzema!, que marcó. El árbitro lo anuló porque había entrado antes

Robo de Casemiro, jugada de Modric, gol de Benzema. Fue el primer gol, pero es un verso. El que define al Real Madrid post-coronavirus y post-Cristiano, el que ha recuperado el instinto, la ambición y ha vuelto a los títulos tras un año en el que no sintió sed. Volvió Zidane para recuperar la dirección perdida del equipo y después de varias vueltas y algunas dudas, después de un comienzo en el alambre y repleto de incertidumbre, ha terminado a toda máquina, más convencido que nunca de lo que hace. Ganando 30 puntos de 30, diez partidos consecutivos y da la impresión de que hubiese ganado lo que hiciera falta.

Porque pueden ponerse todas las excusas que se quieran, intentar de algún modo minimizar el éxito y buscar culpables, pero hay un dato irrefutable y demoledor para los rivales: si ganas todo, lo complicado sería no ganar LaLiga. Y en estos diez partidos después del confinamiento, el Real Madrid ha sido muy superior a cualquiera, ha ido descubriendo que era más fuerte de lo que pensaba mientras en el otro lado, en Barcelona, en cambio, iban dándose cuenta de que eran más frágiles de lo que suponían y que no les daba para aguantar la pequeña ventaja que tenían ni para después remontar.

¿Cómo se va a remontar, si el que va primero sólo gana y gana?

Algo cambió en la cabeza de los jugadores madridistas durante los largos días en casa. Zidane y Ramos se encargaron de mantener a toda la tropa convencida y después, cuando por fin se vieron en Valdebebas, se vieron físicamente mejor que antes. Y en el paso siguiente, cuando comenzó la competición, confirmaron que estaban mejor que antes y que el plan funcionaba. Había que ser firme atrás, que el resto, es decir, los goles para ganar los partidos, llegarían por su propio peso.

Sólo en Granada, con el marcador a favor se vio algo del equipo vacilante que había tenido días buenos y otros algo peores antes de que llegase esa primavera que el coronavirus nos cambió el pie. En el verano pasado, el Real Madrid era un equipo por hacer, a principio de temporada le costaba mucho gobernar los encuentros y tan pronto parecía que tenía un partido decidido como se metía en un lío, se dejaba marcar un gol o dos y seo ponía a temblar.

Entonces llegó Mallorca y el equipo tocó fondo. Las rotaciones de Zidane sirven para que descansen unos y para que otros se sientan partes del proyecto, pero también para marcar una frontera, para decidir quién puede ser útil y con quien es mejor no contar para el proyecto.

Zidane nunca perdió la compostura. No hay embajador mejor para el Madrid, entrenador que mantenga la calma siempre, que nunca diga una palabra que más, que no busque excusas para explicar los errores. Es verdad que casi nunca explica nada y que se agarra a su posible desconocimiento del idioma para no «desnudar» sus planes. Él siempre cree. O si no cree, no se le nota.

Después de Mallorca, el Madrid recuperó y apareció su mejor versión en enero, para jugar la Supercopa que ganó. Los datos en realidad son incontestables: es un equipo que ha competido siempre contra los mejores de LaLiga: no ha perdido contra los diez primeros. Cuando había que dar la cara, la dio.

Hubo un momento que parecía preparado para tener más ventaja en LaLiga, pero su dominio de las situaciones no se transformaba en goles y por tanto, no se reflejaba en la clasificación. Debió ganar en el Camp Nou y no debió sufrir tanto en Mestalla, pero no sacaba resultados a sus buenos minutos.

Y no dejaba atrás sus despistes. En Levante y esa derrota en el campo del Betis que le hizo empezar segundo cuando LaLiga regresó una vez que la pandemia había dejado atrás, de momento, sus datos más trágicos.

Ya no hubo dudas, no hubo pérdidas de tiempo. LaLiga iba rápida y el Madrid más. No estaba claro cómo iba a afectar la ausencia de público ni cómo iba a agotar la falta de descanso. Tuvo duelos duros y los superó el Real Madrid.

«¿Para qué sirve la sed?», se preguntó Machado.

Para ganar Ligas.