Vuelta a Burgos. El ciclismo ha vuelto con mascarilla

Los ciclistas no pueden firmar autógrafos y la presencia del público es limitada y siempre respetando las medidas sanitarias

Félix Grossschartner, el ganador de la primera etapa, subió al podio con mascarilla y se limpió las manos con gel hidroalcohólico antes de recibir el premio que habían dejado en una mesa para que él lo recogiera, aunque por un error de protocolo le entregaron directamente. Es la nueva normalidad del ciclismo, en la que tampoco falta la toma de temperatura.

La Vuelta a Burgos acostumbraba a ser un ensayo para la Vuelta a España, el lugar en el que descubrir a nuevos escaladores en el Picón Blanco o en las Lagunas de Neila, como sucedió en su momento con Mikel Landa o más recientemente con Iván Ramiro Sosa. Ahora se ha convertido en un ensayo para comprobar si el ciclismo es capaz de detener al Covid-19, si el protocolo funciona para ponerlo en marcha en el Tour y en lo que pueda venir después. El ciclismo metido en una burbuja.

Se admite al público, pero con aforo limitado en la salida y en la meta. Agentes de seguridad comprueban con un contador si se ha alcanzado el límite de concentración permitido. Los aficionados deberán llevar mascarilla y respetar la distancia de seguridad de metro y medio, aunque la organización ya ha recomendado que vean la carrera por televisión.

La burbuja protege todos los rincones desde que los equipos se encuentran en el hotel. Después, en el control de firmas, hay que respetar los horarios asignados, evitar el contacto con los corredores de otros equipos, jueces o personal de la organización y esperar la llamada para subir a firmar. Al terminar, los ciclistas deben desinfectarse las manos con gel hidroalcohólico.

Se han acabado tradiciones como la firma de autógrafos, prohibida por el protocolo, o el obsequio de bidones. También está prohibido desprenderse de las botella y de los restos del avituallamiento en carrera fuera de las ecozonas, los lugares específicamente preparados para el reciclaje de todos esos elementos por la organización.

Las precauciones incluyen también a los vehículos oficiales de la organización. Los ocupantes deberán ser siempre los mismos y llevarán siempre mascarilla dentro del vehículo. Los coches serán desinfectados al final de cada jornada.

El ciclismo ensaya lo que ya ha practicado el fútbol con relativo éxito. En Alemania se terminó la Liga sin sobresaltos, igual que en Inglaterra. En España todo se desarrollaba con normalidad hasta que llegó la última jornada de Segunda División y empezaron a brotar los positivos en el Fuenlabrada.

Para el ciclismo en carrera puede ser más sencillo porque la burbuja es permanente y los ciclistas «vivirán» aislados de cualquier contacto con el exterior que no sea estrictamente necesario.

El protocolo establece también la manera de proceder en caso de que haya un positivo. Si un ciclista resultara infectado debería ponerlo inmediatamente en conocimiento del médico de la organización para su traslado a un centro de referencia.

La prudencia ya hizo que el Israel comenzara la carrera con un corredor menos, Itamar Einhorn, que había estado en contacto con otro corredor del equipo que ha dado positivo, Omer Goldstein. Goldstein no estaba seleccionado para Burgos, pero se encuentra asintomático y en cuarentena. Por precaución, Einhorn no tomó la salida y se ha sometido a pruebas para conocer su situación.

«Hay miedo al contagio, pero las ganas de correr pueden con ello», asegura Mikel Landa, una de las estrellas presentes en la carrera. El alavés del Bahrain reconoce que le está costando adaptarse «a la nueva normativa». «Los protocolos son buenos y hay mucha seguridad, pero es un poco más incómodo de lo normal», asegura David de la Cruz, del Emirates.

El protocolo también afecta a la Prensa y al contacto con los corredores. Las declaraciones son facilitadas por la organización, que cuenta con el apoyo de Unipublic, la empresa organizadora de la Vuelta a España. Laura Cueto, la jefa de prensa de la carrera española, se ocupa de gestionar el servicio de atención a los medios y otros miembros de la organización de la Vuelta colaboran también con la organización de Burgos para que la carrera salga adelante.

El ensayo también sirve para que la Vuelta compruebe de primera mano cómo pueden convivir la pandemia y el ciclismo sin llegar a cruzarse durante la carrera. La Vuelta tendría que comenzar dentro de poco más de dos semanas si se hubieran podido cumplir las fechas originales. Ahora, en una versión mínimamente reducida de 18 etapas, tiene previsto disputarse entre el 20 de octubre y el 8 de noviembre.

Incluso el control antidopaje ha tenido que adaptarse a la nueva realidad. El itinerario está marcado en el suelo y se debe respetar la distancia de seguridad entre los ciclistas, los chaperones –los vigilantes que conducen a los corredores hasta el control– y el personal del control antidopaje. Si es en el hotel debe hacerser en una jabitación ventilada y espaciosa. Todo es diferente para que el ciclismo pueda ser el mismo de antes.