La maldición de Adama Traoré

Es la segunda llamada de la selección a la que no puede acudir y aún no ha podido debutar. Ahora, por culpa del Covid-19

Adama Traoré (Hospitalet, 1996) es un jugador de cantera en la Roja. Ha pasado por todas las divisiones inferiores, desde la sub’16. Sólo le queda dar el paso en la absoluta, pero parece imposible para él. Robert Moreno lo llamó para sustituir a Rodrigo en la que sería su última convocatoria como seleccionador, pero una lesión le impidió incluso concentrarse en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.

Ahora Luis Enrique ha vuelto a confiar en el jugador del Wolverhampton, pero un positivo por Covid-19, no confirmado, lo ha dejado en Inglaterra sin poder incorporarse, otra vez, a la convocatoria de la Roja. Es el segundo positivo que le «roba» un jugador al seleccionador, después de Oyarzabal. Luis Enrique llamó a Gerard Moreno para sustituir al capitán de la Real Sociedad, pero no habrá suplente para Adama. El seleccionador destacaba su capacidad de desborde al anunciar su convocatoria. «Probablemente sea el jugador de Europa con mejor desborde, ha mejorado su capacidad para centrar. Es un diamante, tiene ganas», aseguraba el preparador asturiano.

Luis Enrique lo conoce de su época como entrenador del Barcelona. Adama jugaba en el filial, aunque el «Tata» Martino ya lo había hecho debutar en el primer equipo con sólo 17 años. Tenía muchas cualidades, físicas y técnicas, las mismas que le convirtieron en un fijo en las convocatorias de las selecciones inferiores. Pero en el cuerpo técnico de Las Rozas en aquella época confiaban menos en su cabeza que en sus piernas.

El paso por Inglaterra parece haberlo hecho madurar, es un jugador más centrado y ha crecido también dentro del campo. «Tenía un gran potencial, pero también bastantes cosas por pulir y en estas dos últimas temporadas en Inglaterra hemos visto una evolución», explicaba Luis Enrique cuando lo convocó. «Hemos visto muchas cosas, antes las hacía sólo con el balón, ahora las hace cuando el balón está en el lado contrario», asegura.

Pero todos esos cambios son menos evidentes que la evolución física que ha experimentado el jugador catalán. El adolescente «tirillas» que regateaba por la banda en los campos de La Masia o de Las Rozas se ha convertido en una mole de 1,78 y 92 kilos. Pura potencia, una pesadilla para cualquier lateral.

«Es el jugador más rápido que conozco. Es muy complicado de defender a 50 metros de la portería», reconocía Julen Lopetegui después de enfrentarse a él en los cuartos de final de la Liga Europa. El entrenador del Sevilla lo sufrió desde el comienzo del partido, cuando una carrera del delantero español obligó a Diego Carlos a derribarlo y a conceder un penalti que el Wolverhampton no aprovechó.

Adama se embadurna el cuerpo con aceite de bebé para resultar más difícil de detener para los defensas, pero su principal arma es la velocidad, esos 36 km/hora que es capaz de alcanzar en carrera.

Pero su debut con la Roja todavía tendrá esperar. Adama había perdido ya la esperanza cuando en 2015 abandonó el Barcelona para jugar en el Aston Villa. Con 24 años ha renacido en el Wolverhampton y la selección lo espera. Aunque aún podría reclamarlo Malí, la tierra de sus padres.