Pogacar no se rinde

El esloveno fue el más valiente de los favoritos en el Peyresourde para recuperar parte del terreno perdido. Peters gana la etapa

A Tadej Pogacar no le sobra la paciencia. Tiene sólo 21 años y mucha prisa por llegar a lo más alto. El año pasado subió al podio en la Vuelta, pero no quiere frenar. Y el terreno perdido en la etapa del viernes por culpa del viento era una motivación salvaje para él. Después de quedarse cortado entró en meta impulsado por la rabia. Y esa rabia no le abandona en carrera.

Estaba a casi minuto y medio del líder al comienzo de la etapa, un desafío enorme para él, empeñado en reducir esa distancia cuanto antes. El viernes cometió un error, pero quizá es él el más preparado para corregirlo. En un Tour marcado por la prudencia, él se atreve. Siempre. Por eso fue el primero y el único en desafiar el orden establecido por Jumbo Visma, empeñado en controlar la carrera en los momentos decisivos. Pogacar no quiere esperar. Atacó en las rampas del Peyresourde, el primer puerto realmente duro que se sube en el Tour este año.

Pogacar recortó cuarenta segundos en la meta. Pero lo mejor para él es la sensación de fortaleza que dejó sobre sus rivales. El Jumbo perdió a Sepp Kuus, quizá su mejor escalador puro, demasiado pronto. Es el hombre destinado a acompañar a Roglic hasta el último momento, pero no pudo soportar el ritmo. Tampoco Bennett pareció pasar por su mejor momento. Roglic tuvo que recurrir demasiado pronto a la ayuda de Tom Dumoulin y no pudo aprovechar la aparente debilidad de Egan Bernal, que no está para regalar nada, muy lejos de su nivel del año pasado.

Pogacar recupera y Mikel Landa no pierde. El alavés mostró algún signo de debilidad en las primeras rampas del Peyresourde. Nada grave. «Hay corredores más explosivos que sacan diferencia al principio, pero había terreno para recuperar», reconocía el corredor del Bahrain. Landa mira a largo plazo, sin prisa, esperando el momento oportuno y confiando en que su facilidad en los ascensos le permita acercarse al podio.

«Confirmamos las sensaciones que teníamos», asegura Mikel. Mantiene la sensación de que es capaz de estar con los mejores, de que la pérdida del viernes es un error. «Un error que pagamos caro», asume.

La necesidad que tienen Landa y Pogacar de recuperar pueder servir para animar la carrera. A Pinot, a lo mejor, no le da tiempo. El francés fue una de las víctimas de las numerosas caídas que sufrió el pelotón en la primera etapa. Y en la jornada de ayer perdió casi media hora.

Sus objetivos ahora, como reconoce el mánager de su equipo, Marc Madiot, son otros: «quizá ganar alguna etapa o el jersey de la montaña». Confía en la jornada de descanso para comenzar a recuperar. Las esperanzas francesas cargan ahora sobre las espaldas de Guillaume Martin, siempre con los mejores.

Como Nairo Quintana, en su versión más valiente en mucho tiempo, liberado de las ataduras del Movistar y del complicado juego a varias bandas del equipo telefónico en el Tour.

Pero la victoria quedaba lejos para todos ellos. Estaba reservada para los hombres de la fuga, que llegaron con más de 11 minutos de ventaja al pie del Peyresourde. Zakarin, el más ilustre de los fugados, parecía destinado al triunfo, pero Peters fue el mejor. Se marcharon los dos juntos después de abandonar a sus compañeros de aventura. Peters castigó a Zakarin en el puerto de Balés, lo perdió de vista y le hizo exprimirse bajando. El ruso estaba liquidado cuando comenzó el último ascenso.

Zakarin se hundió y se vio superado por Skujins y por Carlos Verona, tercero en la etapa, que estuvo más cerca que nunca de un triunfo en una grande. Pero cuando entró en meta a Peters ya le había dado tiempo a disfrutar de su victoria.