Nuevo Bernabéu: el Macondo del madridismo

Uno de los días que los aficionados al fútbol no olvidan es aquel en el que su padre, su abuelo, su tío o su padrino, les llevó a conocer el estadio del equipo de su corazón. Con esa persona que te descubre por primera vez el origen de una pasión se crea un vínculo especial, porque él o ella, y no otro, te mostró el olor del césped mezclado con el vértigo que produce esa primera vez en la que las escaleras del vomitorio se acaban y aparece el mar verde coronado con sillas azules.

Desde ese momento, el estadio se convierte en un Macondo para cada hincha, un lugar mágico al que uno acude a soñar, disfrutar o sufrir, sabiendo que allí pueden suceder cosas increíbles. La sensación es la de estar en casa y quizá por eso resulta tan complicado y distinto ir cuando quien te lo enseñó ya no puede acompañarte porque se ha ido.

El Santiago Bernabéu se prepara ahora para el futuro rodeado de grúas gigantes, que construyen un techo retráctil de última generación y una fachada eficiente que cambiará de color y convertirá la luz del sol en calefacción sostenible. El fútbol no es el mismo que cuando se levantó la primera piedra en Concha Espina 1 y el Paseo de la Castellana avanzaba pelado de edificios hacia Plaza de Castilla.

Como tampoco la tecnología de las botas de tacos de Alfredo Di Stéfano es la misma que ha creado las que ahora calzan Sergio Ramos o Benzema. Hay que adaptarse al avance de los tiempos y convertir el estadio en un edificio inteligente que multiplique los ingresos y la experiencia del socio. Eso sí, todo en torno a ese rectángulo verde que huele como siempre, por mucho que pase el tiempo.