Diego Martínez, un chamán en Granada: de cuento chino a cuento de hadas

El Granada se convertirá mañana en el vigésimo noveno equipo español en disputar una competición europea. Se mide al Teuta albanés en la Europa League

El Granada Club de Fútbol se convertirá este jueves (16:00, en el campo del Teuta albanés) en el vigésimo noveno equipo español, y cuarto andaluz, en disputar un partido de competición europea. Parafraseando a Neil Armstrong, el duelo frente al modesto campeón de copa del país de las águilas es un pequeño paso futbolístico, pero un gran salto en la historia de un club que festeja esta temporada, allá por abril, el nonagésimo aniversario de su fundación. El optimismo por la presumible debilidad del rival, empero, viaja barnizado de cautela porque la pandemia ha reducido este año a un partido las tres eliminatorias previas que el séptimo de la Liga debe superar para llegar hasta la fase de grupos de la Europa League. Queda, o sea, terminantemente prohibido tropezar.

No han sido sencillos, ni lo que se dice gloriosos, los noventa años de existencia de un club revitalizado en el último lustro por la chequera del grupo inversor de Wuhan ("lagarto, lagarto”, dirán los gitanos del Sacromonte) que se adueñó del Granada en 2016. Anteayer mismo, por sorpresa, la empresa Daxian 2009 anunciaba la proclamación como presidente de Yi Rentao en sustitución de Jiang Lizhang: nada que asuste a una afición fiel pese a que el mayor logro de la historia siguen siendo la lejanísima final de Copa perdida en 1959 contra el Barcelona y que este mismo siglo, en 2003, padeció un descenso administrativo a Tercera, el inicio de cuatro años de travesía por las catacumbas del fútbol amateur que terminaron con el ascenso a Segunda B de 2006. El hincha siempre es reticente cuando desembarca en su equipo capital extranjero, pero es que en Los Cármenes se ha vivido a menudo en el fondo del pozo sin necesidad de que los culpables llegasen de allende las fronteras.

El actual Granada es definido con frecuencia como un equipo de autor, una obra con la firma de Diego Martínez, el entrenador que parecía predestinado a llevar a los blanquirrojos a Europa por primera vez. Vigués ejerciente de gallego, el técnico al que apodan “Chamán” y sin pasado como futbolista de élite se licenció en INEF por la Universidad de Granada, de donde es su esposa. Cuando en 2009, antes de cumplir los treinta, Monchi lo reclutó para el Sevilla (¡el rey de la Europa League!) se empezaba a escribir su cuento de hadas. Unai Emery lo incorporó al cuerpo técnico que se proclamó campeón continental en Turín contra el Benfica en 2014 y ese verano saltó al banquillo del filial sevillista, al que ascendió a Segunda.

Después de rozar el ascenso con Osasuna en la temporada 17/18, los inversores asiáticos lo hacen regresar a Granada, donde ha explotado como entrenador de primer nivel a punto de cumplir los cuarenta. El resto es historia. Un ascenso sin temblar durante todo el larguísimo maratón de la Segunda, 42 jornadas sólo aptas para hombres de pelo en pecho, y una clasificación europea arrancada tras el confinamiento en las narices de rivales tan peliagudos como el coriáceo Getafe o el laureado Valencia, a pesar de que la temporada quedó marcada por el trauma de haber perdido la semifinal de Copa en los últimos minutos del doble enfrentamiento contra el Athletic Club, ante el que había logrado remontar en Los Cármenes. El sábado, en la primera jornada, un sumario 2-0 consumó una suerte de revancha contra los bilbaínos en lo que fue el primer partido de un septiembre loco que debe acabar con el Granada de lleno en un torneo continental.