Schwartzman gana a Thiem un partido épico y agotador y espera a Nadal en semifinales

Nervios, opciones y calidad de los dos tenistas durante las 5 horas y ocho minutos de duración. El argentino venció por 7-6 (7/1), 5-7, 6-7 (6/8), 7-6 (7/5) y 6-2

El tenis o el deporte de las oportunidades. Ante los grandes jugadores no hay que dejar escapar. Una lección del partido de cuartos que se vivió en la Philippe Chatrier. La otra es la de no rendirse hasta el final. Schwartzman sintió las dos y terminó victorioso en el mejor partido en lo que llevamos de torneo: épico, agotador, con calidad, con buenos golpes, con nervios... 7-6 (7/1), 5-7, 6-7 (6/8), 7-6 (7/5) y 6-2 para el argentino ante Thiem, uno de los favoritos, finalista de las dos últimas ediciones.

Opciones tuvo muchas Schwartzman al principio ante rival que estaba desesperado: incómodo por el viento, cansado físicamente o saturado de tenis o una mezcla de todo, pero al ganador del US Open casi nada le funcionaba. Pese a llegar a ir con break de ventaja en los dos primeros parciales, las sensaciones eran otras, de dominio del argentino, que se terminó llevando el primer set tras un gran tie break. El partido pudo ser más rápido de lo que terminó siendo ya que con 5-4 para Schwartzman en la segunda manga Thiem colapsó. Sacaba el austriaco, pero empezó a hacer dejadas de forma incomprensible. Hasta cuatro seguidas en los cuatro primeros puntos. Largas, malas. Eran “regalos”, parecía que no quería pelear más Thiem, pero el pequeño suramericano no lo aprovechó con fallos desconcertantes. No hizo un juego más en ese set. Los nervios cambiaron de bando y Schwartzman comenzó a hablar con su banquillo diciendo que no entendía nada. No sería la primera vez. Porque en el tercer parcial tuvo el argentino 5-4 y saque y lo perdió en blanco. Otra oportunidad perdida, y la charla con su banquillo ya era subida de tono: “Estoy desquiciado. No me digas ‘vamos’, dime algo que me ayude a ganar”, le comentaba a su entrenador Chela con un clarísimo enfado. Thiem recuperó terreno, pero cuando se puso con break de ventaja y su saque tampoco supo cerrar y tuvo que hacerlo en un tie break en el que cambió su forma de jugar. Empezó a pegarle más duro con la derecha, cuando durante el resto del encuentro había estado acorralado en la zona del revés, sin atreverse a invertirse y abusando del cortado, que no hacía mucho daño a Schwartzman. Había intercambios eternos de revés a revés, un desgaste descomunal.

Se puso por delante el número tres del mundo y comenzó el cuarto set con una rotura, pero no estaba el día para que se marchara en el marcador. Tampoco se rindió el “Peque”, pura garra, y ahí estuvo su mérito. La batalla continuó. De 2-0 arriba pasó Thiem a 2-4 abajo. Y a 4-5 después y 40-0 para el argentino. Ahora sí... Pues tampoco. Tres oportunidades de set al limbo, pero esta vez el austriaco, sin mucho que perder, hizo un milagro. La primera dejada, vale, puede pasar, pero el punto con el que logró el 40-40 fue una locura, cerrado con una derecha en carrera después de haber ido de un lado a otro. La cara de Schwartzman lo decía todo. A seguir.

Contrariamente a lo que dice la lógica, cuando más cansados estaban es cuando mejor jugaron. Thiem se olvidó del revés cortado como hábito y empezó a romper la bola. El tramo final del encuentro fue espectacular, con el austriaco apretando con todo y tirando una bomba tras otra. En el tie break del cuarto set otra vez pareció suyo el encuentro, pero enfrente había un rival dispuesto a dejarse la vida. Llegar a la final de Roma venciendo a Nadal ha sido un golpe de moral para él. Forzó el quinto set y ahí sí la resistencia del finalista de las dos últimas ediciones llegó a su fin. Sus piernas ya no iban. Thiem lo intentó a cañonazos y Schwartzman fue sobrado de valentía con las subidas a la red y haciéndolo todo perfecto: defensa, ataque, dejadas, voleas... Menudo jugadorazo, qué calidad y qué mano tiene, con el mérito de que juega prácticamente sin servicio porque con sus 170 centímetros le cuesta hacer daño con ese primer golpe. Todo son puntos disputados, pero es inteligente y se adelanta muy bien a la bola para impactarla en el momento justo. Cuando se puso por delante ya no dejó escapar la ventaja. No tembló esta vez. El último punto lo regaló Thiem con un golpe a la red. Ya no podía más.