El Mundial de Abraham Olano cumple 25 años

El oro de Duitama fue el primero en ruta para el ciclismo español. Indurain, que había ganado la contrarreloj unos días antes trabajó para contener a los rivales y se llevó la plata

Miguel Indurain levantó el brazo al cruzar la línea de meta como si hubiera ganado la carrera. Acababa de superar a Marco Pantani en la llegada del Mundial de ciclismo de Duitama, en Colombia, uno de los más duros de la historia. Pero 35 segundos antes había cruzado la meta Abraham Olano, el primer campeón del mundo español en ruta.

Hasta 1995 España aún no sabía lo que era tener un campeón del mundo de ciclismo y en apenas cuatro días consiguió dos oros y dos platas que se intercambiaron Miguel y Abraham. Indurain ganó la contrarreloj con Olano, segundo. En la ruta Abraham llegó por delante, pero parte de ese oro era también de Miguel.

Indurain era en aquella época el gran dominador del ciclismo mundial. Llegaba a Colombia después de ganar su quinto Tour y un año después de superar el récord de la hora, a lo que sumaba dos Giros. Era el más perseguido, el hombre al que todo el mundo vigilaba. Y de eso se aprovechó Olano.

Cuando todos miraban a Miguel, atacó Abraham. Y la aventura ya no tuvo fin hasta colgarse el oro bajo la lluvia de Duitama. Había sido un día infernal en el que los ciclistas no pudieron librarse del agua en ningún momento. Las dificultades meteorológicas unidas a la exigencia del recorrido, de 265 kilómetros y más de 5.000 metros de desnivel, hicieron una selección terrible en el pelotón. De los 98 corredores que tomaron la salida, sólo terminaron 20.

La dureza del Mundial hizo que muchos corredores, en una época en que el ciclismo comenzaba a globalizarse pero seguía teniendo su centro en Europa, se ahorraran el viaje. Pero podía haber sido peor. La UCI rechazó el recorrido inicial, que planteaba el ascenso del Cogollo por el lado más duro. La gran dificultad montañosa de aquel Mundial era esta subida de cuatro kilómetros y con una pendiente máxima del 13 por ciento. Los ciclistas se ahorraron el 20 por ciento de desnivel que hubieran tenido que afrontar en algunos tramos por el otro lado.

Con Olano disparado camino de la meta, Indurain se dedicó a hacer de freno. Todos estaban pendientes de él y no querían trabajar de más para que los rematara en el final. Olano, en soledad, pedaleaba contra el recorrido y las inclemencias del tiempo, pero también contra el infortunio. Tuvo que recorrer los últimos metros con una rueda pinchada. Pero sabía que no podía detenerse. “Después de la última curva he sentido el pinchazo y he pensado ‘ahora no paro yo aunque me paguen’”, confesaba después de la carrera al enviado especial de Televisión Española, el añorado Pedro González.

Abraham se la jugó y ganó. “Estoy contento, pero tengo que agradecerle a Miguel, ya que había muchos corredores que lo estaban vigilando a él y he aprovechado esas circunstancias para poder atacar y sacar una diferencia suficiente para llegar a meta", reconocía.

Miguel también había pinchado antes del ataque de Abraham. La carrera ya estaba en el tramo decisivo y él se deslizó disimuladamente hasta el final del grupo para ganar unos segundos hasta que sus rivales se dieran cuenta de su ausencia. “Teníamos varios compañeros que estaban bien y a mí me vigilaban mucho. Encima he pinchado y he tenido que hacer un esfuerzo importante para empalmar. Cuando he empalmado he atacado. No se lo esperaban y cuando me han cogido lo que teníamos que hacer era controlar la carrera. Pantani nos lo ha puesto muy difícil”, le reconocía Indurain a Pedro González.

Sabía que aquel oro podía haber sido suyo, pero no se lamentaba y lo celebró como si lo fuera. “Abraham tenía que estar ahí pagar”, decía sin querer dar demasiada importancia a su generosidad. “Podía haber luchado con él pero no interesaba. Lo que interesaba era que trabajaran otros”, aseguraba. Y así, Olano ganó el primer Mundial para España.