Djokovic sufre, pero vence a Tsitsipas y la gran final de Roland Garros contra Nadal está servida

El número uno ganó los dos primeros sets y tuvo pelota de partido con su saque, pero reaccionó el griego y le hizo pasar un mal rato (6-3, 6-2, 5-7, 4-6 y 6-1)

Con 6-3 y 6-2 en los dos primeros sets para Djokovic ante Tsitsipas podría decirse que estaba siendo un partido sin historia para el número uno del mundo, pero había mucho que contar, y lo que quedaba. Eso sí, el serbio terminó ganando (6-3, 6-2, 5-7, 4-6 y 6-1) y ya está en la final de Roland Garros para el gran desafío de intentar vencer a Rafa Nadal en su torneo y su pista preferidas. Lo que había que explicar sobre todo era el quiero y no puedo del griego. El tener opciones, el generarte oportunidades, pero no lograr rematarlas. Comenzó el duelo con un 0-40 para el tenista de la melena rubia, pero no logró el break y cuando quiso darse cuenta ya iba 2-0 en ese parcial. La primera que tuvo Nole, a la cazuela. También dispuso de opciones de rotura en el segundo set Tsitsipas y al comienzo del tercero. Estaba siempre de cara al partido, pero en ese último momento no daba el paso o no se lo dejaban dar. Porque quien estaba enfrente es el líder del tenis mundial en este momento, el invicto en 2020 salvo por el incidente del US Open y el pelotazo a la juez de línea, por el que fue descalificado. Es lo único que aparece como derrota en su currículum de este extraño año en el que la competición ha estado cinco meses parada. A más exigencia, un mejor Djokovic se veía, ya sin problemas, aparentemente, en el cuello, después del show que montó en cuartos de final ante Pablo Carreño. El tenista serbio está eléctrico en París con un golpe de derecha muy afinado, lo que une a su siempre fiable revés. Dicen que las condiciones de este curso le favorecen a él más que a nadie, pero lo cierto es que Roland Garros es el reino de Nadal, donde sólo ha perdido dos veces en 16 participaciones. Una de ellas fue ante Nole, aunque el cara a cara entre ellos en el Grand Slam de París es de 6-1 para el español (aquí se puede ver cómo fueron todos esos partidos).

Al comienzo del tercer parcial, Tsitsipas desperdició otra posibilidad de rotura. Sus números reflejan un cero de ocho, mientras el serbio aprovechó casi todo lo que tuvo (3 de 4 en ese momento). La rotura del heleno llegó en el último instante, cuando estaba contra las cuerdas y su rival sacaba para el partido con 5-4 e incluso tuvo una pelota definitiva. Se soltó y tiró más duro con su derecha para encontrar el premio del set con la segunda rotura. Se lo merecía. Disputó un gran encuentro y por un momento pensó que podía decir mucho más, incluso dar la sorpresa. Arrancó la cuarta manga con un 2-0 a favor, amenazante, pero su oponente de nuevo creció ante la adversidad y recuperó pronto la desventaja. Se vivió entonces un tenis de muchos quilates. La agresividad del griego y su descaro, su facilidad para jugar y los contrapiés que pillaban al serbio, al que llegó a desesperar con el cambio de papeles: desde el 2-2 de esta manga recuperó ocho bolas de ruptura seguidas en sus tres siguientes turnos de saque. El mundo al revés. Consiguió ponerlo nervioso y lo convirtió en humano. Dudó por fin. Pero incluso con eso no le dio ante un tenista que cuando se pone en plan competitivo es una roca. El capítulo de las bolas de break desaprovechadas por el número uno tuvo un capítulo más el primer juego del quinto set, con una más, y al tercero, con otro. Pero por fin lo consiguió con una dejada, recurso que manejó a la perfección ante un rival al que le costó correr hacia delante. Se podía esperar un grito de Djokovic, de liberación. Pero ni lo celebró. Estaba concentrado, a la hora de la verdad no era el momento de montar el espectáculo y sí de jugar. Mostró fisuras por primera vez Djokovic, pero también capacidad para salir de ahí. Nadal también ha respondido a la exigencia. Espera una batalla tremenda.