España aprovecha el regalo de Suiza (1-0) y sigue líder en la Liga de las Naciones

Oyarzabal marcó el único tanto de una selección a la que le sigue faltando pegada. Paradón de De Gea con 0-0

España tiene varias caras y contra Suiza enseñó una que no se le había visto hasta ahora. La Roja está acostumbrada a dominar y a encontrar las ocasiones a través de la asociación de sus jugadores. Pero no había manera contra la solidez del equipo, con sus cinco defensas y sus tres centrocampistas. Apenas quedaban espacios, ni por dentro ni por fuera, ni para las combinaciones de los extremos, Ansu Fati y Ferran Torres con Oyarzabal, que ejercía de falso nueve, por el interior, ni para las entradas de los laterales por las bandas.

Luis Enrique entendió pronto que el camino era robarla y no tenerla e insistía a sus jugadores desde el banquillo en la presión. «Bravo, Dani», le gritaba a Dani Olmo después de provocar una pérdida de balón de los suizos por su presión. Y se dejaba la garganta gritando a Ferrán Torres para que bajara a ayudar. Y lo mismo sucedía con Ansu Fati.

Y así encontró España el gol, gracias a la presión y a la tensión defensiva. Un resbalón de Xhaka, el capitán suizo, le abrió el camino. Sommer, el portero, arriesgó para sacar la pelota jugada y se la quiso entregar a su compañero dentro del área. Mikel Merino aprovechó la caída para robar la pelota y regalar el gol a Oyarzabal.

Suiza también jugaba a presionar, a no dejar jugar a España y a complicarle la salida desde atrás. Y también tuvo su ocasión en un disparo de Lois Benito, el lateral izquierdo de origen españo, pero De Gea alargó la mano para despejarla junto al poste.

España lo buscaba, pero le costaba encontrar a Ansu Fati en el lado izquierdo. Lo hizo en la jugada anterior, en la que Ansu reclamó penalti por una caída en el área. No lo hubo, pero llegó el gol en la jugada siguiente.

A Luis Enrique le faltaba algo en el juego de España y buscó la velocidad de Adama Traoré en la segunda mitad. Visto que Ansu no podía con el entramado suizo, la opción era el jugador del Wolverhampton. Adama aceleró el ataque de España y a Suiza ya no le quedó otro remedio que vivir encerrada en su campo.

Con Ansu se marchó Dani Olmo, al que Luis Enrique situó como interior en el centro del campo junto a Merino y Busquets. Tuvo que esforzarse en esa labor de desgaste en defensa que el seleccionador agradecía. «Eso es, Dani, eso es», se le escuchaba decir desde el banquillo. Entró Canales en su lugar para asegurar el dominio de la pelota, ya que Suiza se había olvidado de ir a buscar a España en la salida de balón y se conformaba con resistir al borde de su área.

A los suizos les gusta sacar la pelota desde atrás –y eso les castigó–, pero tenían que renunciar a sus principios para lanzar pelotazos en busca de Seferovic. Ahí esperaba Sergio Ramos, siempre preparado para robar la pelota y marcharse hacia arriba en busca del segundo gol.

Luis Enrique se abrigó en la segunda mitad, pero no descansó la voz. Seguía gritando constantemente a sus jugadores, pidiéndoles que no rebajaran la tensión mientras él buscaba soluciones para generar agujeros en la defensa suiza.

Entró Gerard Moreno, para que hubiera una referencia más clara en el área, en lugar de Oyarzabal. Ferrán Torres, que había comenzado como extremo derecho y después cambió su posición con Oyarzabal para ejercer de delantero, se trasladaba al costado izquierdo. Y desde allí tuvo más protagonismo aprovechando que todas las miradas se iban hacia el otro lado para vigilar a Adama. El uno contra dos o uno contra tres que preveía Luis Enrique se hizo real.

El último movimiento del seleccionador fue sustituir a Ferran Torres por Rodri. En sus múltiples cambios de cara, la Roja había pasado de jugar con cuatro teóricos delanteros a jugar con dos y dos mediocentros, aunque el esquema seguía siendo el mismo. España acabó el partido en el campo contrario, como exige Luis Enrique. La Roja ganó al final por un resbalón. Pero había que estar atento para aprovecharlo. De eso se ocupa el seleccionador.