Nadal remonta a un gran Carreño en París-Bercy y lo aparta de la pelea por la Copa Masters

El asturiano tuvo contra las cuerdas al balear, que supo resistir primero y golpear después (4-6, 7-5 y 6-1) para meterse en semifinales, donde se medirá al ganador del Zverev-Wawrinka

Nadal celebra un punto en el partido de cuartos de final de París-Bercy ante Pablo CarreñoIAN LANGSDONEFE

Rafa Nadal ganó a Pablo Carreño (4-6, 7-5 y 6-1) en uno de esos partidos en los que el balear es especialista. Sabe resistir, aguantar cuando enfrente tiene una tormenta con forma de raqueta, esperar su momento y aprovecharlo para remontar. Se encontró el zurdo a un rival de verdad que jugó una barbaridad, pero ni con eso le dio. Ya está Rafa en las semifinales de París-Bercy, uno de los Masters 1.000 que nunca ha conquistado. Allí se enfrentará al ganador del Zverev-Wawrinka. Para Carreño, el sueño de poder disputar la Copa Masters de Londres se acaba. Para que siguiera vivo, tendría que haber ganado el torneo.

Con seis derrotas en seis partidos contra Nadal y habiendo ganado únicamente un set en todos esos cara a cara, hay dos opciones: rendirse desde el principio o pensar que esta vez sí y buscar la manera de hacerlo. Pablo Carreño optó por la segunda alternativa. Tenía un plan. Un plan arriesgado, pero es que no hay otra manera contra uno de los mejores tenistas de la historia, consistente en no dar tregua, en especular lo justo y no convertir el duelo en un intercambio eterno en el que acabas agotado y vencido. Un plan que puede disparar los errores no forzados si el gijonés no hubiera sentido la pelota como lo hizo, sobre todo al comienzo. Podía parecer fácil, pero tirando con todo, con mucha fuerza, falló muy poco y Rafa se vio sorprendido y desbordado cuando su compatriota encontraba huecos y líneas con los paralelos. Además, el asturiano sacó muy bien y el primer set fue lo que dictó él. La primera opción de break le llegó ya en el tercer juego, pero el manacorense la salvó. En el séptimo sí llegó la ruptura: la oportunidad se la generó con resto directo de revés y la confirmación llegó en un fallo de Nadal con la derecha. Lo que faltaba por ver es si mentalmente aguantaría Carreño: su siguiente servicio lo ganó en blanco y el definitivo lo hizo tras recuperar un 15-30 y cerrándolo con un passing espectacular después de correr hacia atrás. Estaba de dulce.

¿Podría seguir así en el segundo set? Rafa se fue al vestuario a por toallas, se tomó un tiempo y el volver se encontró con un 0-40 que ya sí le podía poner el partido peligroso. Como casi siempre en esas situaciones, el ganador de 20 Grand Slams se concentra todavía más y saca mejor y salió de ahí, para entrar en una fase de “y ahora, ¿qué?” Carreño siguió igual, aunque empezó a cometer más fallos mientras que Nadal no terminaba de estar cómodo, presionado por el juego de su rival, pero sólido al servicio, como lo ha estado todo el torneo. Era como decir: “En algún momento Pablo se va a equivocar, bajará el nivel, no puede seguir así”. Pero no estaba por esas el semifinalista en el pasado US Open, que tuvo una respuesta de nivel top ante las primeras dificultades: con 4-3 abajo afrontó la primera bola de break en contra y la salvó con un saque directo. Y la segunda con un saque y una derecha a contrapié, para igualar a cuatro tras un saque-derecha paralela-volea. Casi toda la gama de golpes manejó el gijonés. Sí es cierto que había un cambio de tendencia porque los fallos de Carreño, ya más cansado, se le empezaron a acumular. El segundo set, de todas formas, parecía destinado al tie break... Pero no. Con 6-5 Rafa tiró largo desde el resto y aprovechó un error de cálculo de su oponente. La subida de Pablo no fue buena y el passing paralelo llevó el duelo al empate a uno. Y hasta ahí llegó el asturiano. Su resistencia, su plan, ya no funcionaron después de otra demostración de Nadal de lo que es saber sufrir en una pista de tenis.