Efeméride: la Perestroika empezó en el tablero de ajedrez

El año de la llegada al poder de Gorbachov, Kaspárov destronó a Kárpov para simbolizar el fin de una era

La sala de conciertos Tchaikovsky, un complejo cultural fastuoso junto al Jardín Aquarium de Moscú, fue el escenario del enfrentamiento ajedrecístico que marcó el fin de una época. El 3 de septiembre de 1985, Anatoli Kárpov ponía su cetro de campeón mundial en juego contra otro jugador soviético, Garri Kaspárov, pero la historia trascendía con mucho al típico duelo entre compatriotas. Todo lo contrario: apenas seis meses después del ascenso al poder de Mijáil Gorbachov, el encuentro deportivo se percibía en todo el mundo como la primera piedra de la descomunal transformación que iba a sufrir, para bien, el Este europeo en el siguiente lustro.

Anatoli Kárpov, indiscutido rey de los 64 escaques desde la retirada definitiva de Bobby Fischer en 1975, era al arquetipo del disciplinado ciudadano de la Unión Soviética. Si en algún momento se hizo realidad la ensoñación comunista de crear a un «hombre nuevo», su encarnación fue este convencido militante del PCUS, el maestro nacional de ajedrez más joven de la historia (15 años). El ajedrecista de Zlatoust, un pueblo cerca de la frontera kazaja, fue uno de los últimos deportistas mimados por la línea dura del partido y se distinguió por su entusiasta adhesión al gobierno de Leonid Brézhnev, el último halcón del Kremlin.

Kárpov defendía el primado que arrancó de las manos del «francés» Boris Spassky y que no había logrado arrebatarle el «suizo» Viktor Korchnói, dos de los muchos talentos soviéticos que habían elegido el camino del exilio. Sus duelos vencidos contra estos dos veteranos maestros habían sido saludados por la Prensa oficial como la muestra de la superioridad intelectual de quienes seguían fieles al socialismo científico sobre los que habían abrazado el aburguesamiento y la decadencia occidentales. Cuando irrumpió desde el Cáucaso –tiene orígenes azeríes– el irreverente genio de Garri Kaspárov, un crío de 21 años que había arrasado en el Torneo de Candidatos, temblaron los viejos apparátchik.

El primer capítulo de la bautizada como Batalla de las dos K degeneró en escándalo. El encuentro fue programado a seis victorias, sin límite de partidas, y Kárpov dominaba por 4-0 después de sólo nueve enfrentamientos. Tras diecisiete tablas consecutivas, Kaspárov derribó su rey por quinta vez, pero, cuando todo parecía decidido, comenzó una loca remontada que lo llevó hasta el 3-5, con su rival dando evidentes síntomas de agotamiento. Después de 48 partidas y cinco meses, el campeón había pasado tres veces por el hospital y había perdido diez kilos, por lo que la Federación Internacional, manejada directamente desde el Kremlin por la persona interpuesta del filipino Florencio Campomanes, acudió en su auxilio y dio por concluido el Mundial sin ganador.

Para el segundo encuentro, se habían modificado las reglas: iba a disputarse a un máximo de 24 partidas y cada competidor sumaría medio punto en caso de tablas. Si al final de las mismas había empate, Kárpov retendría el título. Kaspárov dominaba 12-11 el 9 de noviembre, fecha del último enfrentamiento que, por tanto, estaba obligado a ganar el campeón vigente, con blancas. Obligado a jugar de forma demasiado agresiva para su ortodoxo estilo, «el estrangulador de Zlatous» asumió muchos riesgos con su variante de apertura siciliana, contrarrestada con dos audaces sacrificios de peón en los movimientos 28º y 30º que decantaron la partida para el caucasiano.

El tiempo y la veleidosa política rusa terminaron mitigando la encarnizada rivalidad entre Kárpov y Kaspárov, que ahora se profesan un mutuo respeto reflejado en la campaña desatada por el primero cuando el segundo fue detenido en 2007 por oponerse al régimen de Vladimir Putin. «Siempre vamos a estar de acuerdo contra los abusos de poder». Y en que hoy no es agradable vivir en Rusia: Garri reside en Estados Unidos y Anatoli lo hace en Alemania.

La fecha 9-11-1985

Victoria después de 24 partidas. Garri Kaspárov se proclama, con sólo 22 años, el campeón del mundo de ajedrez más joven de la historia.

Dos mundos. El jugador de origen azerí representaba los vientos de cambios que soplaban con Gorbachov frente a la ortodoxia comunista de Kárpov.

Juntos contra Putin. Con el tiempo, la vieja rivalidad se convirtió en respeto mutuo y hoy, ambos campeones se oponen al autoritarismo que gobierna Rusia.