Fernando Vicente

“Nadal es el tenista al que todo entrenador pone como espejo en el aspecto mental”

Es el entrenador de Andrey Rublev, número ocho del mundo: así es el primer rival de Rafa en la Copa Masters

Fernando Vicente (Benicarló, 43 años) lleva cinco años entrenando a Andrey Rublev, el “ruso de sangre caliente” que va sobrado de una energía que había que canalizar. Es el tenista con mejor progresión del circuito, el que más títulos (5, dos antes del parón por el coronavirus y tres después) y triunfos (40) ha logrado en este 2020. Es el ocho del mundo y debuta en el Torneo de Maestros contra Rafa Nadal, del que hace poco dijo que era “el mejor deportista de la historia porque, esté bien o mal, siempre encuentra la manera de ganar”. En esta entrevista, Fernando Vicente cuenta su historia con Rublev y reflexiona sobre la capacidad de Rafa o Djokovic para evolucionar y seguir ganando pese al empuje de los jóvenes.

-¿Cómo fueron sus comienzos con Rublev?

-Ahora hace cinco años lo dejé con Marcel Granollers, con el que estuve cuatro temporadas. Tengo una academia de tenis en Barcelona [4SlamTennis] junto con Galo Blanco y Jairo Velasco, que son mis socios, ex jugadores los dos. Galo entrenó a Karen Khachanov. Andrey era muy amigo de Karen y en una gira por EE UU Rublev andaba perdido, que si un entrendor que si otro... Yo con Marcel lo había dejado porque estaba cansado de viajar, la verdad. Había nacido mi hijo y quería estar en casa. Entonces rechacé muchas ofertas, pero la de Andrey me atrajo, era un chico de 18 años, probamos, hicimos una gira de pista de tierra en Marrakech, dos o tres semanas de entreno en Barcelona y el chaval me cayó súper bien: vi que le encantaba el tenis y como que me motivé.

-Con 18 años, cuando empezaron, es una edad complicada...

-Con 18 años terminó número uno del mundo júnior y ya pensaron que todo iba a ser fácil, tenían unas cosas en la cabeza... La realidad es que cuando pasas a jugar con los mayores pues ya no eres uno y tienes que empezar a escalar otra vez.

-¿En qué puede mejorar?

-Es un chaval que es muy pasional. El año que viene cumpliremos cinco años, y era un tirillas. A ver, pegaba fuerte a la bola, pero se movía mal, descoordinado... Cuando lo vi dije: “Aquí hay tela que cortar”. Porque ellos tienen unas expectativas muy altas, pero sin hacer el trabajo correcto. Tú, por mucho que quieras correr, si no tienes el coche preparado... Sabía que era un proceso largo, empezamos de cero, desde la preparación física, la parte mental, entrenar de la manera correcta, porque te dabas cuenta de que la única manera que había tenido de entrenar era pegar fuerte a la pelota, sin saber las direcciones a las que tiene ir. Se equivocaba mucho. Ha sido un trabajo largo, pero se veía que el chaval tiene algo diferente. Tenía los tiros. Y piensa las 24 horas en tenis: no sale de fiesta nunca, se cuida, si le dices algo que es mejorable o que le va a ayudar lo hace... Es una motivación como entrenador ver que el chaval se va superando, da igual que sea sábado o domingo... Si le dejas el fin de semana libre lo matas, porque dice: “Joder, ahora qué hago”. Está todo el día con la raquetita en la cabeza.

-Él dice que tiene que enfadarse menos en la pista...

-El tema que tiene es que es tan pasional... De la manera que juega es un poco como es. En la pista es nervioso, también por la educación que tienen los rusos, que se les exige demasiado. Se junta un poco todo, su mamá también es entrenadora, una muy buena entrenadora, le apretaban mucho, tienes una familia detrás que te va viendo los defectos y a veces se hace pesado y acabas queriéndote ir de casa. Al principio estaban muy encima y luego han desaparecido, y ha podido volar un poco por libre. Andrey está en un momento de subidón, no quiere parar ninguna semana, por él jugaría todas, le encanta competir... Pero en eso estamos también, ahora con el ránking que tiene podemos hacer un calendario más estructurado, decidir dónde ir, dónde no... Todavía tiene demasiadas cosas por mejorar.

-¿Vive Rublev en Barcelona?

-Él reside en Moscú, pero viene algunas semanas a entrenar a la academia en Barcelona, y lo hace con los chicos. Ahora llevaba 13 semanas sin volver a Moscú por Cincinnati, el US Open, Roma....

-¿Y habla español?

-Se va haciendo, habla un poquito. Nos juntamos mucho con Feliciano, con Marc López y va pillándolo.

-Rublev dijo hace poco que Nadal era el mejor deportista de la historia...

-Al final, Rafa para él en el tema mental, que es lo que a él le falta... Es al que todo entrenador pone como espejo. A este nivel la diferencia la hace la mente, Andrey es consciente, pero va a costar un poco, porque la sangre la tiene calentita, pese a ser ruso. Los rusos son el mismo patrón un poco: son muy exigentes, muy perfeccionistas... Ya le puedes decir que ha jugado bien, pero se queda con lo negativo, son negativo con ellos mismos, buscan la perfección y eso a veces juega en su contra, para aprender, por ejemplo, a ganar jugando mal. El día que no estás, hay que intentar pasar y luego ya veremos. Eso les cuesta un poco, sí.

-Nadal es experto en pasar esos días malos...

-A Nadal yo le he visto jugar partidos que no puede meter tres pelotas, la tira a media pista y corre y el tío es tan humilde... Da igual que le toque un “wild car”, el 300 del mundo en Acapulco, está igual de nervioso, se autoexige ser responsable e intentar sacar el partido como sea. Ir cada día a la pista a pensar que estás obligado a ganar, porque la gente cree que vas a ganar, se puede convertir hasta en aburrido. Pero es tan raro verlos perder, a Rafa, a Djokovic... Por eso han ganado lo que han ganado.

-Usted se enfrentó a Nadal en el US Open 2003.

-Andrey jugó cuartos de final un año en Nueva York contra Nadal [es su único duelo hasta ahora, en 2017] y se recordó ese partido. Jugué en primera ronda y me pegó una tunda que me dejó seco. Yo ya lo conocía y se veía que era otro nivel. Cuando tienes experiencia, te das cuenta de que ni yo jugando lo mejor me iba a llegar.

-¿Qué le parece el dominio tantos años de Nadal, Djokovic y Federer?

-Al final es que son los mejores. Se habla mucho de la “Next Gen”, de los jóvenes, de los jóvenes, de los jóvenes, y tú ahora me hablas de Andrey y a la hora de comparar... Es que Rafa con 23 años ya había ganado cuatro Roland Garros. Son muy buenos en todo: el tenis lo mental... Rafa tiene un talento en todo, la gente decía que es un pasabolas, el pasabolismo, pero la realidad es que ha ido evolucionando, ellos se han hecho mejores entre sí... Y el hecho de que estén tan picados con el tema de los Grand Slams... Todos quieren ser el mejor y llegados a este punto y estando tan cerca, al final juegan para eso, aunque no lo digan, ellos quieren ser los mejores. Yo lo querría. Si Rafa puede ganar dos, cuatro o 24 más, pues lo hará. Y Djokovic también. Al final es a ver quién es más guapo aquí.

-Dice que Nadal con 19 años ya había ganado Roland Garros. ¿Se madura ahora más tarde? ¿Ha cambiado el tenis?

-Mi opinión es que dicen que el tenis ha cambiado, pero siempre ganan los mismos, y eso quiere decir o que los de ahora juegan peor o que los de arriba siguen mejorando y a la gente que viene detrás no le alcanza. No, es que el tenis, dicen, ha cambiado, ahora la gente le pega muy fuerte y sacan muy fuerte todos. Sí, sí, pero este año aquí está Schwartzman que mide 1,70 “pelao”, y resulta que ese no saca fuerte... Sí se pega más fuerte, pero hay menos táctica, no da tanto tiempo, es diferente, pero estos de arriba se han acostumbrado, les suben el nivel por atrás, pero te lo aguantan, no ves que les afecte.

-Volviendo a Rublev. Es joven, pero ya sabe lo que es lesionarse...

-Sufrió una fractura de estrés por culpa de su cuerpo. Para lo fuerte que le pegaba, su cuerpo no estaba preparado. Luego estuvo lesionado también dos meses por una lesión en la muñeca... Y bueno, es un tema de que si no estás preparado para dar el salto y competir cada semana, el cuerpo lo acaba pagando. Ahora yo creo que está más preparado, pero todavía le falta, hay que seguir trabajando en la parte física, porque le pega muy agresivo. Con las piernas le falta un poquito, está un poco descoordinado, entonces hay que ponerle mucho cuidado.

-Es un jugador muy agresivo siempre. ¿Debe seguir siéndolo?

-Los golpes naturales y esa fuerza... No tiene que dejar de ser él mismo. Tiene que ser capaz de leer los encuentros. Las direcciones son importantes, tu puedes tirar fuerte, pero si no tiras con buenas direcciones estás jodido. Tiene que ser él mismo, con esa anarquía con la que juega a veces, pero como ya tiene el control de la pista, ya le pega bien de los dos lados, no es necesario todo el tiempo destrozar la pelota y hay que saber entender cuándo defiendes, cuándo atacas... Para mí ha mejorado mucho el saque, antes le atacaban mucho el segundo y lo hemos mejorado.

-¿Cómo vivieron el confinamiento?

-Hemos entrenado bastante, pero lo hemos pasado mal, porque estaba restringido todo. No ha sido lo que esperábamos, pero el tiempo que hemos tenido se ha trabajado muy bien. A mí me ha venido bien el tiempo que hemos podido estar con Andrey y el preparador físico, entrenando más tiempo juntos, ha sido como una doble pretemporada, a él le ha venido bien y a mí también.

-¿Es un problema jugar sin público?

-Es un drama, muy triste. Necesitas sentir la emoción de la gente que lo sigue. Imagínate el US Open, un estadio de 25.000 asientos y no había ni una persona. Somos conscientes de que tenemos suerte de estar jugando, pero sabemos que no es la realidad, que no se puede seguir así. Y aquí en Londres va a ser lo mismo, estarán los cuatro de la ATP que trabajan y sólo nos dejan venir con dos personas, ni padres ni nada.

-Rublev ha ganado cinco torneos este año, ¿le tiene que parar los pies?

-Claro que hablamos, que ahora el siguiente nivel, estando “top 10” van a ir a más a por él, que a lo mejor él va a sentir que tiene que ganar, y no pasará; y que lo de este año tampoco es normal. Hay que estar con los pies en el suelo. Él es ambicioso y yo también aprendo de él en ese sentido: siempre tira para adelante y va con todo. Intentaremos que no se agrande y se crea que es un fenómeno, porque no lo es y le queda por mejorar, y porque al final la vida da muchas vueltas: este año va muy bien y veremos el siguiente.