Sergio Ramos, el último tótem

Es el eslabón con una era gloriosa de dos equipos que ahora intentan reinventarse

Las mocitas madrileñas del himno del Madrid se cambiarían de acera en los alrededores del Bernabéu antes de cruzarse con Sergio Ramos y su estampa. El capitán del Madrid y de la selección es con 34 años el único tótem que le queda al fútbol español a la espera del destete de la quinta de Ansu Fati. Su aspecto y su juego se han adaptado a los tiempos. De la media melena con la que llegó de Sevilla al porte actual, que es una mezcla de protagonista de Vikingos y hipster rebelde de postal sacado de Malasaña, ha vivido de todo. Dos Eurocopas, un Mundial, el minuto 93, un puñado de Champions, goles, penaltis, tarjetas, un documental infumable, una renovación pendiente... hasta un debate sobre si estamos ante el mejor central de la Historia. Eso sí, don Santiago Bernabéu afeitaría esa barba y borraría los más de 30 tatuajes, según apuntan los clásicos.

Los dos penaltis fallados ante Suiza después de una racha de 25 aciertos son un alivio para el madridismo. Se trata de encontrar un consuelo por simple probabilidad: si los ha fallado con la selección, no lo hará en semanas con el Madrid. Los errores de Ramos ante Sommer son otro dato negativo que añadir a la segunda oleada pandémica. Si él también falla, como para que no lo haga Fernando Simón.

Ramos es el último eslabón de una era gloriosa en dos equipos que ahora intentan reinventarse y que no saben bien cómo. Él lo ha hecho muchas veces. Con su matrimonio con Pilar Rubio, con sus cuatro hijos, con su finca y la yeguada, con el flamenco, con la mirada en los Juegos de Tokio... España y el Madrid le necesitan más que nunca.