Los peligros de Medvedev, el rival de Nadal en las semifinales de la Copa Masters

“Es capaz de ponerse tres metros atrás de la línea y, si lo necesita, meterse dentro”, dice Jordi Arrese, que avisa de la eficacia de la “rara derecha” del ruso y que su revés es “un guante”

Daniil Medvedev devuelve una bola de revés estirado en el partido de las Finales ATP contra Djokovic, al que vencióANDY RAINEFE

Daniil Medvedev tiene dos partidos en mente contra Nadal, mezcla de esperanza y desesperación. En la final del US Open de 2019 se vio dos sets a cero y break abajo. Parecía un triunfo rápido del español, pero el ruso comenzó una remontada que llevó al límite al zurdo, vencedor en el quinto. Después de la entrega de trofeos, en el vestuario, Rafa no podía ni ponerse los vaqueros de los calambres que tenía. La esperanza de Medvedev es que le amenazó y le obligó; la desesperación, que terminó perdiendo. Dos meses después se vieron las caras en la Copa Masters y el ruso mandaba 5-1 en el tercer parcial. Le faltaba cerrar, pero... el balear empezó a escalar: un juego por aquí, un break por allá, pelota de partido salvada y la victoria. La esperanza de Medvedev es que estuvo a un paso del éxito; la desesperación, que no lo consiguió. «No creo que sirvan los partidos anteriores. A este nivel y contra estos jugadores depende siempre del momento y él viene de ganar París. Son semifinales de un Masters, no se puede esperar más que un rival de máxima dificultad», opinó el español ante la batalla que el sábado le espera en el O2 Arena en busca de su tercera final del torneo de los maestros, el único campeonato importante que falta en su palmarés. Ha llegado dos veces al último partido, pero Federer le cerró la puerta en 2010 y Djokovic, en 2013. Será su sexta semifinal en diez participaciones.

Medvedev se ha instalado definitivamente entre los jugadores que son una amenaza de verdad para el «Big 3», Rafa-Nole-Federer. Su explosión llegó en 2019 con esos partidos ante el español, nueve finales y cuatro títulos, pero el despertar fue en 2017, cuando consiguió vencer a Wawrinka, que venía de hacer final en Roland Garros, en la primera ronda de Wimbledon. Poco después, Gilles Cervera se convirtió en su entrenador a tiempo completo (ya le acompañaba a algunos torneos) y su primera medida fue convertir al ruso en un profesional en el sentido amplio de la palabra, las 24 horas del día. Medvedev confesó en una entrevista a la web de la ATP que en esa época podía desayunar un croissant el día de partido o, después de jugar, se iba a la habitación a la cama y a ver la tele, nada de estiramientos o baños en hielo para recuperarse de las microrroturas. Cervera le ha rodeado de un equipo para trabajar cuerpo y mente: Eric Hernández es su preparador físico; Francisca Dauzet, la psicóloga, que a veces le ha transmitido ideas de la filosofía Shaolin para saber cómo manejar las situaciones difíciles en pista; y también tiene al científico deportivo Yann Le Meur, que trabaja para el Mónaco de fútbol. La evolución no tardó en llegar: a finales de 2017 ya logró ganar a Djokovic un partido, en 2018 conquistó el primer título (Sídney), en 2019 fue el tenista sorpresa y la confirmación ha llegado en este 2020 tan extraño, donde está protagonizando un final de curso por todo lo alto. ¿Qué le hace especial? «Es un tenista peligrosísimo. Para empezar, te saca bien tanto el primero como el segundo. Y además es capaz de ponerse tres metros atrás de la línea y, si lo necesita, meterse dentro. Puede pasar las bolas que haga falta y en indoor es difícil de desbordar, pero también es capaz de irse al ataque», describe Jordi Arrese, ex capitán de la Copa Davis y ahora comentarista en Eurosport. «Su revés es un guante y luego tiene esa derecha rara, pero él la busca, coge la pelota arriba y mueve bien la mano para hacer ganadores», prosigue. El ruso puede ser, por tanto, una pared y un mazo, en función de lo que requiera el partido. «Hay que intentar variarle con los cortaditos; como es tan alto, hacerle bajar, pero es difícil porque es muy sólido», insiste Arrese.

Nadal sabe lo que le espera. El español está consistente en su juego y agresivo, apoyado en un saque que le está funcionando de maravilla y que le permite mandar en los juegos al servicio. «Es que en indoor si no sacas bien no tienes opciones. Es lo más básico», describe Arrese. «Pero aparte, Rafa está jugando bien, muy valiente», concluye. El primer tiro, aunque no sea punto directo, le ayuda a que la pelota que vuelva sea tibia, y entonces puede meterse en pista y ser agresivo, sin disparar los errores no forzados.