Carrasco y el Atlético hacen pequeño al Barcelona (1-0)

Justo antes del descanso, el belga, en un balón largo esquivó la salida de Ter Stegen, completamente desprotegido, para adelantar al Atlético. El Barça no inquietó a Oblak y Messi no existió

Partido en el Wanda Metropolitano entre el Atletico de Madrid y el F.C Barcelona.Jesus G. FeriaLa Razón

El Atlético ya no necesita echarse atrás para competir con el Barcelona. Pone la cara y se atreve, aunque para llegar al gol tuviera que recurrir a su esencia más primitiva, el contraataque que ha sido la marca de identidad del equipo desde mucho antes de que Simeone se vistiera la camiseta rojiblanca como jugador.

El Barcelona corre demasiados riesgos, a veces, y el Atlético está siempre atento. Un balón perdido por Piqué fue la oportunidad perfecta para la carrera de Carrasco. Por detrás de la línea del mediocampo, al Barcelona sólo tenía a Ter Stegen y Lenglet, que habitaba el lado contrario. Al portero no lo quedaba más opción que tratar de cortar la jugada. Retroceder o quedarse parado era un suicidio, una invitación a que la pelota volara por encima de su cabeza hacia el gol. El alemán llegó tarde y el belga lo superó con un caño que le dejó sin más distancia que la desesperación de Lenglet entre él y el gol. Y resolvió a la primera sin posibilidad de que encontrara su sitio el defensa azulgrana y sin tiempo para otra cosa que no fuera marcharse al vestuario por el final del primer tiempo.

Carrasco ya había sido un tormento para Sergi Roberto en el costado derecho de la defensa del Barcelona. Simeone agradecía la recuperación de Yannick antes del partido y tenía motivos. Ya en el primer ataque rojiblanco llegó hasta la línea de fondo para dar un pase atrás a Saúl, que estuvo cerca de marcar el primero.

Carrasco permitía al Atlético aprovechar las debilidades defensivas de Sergi Roberto. Y, para cubrirle la espalda, el Cholo añadió a Hermoso a la línea de centrales. La banda izquierda quedaba para el belga en defensa y en ataque. Para tapar a Dembélé y para decidir el partido. Un trabajo que ha hecho con frecuencia en la selección belga y que Simeone aprovechó para derrumbar al Barcelona.

El Atlético empezó fuerte y tan cerca como Saúl de abrir el marcador estuvo Llorente, con un disparo al larguero. Aunque a Joao Félix le costaba entrar en contacto con la pelota allí arriba y tenía que buscar sus oportunidades en la banda izquierda, el Atlético –muy bien dirigido por Koke– tenía alternativas. El capitán rojiblanco trabaja en defensa, roba y maneja el equipo con tremenda madurez. Ordena a sus compañeros y pone el ritmo que necesita el equipo. Si hay que pasársela en corto con Saúl para encontrar una salida, no hay problema. Y si hay que provocar la carrera de Joao Félix, tampoco.

Koke coincidía en posición con Messi durante gran parte del partido. El argentino ha renunciado al área y elige muy bien cuándo tiene que hacer un desmarque para romper hacia la portería, que es casi nunca. Sus desmarques, casi siempre, son hacia atrás. En lugar de buscar el camino más corto hacia el gol, Leo busca espacio y tiempo para controlar la pelota, levantar la cabeza y elegir el camino correcto. No es raro ver la pelota cerca del área del rival mientras Leo camina por delante de su defensa en el centro del campo. Sin más protección a su espalda que los dos centrales y Ter Stegen.

Y así, a pesar de que el Barcelona juega con cuatro futbolistas de ataque por delante de los dos mediocentros, la ocasión más clara de gol llegó en un remate de cabeza de Lenglet que embolsó contra el cuerpo Oblak encima de la línea de gol. Ese remate y otro de Sergi Roberto que pegó en un defensa y se marchó al lado del poste fueron las más claras aproximaciones a gol de los azulgrana.

Pero más doloroso que todo eso es la lesión de Piqué. El central se quedó tendido en el césped después de un choque con Correa. El argentino le cayó encima y le dobló la rodilla hacia dentro. Piqué se marchó cojeando y llevándose las manos a la cara. No tenía buen aspecto la lesión. Tampoco lo tiene el Barcelona.

El Atlético, en cambio, disfruta como nunca. Esta temporada ha aprendido a mandar en los partidos, pero no ha perdido su capacidad para esperar. Simeone sabe que su equipo ya compite en fútbol con los mejores. Aunque trata de no perder la ventaja física. Mientras sus compañeros celebraban la victoria en el vestuario, Lodi y Felipe trabajaban con el «profe» Ortega en el césped. La victoria no es excusa.