Nadal perdona a Medvedev y se queda sin la final

El español tuvo su servicio para ganar el partido, pero lo perdió en blanco y el ruso remontó para vencer por 3-6, 7-6 (7/4) y 6-3 y jugarse el título con Thiem

Lo tuvo Nadal... Pero se le fue ante un rival fantástico y este 2020 tampoco será el año en el que el español se proclame campeón del torneo de maestros, el gran título que le falta en su palmarés. Medvedev se entrometió en su camino para remontar y ganar por 3-6, 7-6 (7/4) y 6-3, cuando en el segundo set el zurdo servía para llevarse el duelo. Cedió ese saque en blanco, y fue el principio del fin...

El saque, tan decisivo en estas pistas. «Sin» él se llevó un set inicial Nadal en el que parecía que iba a remolque todo el rato. No metía un primero. El servicio, que tan bien le había ido en París-Bercy y también en Londres en esta Copa Masters, le fallaba en esta ocasioón. No lograba ponerlo en pista con potencia, y con el segundo ya es más difícil mandar y hay que sufrir. En los juegos del comienzo, siempre se vio por detrás. Incluso en el tercero tuvo que afrontar tres pelotas de rotura para seguir vivo. Pico y pala, para salvarlos y que no se escape el ruso, que en sus juegos al saque... Metió 16 primeros servicios sin fallo Medvedev y no tuvo opciones el español. Pero lo bueno (o lo malo) del tenis es que da igual que se gane sufriendo o en blanco. Cada juego es empezar de nuevo y un despiste lo echa todo por tierra. La inercia llevaba a pensar: la rotura llegará en cualquier momento a favor de Medvedev. Pero el ruso tuvo el momento tonto. De repente, su rodillo dejó de dar vueltas: primer punto con segundo servicio, ganado por Rafa; y el segundo y el tercero... En un momento se vio con una montaña delante que no supo escalar. Nadal lo había vuelto a hacer: aprovechar las oportunidades. Logró el break y se llevó ese primer set sin hacer aparentemente demasiado, aunque en realidad intentó cosas. Contra un rival crecido e impredecible, trató de no jugar muchos golpes de la misma manera: le tiraba una pelota alta, muchos cortados, algunos para atraerlo y después pasarlo; le hacía saque-red... Muy variado todo para que su oponente no se acomodara. Incluso logró que Medvedev, que no suele exteriorizar sus sentimientos, lanzara una raqueta contra el suelo.

Por primera vez en todo el torneo, el número cuatro del mundo se veía con el marcador en contra. Era el único invicto y llegaba sin ceder un set, pero no se inmutó demasiado. No tardaron en aparecer nuevas pelotas de rotura para él en un partido similar en su desarrollo y en esta ocasión sí logró sacar una adelante. Y siguió con su gesto de “no pasa nada”, que no es más que una estrategia para no dar pistas al rival de lo que está sucediendo en su interior. Tenía Nadal que intentar recuperar esa rotura, porque el set no había hecho más que comenzar y porque la expresión «dejarse ir» no está en su vocabulario. La opción le llegó en el séptimo juego y a la segunda, premio. Comenzaba el español a leer mejor el saque de su oponente, se jugaban más punto y el juego desordenado del ruso entró en colapso por un momento. Medvedev parece de hielo, pero nota la tensión. Le dolió que le igualaran el segundo set y se vio con el partido perdido al sufrir la segunda rotura. Pero Nadal no supo rematarlo ahí. También es humano, a veces, y con su saque para cerrar el duelo, lo perdió en blanco y se obligó a jugar un tie break que resultó fatal. No está fino el español en los desempates, que por no tener, no tuvo ni suerte, ya que en el punto clave Rafa se equivocó de lado pero, aún así, el ruso tocó la pelota con el marco para dibujar un globo perfecto. Hasta pidió perdón...

Vuelta a empezar. La final se jugaba en un set y la tendencia era la misma que en el primero. Nadal sufría más con el saque, pero salía adelante, con su táctica de jugar con el revés cortado. Pocos partidos se le recuerdan en los que optara más por ese tiro. Salía de las pelotas de break, mientras Medvedev servía con mas margen. Un 30-30 llegó a tener el zurdo como mucho. En el séptimo juego, y a la tercera, el ruso se puso por delante en un punto en el que se buscaron las cosquillas. Una floja por aquí, otra por allá, repitiendo lo mismo, y de repente el gigante rubio se fue a la red. Sorprendió al balear, que no acertó a pasarlo en la red. Ya no pudo volver de esa rotura de saque. Rafa hasta parecía que tenía calambres, más torpe de movimientos. La Copa Masters se le volvió a escapar.