El Barça, a la final de la Supercopa con un porterazo: Ter Stegen

Partido muy intenso con una gran Real Sociedad que termina 1-1 y que decide el guardameta alemán en una tanda de penaltis que resolvió un último lanzamiento de Riqui Puig.

Ter Stegen despeja el penalti de Oyarzabal en la tanda que decidió la semifinal de la Supercopa para el Barcelona
Ter Stegen despeja el penalti de Oyarzabal en la tanda que decidió la semifinal de la Supercopa para el BarcelonaAFP7 vía Europa Press AFP7 vía Europa Press

Ter Stegen se hizo un gigante y sólo así la Real Sociedad hincó la rodilla. Primero con sus paradas en la prórroga, y un poco después en la tanda de penaltis, porque el partido, el partidazo, tenía que acabar en algún momento y tuvo que ser desde los once metros. Dos detuvo el alemán, otro fue al palo, pero Griezmann desaprovechó la primera oportunidad de victoria. A las nubes la mandó... Para que Riqui Puig no perdonara. Ya tiene su momento de gloria el canterano en esta rara temporada para él. Fue él quien pidió lanzar ese último lanzamiento y su entrenador, que no le está dando muchas oportunidades, dijo que sí.

«El fútbol es tan raro...», reflexionaba Ronald Koeman. Estando en el campo jugones como Pedri o De Jong y regateadores como Dembélé, la acción que desniveló la balanza en el primer tiempo la hizo el peleón Braithwaite: recibió de espaldas, aguantó, filtró el pase a Griezmann y el francés centró templado para que De Jong marcara en un complicado remate de cabeza. El caso es que así tomó ventaja el equipo de Koeman ante un rival que volvió a demostrar su valentía. Menudo arranque de la Real Sociedad, menudo partido en general hizo, con una propuesta radical de presionar y apretar con todo. Parecían poseídos los muchachos de Alguacil, sin guardarse una gota de sudor, casi hombre a hombre con los azulgrana (Le Normand, el central, seguía a Griezmann hasta su propio campo), con el riesgo que supone porque al más mínimo fallo, a la espalda queda mucho terreno libre. Le funcionó durante un rato largo, la cuestión era si podría sacar ventaja goleadora de ello. Se veía agobiados a futbolistas de calidad como Busquets o De Jong, perdiendo balones porque apenas había un respiro para controlarlos, y además no estaba Messi, que suele ser la solución. El argentino anda con problemas en el bíceps femoral de la pierna izquierda y el Barça no arriesgó con él. La Real amenazó, sobre todo con un remate de Isak tras una buena acción de Oyarzabal, que Ter Stegen evitó. Se vivía en el área del portero alemán, pero las fuerzas tienen un límite y esa manera de correr decrece con el paso de los minutos. Pasada la media hora fue cuando tuvo un pequeño respiro el Barcelona, más control, más pases, aunque sin mucha profundidad. Sin Leo, su gran amenaza ofensiva era Dembélé, que va un poco a lo suyo y se atreve con todo. Parecía el hombre para los barcelonistas, pero hasta el descanso la acción decisiva fue la de Braithwaite.

Aceptó el Barcelona de jugar un partido a intensidad y la Real no cambió el plan. No tenía motivos para hacerlo porque había dificultado a su rival. Estaba siendo un duelo de poder a poder y el penalti de De Jong por mano nada más volver de los vestuarios igualó también el marcador. Fue protagonista en las dos áreas el holandés. No perdonó Oyarzabal desde los once metros. Es que nunca lo hace... ¿O sí? La respuesta, un poco más adelante.

Porque todo siguió igual. Era como si sonaran las trompetas, presión, transición a un lado y a otro y sin hacer caso al cansancio ni en la prórroga, en la que los donostiarras tuvieron más oportunidades, pero empezaron a sufrir a Ter Stegen, sobre todo Januzaj en un tiro de falta que fue al palo, pero porque el portero la tocó en un vuelo impresionante. El belga lo hizo todo bien desde que saltó al campo, pero se encontró un muro bajo el larguero azulgrana. Ese paradón a la falta fue el preámbulo de la exhibición del germano en la tanda de penaltis. Paró a Bautista y Oyarzabal e intimidó a Willian José, que la mandó al palo, como De Jong antes. Griezmann la tiró fuera y sí marcaron Pjanic y Dembélé, y Januzaj (así sí pudo) y Mikel Merino. Quedaba la responsabilidad para Riqui Puig, que fue el protagonista inesperado y confirmó que sí, que el fútbol «es muy raro».