Discriminatoria y sin validez internacional: así afecta la Ley Trans de Irene Montero al deporte

La norma impulsada por el Ministerio de Igualdad no sólo perjudica al deporte femenino sino que una campeona trans no podría defender su título fuera de España

La polémica Ley Trans podría ser un desastre para el deporte femeninoFoto: InstagramLa Razon

La ministra de Igualdad, Irene Montero, filtraba esta semana a medios afines el borrador de la ley para la igualdad de las personas trans que permitirá el cambio de sexo en el registro sin necesidad de informe ni tratamiento médico a partir de los 16 años, y entre los 12 y los 16 con consentimiento de padres o tutores. El texto incluye medidas en el ámbito sanitario, educativo y laboral, pero también en lo deportivo, uno de los puntos más polémicos al chocar directamente con los reglamentos internacionales actualmente en vigor.

Hace justo un año el Partido Feminista ya alertaba en un comunicado de los puntos más polémicos de la Ley Trans y hacía hincapié en lo referente al ámbito deportivo.

El capítulo V de la norma dedicado a la protección en el ámbito del deporte ha generado un intenso debate desde que se empezó a fraguar el borrador de esta ley. El Partido Feminista mostraba su rotundo rechazo a artículos como el que establece que “quedan prohibidos los controles de identidad sexual y/o de género en el ámbito deportivo” por considerar que afectaría a los logros obtenidos por las mujeres en dichas competiciones.

En el artículo 39 del capítulo IV se establecen cuatro puntos que no dejan lugar a dudas:

1. En las prácticas, eventos y competiciones deportivas se considerará a las personas que participen atendiendo a su sexo registral, sin que puedan realizarse en ningún caso pruebas de verificación del sexo. Las personas trans extranjeras cuyos documentos identificativos expedidos por las autoridades españolas hayan sido adecuados a su identidad de género, de acuerdo con lo establecido en el artículo 18 de la presente ley, podrán participar en función del sexo que conste en esos documentos identificativos.
2. Las personas trans menores de 16 años, aun cuando no hayan rectificado la mención relativa al sexo, así como las personas trans extranjeras que no cumplan los requisitos para interesar la rectificación de la mención del sexo y el cambio del nombre en sus documentos identificativos, tendrán derecho a participar en las prácticas, eventos y competiciones deportivos de acuerdo con su identidad de género.
3. En las instalaciones deportivas segregadas por sexo se garantizará a las personas trans el acceso y uso de las instalaciones correspondientes a su identidad de género.
4. Lo dispuesto en este artículo se entiende sin perjuicio del oportuno cumplimiento de las normas que rijan las competiciones internacionales.

En definitiva, la ley de Irene Montero establece que los deportistas se regirán bajo su propia identidad y no bajo reglas biológicas, lo que según las feministas supone una gran desventaja para las mujeres que no disponen de las mismas condiciones físicas que una atleta que se identifique como mujer, pero su “sexo biológico” sea el masculino.

Pero además esta ley choca con las normas internacionales que rigen el deporte. En el punto 4 se subraya que lo dispuesto en la norma se entiende sin perjuicio del oportuno cumplimiento de las normas que rijan las competiciones internacionales. Por lo tanto, y a tenor de los reglamentos internacionales, la Ley Montero podría quedarse en un mero brindis al sol, ya que las normas que rigen las diferentes federaciones y organismo primarían sobre ella. Es decir, no sólo provocaría un grave perjuicio al deporte femenino sino que podría ser discriminatoria para el propio colectivo trans, ya que podría darse el caso de que una atleta trans campeona en su disciplina a nivel nacional no pudiera defender su título fuera de España.

Sin validez internacional

En el contexto actual, la realidad es que las altas instituciones deportivas no comulgan, de momento, con la tesis del Ministerio de Igualdad. Así, el último reglamento del COI establece que quien quiera participar como mujer tiene que declararse mujer, y que no puede cambiar de género al menos durante cuatro años para la práctica deportiva. Además, fija en un tope de diez nanogramos de testosterona por mililitro de sangre como el máximo que puede tener una mujer para poder participar en pruebas femeninas. Otras federaciones internacionales como las de atletismo, tenis y ciclismo, son más estrictas aún y han rebajado ese límite a la mitad, cinco nanogramos. Y otras, como la internacional de rugby, prohíbe taxativamente a las transexuales jugar con mujeres.

La nueva directiva, aprobada por World Rugby el pasado mes de octubre fue muy clara sobre este asunto: “Como ocurre con muchos otros deportes, las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres requieren categorías de rugby de contacto dedicadas para hombres y mujeres por razones de seguridad y rendimiento. Dada la mejor evidencia disponible de los efectos de la reducción de testosterona en estos atributos físicos para las mujeres transgénero, se concluyó que actualmente no se puede garantizar la seguridad y la equidad para las mujeres que compiten contra mujeres trans en el rugby de contacto”, afirmaba en un comunicado.

El texto añadía que “se sabe que los varones biológicos son entre un 25 y un 50% más fuertes, un 30% más poderosos, un 40% más pesados y un 15% más rápidos que las hembras biológicas”.

Tras conocerse el veto trans en el rugby, las redes estallaron con cientos de comentarios a favor y en contra de la nueva normativa. Desde el Partido Feminista y la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres -muy cercana al Partido Socialista-, muy críticos con la línea de Irene Montero, consideraban una buena noticia esta prohibición que garantiza la seguridad y la justicia para las mujeres.

Algunas jugadoras de rugby también dieron las gracias al organismo internacional por esta decisión que esperan se extienda a otros deportes. “Muchas gracias a la reflexiva Junta pro-ciencia de @WorldRugby, que este pensamiento sano se extienda a otros organismos deportivos. Los deportes femeninos deben limitarse a jugadoras femeninas. Yo soy el número 44”, se puede leer en uno de los “tuits”, acompañado de una imagen que se volvió viral.

Veto trans en el RugbyFoto: Twitterlarazon

Caso Semenya

El debate de la transexualidad no es nuevo y lleva años generando una gran polémica en el deporte mundial. El caso más famoso es el de la atleta surafricana Caster Semenya que, en un último intento decidía el pasado mes de octubre llevar su caso al Tribunal Europeo de Derechos humanos en respuesta a la negativa recibida por parte de la Federación Internacional de Atletismo, “World Athletics”, a participar en pruebas femeninas porque obtiene una “ventaja injusta” dada su “intersexualidad”.

El organismo dictaminó en 2018 que las normas de la Federación Internacional son necesarias para asegurar una competición justa entre las atletas que participan en distancias que van de los 400 a los 1.500 metros, señalando diferencias en el desarrollo sexual (DSD) que sirven para “obtener una ventaja injusta”.

Semenya no cejó en su empeño de seguir luchando para que la dejan correr con mujeres y apeló la decisión al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que también rechazó su recurso en 2019.

La sudafricana (con hiperandrogenismo, no es trans), tiene prohibido correr entre 400 metros y la milla si no se medica para bajar a cinco nanogramos por litro de sangre su nivel de testosterona. En el caso del COI, el límite es de diez.

Movimiento mundial contra la “ideología de género”

La intensidad del debate ha provocado un movimiento de protesta a nivel mundial que llevó el pasado mes de mayo a la publicación del manifiesto de Save Women’s Sports que fue firmado por destacados deportistas de élite y fue enviado al COI.

La ex tenista estadounidense Martina Navratilova, abiertamente lesbiana, es una de las más de 300 firmantes de una carta promovida por la organización Save Women’s Sport para pedir que se limite la competición a las «mujeres biológicas».

La primera página de la web de Save Women’s Sports se abre con una idea clave de su fundadora, la levantadora de pesas norteamericana Beth Stelzer, que dice que defender a las mujeres en el atletismo no es un tema partidista ni religioso. “Si permitimos a varones competir en deportes femeninos, habrá deportes de hombres y deportes de ambos sexos, pero ya no habrá deporte femenino”, señala.

El Comité Olímpico Internacional (COI) empezó a plantearse ciertas cesiones a la ideología trans en 2015, pero tras el aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio a 2021 por el coronavirus, muchas asociaciones de mujeres deportistas aprovecharon para pedir que se replanteara un asunto que en su opinión amenaza con destruir el deporte femenino.

Desde este movimiento se advierte además de que aplicación de los dogmas “trans-inclusivos” ha causado que “deportistas varones que entre otros varones serían mediocres, ahora arrebaten fácilmente medallas a mujeres atletas”.

En definitiva, La Ley española trans choca de plano con las normas internacionales del deporte y con los intereses del deporte femenino que ve en ella un lastre para las aspiraciones de sus atletas.