Simeone muere con sus principios

El Atlético se olvidó del ataque para centrar sus esfuerzos en no encajar goles como local ante el Chelsea. Fracasó en las dos porterías

Giroud remata de chilena el gol del Chelsea
Giroud remata de chilena el gol del ChelseaROBERT GHEMENTEFE

El valor extra de los goles en campo contrario en caso de empate ronda la cabeza de Simeone al comienzo de cada eliminatoria de Liga de Campeones. Su obsesión es no encajar goles en su campo para aprovechar esa ventaja aritmética en el segundo enfrentamiento. Y a eso dedicó todas sus energías el equipo rojiblanco. Sin éxito.

Tuvo que intervenir el VAR para dar validez al gol de Giroud que el árbitro había anulado. Pero fue Hermoso el que tocó la pelota hacia atrás, un despeje fallido que se convirtió en un pase perfecto para la chilena del delantero francés.

El Atlético había jugado a protegerse en Bucarest, donde actuaba como local y sin público, detalles que ayudan a ser conservador sin remordimientos, aunque no es ése un problema que afecte mucho a Simeone por proteger demasiado su defensa. Y la protegió tanto que llegó a juntar a seis defensas en el borde de su área. Correa era un lateral más al lado de Llorente, que perseguía a Timo Werner. El Atlético intentaba presionar arriba para robar algún balón cerca del área, pero cuando le superaban en la primera línea prefería esperar atrás, como en los primeros tiempos del Cholo. Muy cerca de Oblak.

Pero cuando recuperaba ahí atrás la distancia era demasiado grande hasta la portería de Mendy. Y sólo Luis Suárez estaba por delante de la pelota. Tampoco se entretenía en la elaboración. La jugada comenzaba desde atrás con un pelotazo de Oblak buscando directamente a Luis Suárez. Al Atlético le sobraban los intermediarios porque quería evitar pérdidas tontas cerca de su área que acercaran al Chelsea al gol.

El portero despejaba para que Luis Suárez se buscara la vida. Las ocasiones, las pocas que tuvieron los rojiblancos, llegaron por casualidades. Una mala cesión de Jorginho, un mal control de Mendy, el portero del Chelsea, que dejó la pelota a los pies de Saúl, pero no acertó el centrocampista rojiblanco, que fue honrado y no quiso tirarse ante la entrada del guardameta rival.

El Atlético no buscaba el gol, esperaba un regalo del rival. Y no llegó. El Chelsea dominaba el partido, jugaba en campo del rival, que se sentía cómodo defendiendo. Así ha sido durante años en Europa. El Atlético se encierra esperando el desgaste del contrario sin sentir ningún agobio.

Pero el oxígeno empieza a faltar cuando la estrategia falla y el Atlético tiene que esforzarse por marcar un gol para igualar la eliminatoria. Las remontadas se suelen dejar para la vuelta, pero el equipo del Cholo tuvo que empezarla en la última media hora del partido.

Era un plan improvisado de un equipo pensado para otra cosa. Y el riesgo era que el Chelsea encontrara otro gol en un contraataque. A eso se aplicó Timo Werner, el delantero fichado del Leipzig, que se perdió la eliminatoria de la temporada pasada entre el equipo alemán y el Atlético pensando en partidos como éste con su nuevo equipo.

No encontró el gol el delantero del Chelsea. Tampoco el Atlético. Simeone decidió entregar todas sus energías a la defensa, sacrificar a alguno de sus mejores hombres en ataque por la tarea de proteger la portería de Oblak. Y cuando quiso reaccionar era tarde.

No es extraño que Simeone cambie el dibujo durante el partido incluso en varias ocasiones. Pero más difícil que varias un sistema es cambiar sobre la marcha la cabeza de los futbolistas que llevan días preparándose para una cosa y tienen, de repente, que enfrentarse a una realidad diferente.

Buscó en el banquillo, pero tenía más jugadores defensivos que ofensivos. Allí esperaban, por ejemplo, Kondogbia y Torreira, mientras Llorente, Lemar y Correa se aplicaban en ejercicios defensivos sobre el césped. Entró Torreira para recomponer el equipo, como Lodi, y con ellos Vitolo y Dembélé.

El resultado fue igual de improductivo. Es complicado marcar goles cuando no hay ni siquiera un disparo entre los tres palos. Simeone despreció el ataque, como suele hacer en situaciones de riesgo, y el Atlético tendrá que doblar sus esfuerzos ofensivos para el partido de vuelta en Londres.