El Barcelona remonta al Sevilla (3-0) y jugará la final de Copa

Un gol de Piqué mandó el partido a la prórroga. Antes había marcado Dembélé y Braithwaite sentenció. El Sevilla pidió un segundo penalti por mano de Lenglet

Los jugadores del Barcelona celebran la clasificación para la final de Copa
Los jugadores del Barcelona celebran la clasificación para la final de CopaAFP7 vía Europa Press AFP7 vía Europa Press

«Si remontamos al Sevilla cambia la temporada...», dijo Piqué. Y fue el defensa el que propició esa remontada con un cabezazo pasado el minuto 90 que mandó la eliminatoria a la prórroga en la que ya se puede llamar la Copa de los milagros para el Barcelona. Porque sí, otra vez, como con el Granada, se agarraron a la vida los azulgrana y siguen adelante ni más ni menos que a una final, a la posibilidad de ganar un título en un curso muy complicado para el equipo y para el club. El milagro fue ese gol, merecido por lo que se vio en el campo, pero también el penalti que paró Ter Stegen que olía a punto y final.

Dembélé fuera. Dembélé fuera. Dembélé gol. Así se resumió el comienzo del Barcelona. Estaba obligado a irse al ataque por el 2-0 que le había metido el Sevilla en la ida, hace casi un mes. Pero el enfrentamiento más reciente entre ambos fue el pasado sábado en Liga, y se impusieron los azulgrana y como si de una prolongación de ese encuentro se tratara, incluso con el mismo once, salió a por todas el Barcelona. Lopetegui sí alteró su equipo buscando tener más el balón, pero le costaba recuperarlo. Intentó presionar más arriba para no echarse demasiado atrás, pero su rival encontraba soluciones. Salía el Barça, recibía cómodo Pedri y las ocasiones fueron llegando hasta que el francés acertó. El partido apenas había comenzado y el Sevilla encontró un rato el balón, pero apenas lograba crear peligro. Lo más cercano fue un pase largo a Luuk de Jong al que no llegó porque le faltó decisión. Al menos, las tres o cuatro posesiones largas le sirvieron para respirar, pero sus futbolistas de calidad, hombres como Suso u Óliver, no aparecían en las zonas de peligro y tampoco encontraban a En-Nesyri en los balones largos. El cuarto de hora final de la primera parte fue otra carga de los locales. Con mucha participación de Messi y el campo ancho con los dos carrileros, encontraba espacios y Acuña evitó el segundo casi en la línea. El lateral izquierdo fue de los más destacados: mantenía a raya a Dest.

Pero tenía el Barça otros recursos, como la velocidad de Dembélé, un Jordi Alba más selectivo que el otro lateral, pero más peligroso, y, sobre todo, una presión eficaz que le llevaba a recuperar la pelota pronto.

Lopetegui suele ser un entrenador intervencionista cuando no le gusta lo que ve y no tardó en sacar a Rakitic, Rekik y Navas, este último por obligación porque Aleix Vidal, que estaba siendo de los mejores con sus cabalgadas, se lesionó. Pero el cambio fundamental del conjunto hispalense es que se cerró mejor. Cada posesión del Barcelona ya no terminaba en una opción de marcar. La movía el conjunto azulgrana de acá para allá, pero siempre había una barrera delante. Nada de poder recibir y girarse. Problemas para que Messi y Pedri se encontraran, y también pérdidas de pelota más precipitadas. El cansancio físico y mental también influía y Koeman recurrió a Griezmann. Todo era un poco más aturullado: demasiado juego por el centro, muriendo el balón entre las piernas con las medias rojas. Entendió Dembélé que el juego por la banda era necesario. Con Griezmann, su compatriota se fue a la derecha y el centro lo estrelló Jordi Alba en el larguero de forma espectacular.

Eran demasiados minutos sin una ocasión clara del Sevilla. Y le llegó clarísima: un penalti de Mingueza a Ocampos. En el Barça también colaboró en la remontada Ter Stegen, que adivinó la intención del argentino y paró. Pero el encuentro estaba ya desordenado, con los cambios y con la fatiga. Parecía el conjunto de Lopetegui dispuesto a dar la puntilla, pero todavía le quedaba el ataque a la desesperada de cinco minutos de su rival. Balones al área, sea como sea, y en la segunda acción, tras un córner, Piqué remató de cabeza, y, además, justo antes Fernando había sido expulsado. El centro fue de Griezmann. Hasta los cambios le salieron bien a Koeman.

Se le ponía muy clara a los barcelonistas la clasificación, que si algo han demostrado en esta Copa es fe. No tardó Braithwaite (otro que entró de refresco) en acertar en un cabezazo, pero todavía le quedaban cosas al partido. La más notable fue la mano de Lenglet que volvió loco al conjunto andaluz. Era en el área, otro posible penalti. La pelota le había rebotado antes en el pecho y Sánchez Martínez no vio pena máxima. No pudo más el Sevilla. Piqué terminó cojo, sin poder correr.