Real Madrid-Liverpool (3-1): Vinicius marca el camino

El equipo de Zidane fue superior en la primera mitad, pero el Liverpool se acercó tras el descanso. Decisivo el brasileño y brillante Kroos

Militao, titular en el Real Madrid-Liverpool
Militao, titular en el Real Madrid-LiverpoolAFP7 vía Europa Press AFP7 vía Europa Press

Antes de llegar al descanso, Klopp cambió el once del Liverpool. Quitó a Keita y sacó a Thiago, desesperado porque su equipo corría detrás del Real Madrid, no veía la pelota y no estaba muy claro con que plan había llegado al partido de ida de los cuartos contra el Real Madrid. El cambio le salió bien porque en la segunda mitad, su equipo dio otra sensación, marcó y dejó la eliminatoria abierta para la vuelta, cuando al acabar la primera parte, parecía hecho para el Madrid.

Puede también que Klopp tuviese claro lo que quería hacer, pero el juego del Real Madrid le desbordó y le hizo cambiar de plan. O puede incluso que alemán tuviese envidia y quisiese en el campo un futbolista capaz de hacer lo que había hecho Kroos en el primer gol del equipo de Zidane. Bajó a recibir la pelota, le indicó a Vinicius el desmarque, levantó la cabeza e hizo eso tan difícil de poner el balón justo donde había mirado, para que el brasileño resolviera como si fuese un delantero nato e infalible. Al fútbol le cuesta salir del barro: la polémica, los árbitros, la presión, robar y salir, faltas tácticas y todos eso embrollos con los que pasamos los días y nos conformamos porque hay que seguir viviendo. Pero a veces salta la belleza, a veces, te deja un pase como el de Kroos.

El primer gol del Madrid confirmó lo que se estaba viendo: que el equipo blanco era mejor, que quería dominar y que la presión del Liverpool se diluía ante la salida limpia de la pelota. Dio la impresión que después de intentarlo dos veces y fallar, el conjunto inglés decidió hacerlo con menos intención, replegarse atrás. Dio la impresión, en fin, que tuvo miedo. El Madrid no. La pena que fue el Liverpool perdió el miedo tras el descanso.

Zidane había perdido a Varane por la mañana porque el coronavirus se empeña en recordarnos su presencia pese a que consumimos noticias de vacunas como si eso pudiese cambiar algo. La ausencia de francés se unía a la de Ramos y a la de Carvajal. Si Zizou tenía un plan con tres centrales, lo aparcó y formó con cuatro atrás. Ojo: Lucas Vázquez, que hace tres días era un extremo regateador; Nacho, el suplente habitual; Militao, el cuarto central y Mendy. Y enfrente, Salah, Mané y Jota. Si esta última frase no es en sí misma, un relato épico es que nada lo es. Aguantó la defensa bien, aunque tembló un poco cuando el rival sacó el carácter que antes o después tenía. Tardó cuarenta y cinco minutos, eso sí. Pero le dio para un gol.

No dudó el Madrid al principio, pese a que tenía motivos para ello. Salió a Valdebebas con la convicción habitual de estos días mientras el Liverpool no sabía si estaba en un campo entrenando, como dijo Klopp, con mala idea en mal momento, o si había empezado la eliminatoria.

El Madrid no sufría atrás y superaba la primera presión del rival. Luego intentaba lo de costumbre: que Vinicius fuese haciendo agujeros en una defensa frágil. Lo hizo durante todo el partido.

Vinicius rompió el marcador porque ha aprendido a marcar y ahora ya es un futbolista que decide los encuentros grandes. Porque el pase de Kroos tuvo continuidad en su control de pecho y su remate. Tampoco se equivocó ni necesitó ningún rebote para hacer el tercero, el que volvía a abrir la esperanza blanca. Empieza a ser el jugador que esperaban que fuera cuando el Madrid se fue a Brasil a ficharlo. «Dale, dale», le decía Ramos desde la banda para animarle a regatear y sus compañeros, durante el partido y sobre todo en la segunda mitad, no hacían más que buscarle y buscarle.

Cuando fue sustituido en el descanso, el aplauso que le dio la grada casi sonó como si fuese de un estadio lleno. Pero eran sólo los compañeros.

El Liverpool, en la primera mitad, sólo intentaba balones largos a los desmarques de Mané, pero la solidaridad del Madrid frenaba cualquier intento. Si subía Asensio, a la banda iba Modric, mientras Lucas Vázquez se dejaba la vida yendo a cualquier fuego y entendiendo mejor que nadie que el colegiado no iba a pitar como falta contactos. Y puede que ni las faltas.

Ramos se desgañitaba desde la grada: «Aire, aire», gritaba para que la defensa se adelantase cada vez que salía el balón de esa zona.

Tardó en despertar el Liverpool, pero cuando lo hizo demostró que esta eliminatoria va a estar viva hasta el último segundo. Necesitó muy poco para hacer un gol en quince minutos de dominio en la segunda mitad, cuando el partido se igualó. El problema es que si va hacia delante, se despista atrás.

Lo que había ocurrido en el segundo tanto del Madrid ya dejó claro que es un equipo con problemas: un pase atrás, sin mirar es un suicidio

El error lo aprovechó Asensio, otra vez en la banda, donde trabaja, pero luce menos. Su posición es cerca del área, para recoger esos balones, hacer un sombrero al portero y marcar. Asensio acabó desfondado, con las piernas pesadas y sin ya poder decidir bien cuando, en la segunda mitad, tuvo alguna llegada. Zidane le cambió por Valverde.

El partido ya estaba igualado. El Madrid sabía que la diferencia de dos goles era un buen botín, mientras el Liverpool buscaba un gol para en la vuelta no tener que recurrir al milagro.

Los cambios de Klopp iban enfocados a eso. Pero dejaba huecos atrás y Vinicius estaba iluminado, aunque agotado. No pasó nada más, que no había pasado poco. Aún queda Anfield. Nadie dijo que fuera fácil.

La gran duda en la previa era saber si el Real Madrid seguiría jugando con tres centrales y dos carrileros, como ha hecho en los últimos partidos. Quizá la baja a última hora de Varane por su positivo en coronavirus ha hecho cambiar de planes a Zidane. O no, y ya lo tenía así decidido y lo único que ha supuesto es la entrada en el once de Eder Militao, que tiene una prueba de fuego.

El once titular del Liverpool es: Alisson; Alexander Arnold, Phillips, Kabak, Robertson; Fabinho, Wijnaldum, Keita; Salah, Mané, Jota.