El traje nuevo del emperador Sergio Ramos

Algo se ha roto, y con razón, en la relación entre el capitán del Real Madrid y su hinchada

Sergio Ramos celebra el gol que le marcó a la Atalanta
Sergio Ramos celebra el gol que le marcó a la AtalantaBernat Armangue

Contaba John Toshack que los lunes, después de perder, estaba tan enfadado con sus futbolistas que su impulso era cambiar a los once para el próximo partido. El miércoles, ya menos caliente, sólo quería cargarse a cinco y el sábado siguiente, a la hora de decidir la alineación, acababa eligiendo a los once «cabrones» de siempre. Eso le ha sucedido al madridismo con Sergio Ramos y su lesión con España.

El jueves, al saber que el capitán se perdería la semana más importante de la temporada para el Real Madrid, la afición estaba como Toshack esos lunes después de perder. El paso de los días, la portería a cero en el choque ante el Eibar con los tres centrales y el extintor que siempre lleva en la mano Zidane han calmado a la hinchada, pero algo se ha roto, y con razón, en la relación con su líder.

Kroos, nada más llegar a la concentración de Alemania con molestias, habló con su seleccionador y se volvió a Valdebebas para preparar las citas con el Liverpool y el Barcelona. Sergio debería haber hecho lo mismo y resulta muy difícil de explicar que se quedara, a pesar de estar fundido, sólo para sumar internacionalidades con la selección y batir un récord que va a ser suyo sí o sí.

Los más grandes corren el riesgo de ser engullidos por su personaje y algo así le está pasando a un mito del Real Madrid incluso antes de retirarse. El emperador iba desnudo y todo el mundo lo sabía menos él. Ramos sueña con los Juegos y con el récord, pero no va a estar en los días que más ilusionan a su afición. Por eso su renovación ha dejado de ser importante para ellos. Los futbolistas pasan, el Madrid queda y parece que Ramos ya ha pasado.