El Brexit de la Superliga: City, Liverpool, Tottenham, Arsenal, United y Chelsea se van

Los clubes ingleses asestan un golpe a la Superliga al abandonar el proyecto. La UEFA y el gobierno británico presionaron para que se marcharan

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Bajó Peter Cech porque el autobús del Chelsea no encontraba otro medio de pasar para poder disputar su partido contra el Brighton de la Premier League. Los aficionados habían parado a la plantilla para mostrar su indignación por formar parte de la Superliga y no había manera de solucionar eso. El partido se retrasaba, los hinchas no se iban y el autobús estaba parado como en un atasco, pero sin que hubiera ningún atasco. Aquello era un callejón sin salida. Entonces bajó Cech y con la autoridad que le da haber sido uno de los mejores porteros de la entidad, pidió tiempo. Rodeado de aficionados, con carteles y enfados por lo que consideraban que era un traición de su equipo, lo repitió de nuevo: «Dadnos tiempo», para ver si le hacían caso. Y pasado el tiempo, poco tiempo, el Chelsea dijo que se estaba pensando seguir en la Euroliga. Era el primer paso, el que hizo click, el primer golpe que avisó a la organización que el proyecto no iba a salir porque sin los ingleses no parece tener mucho sentido.

Existe un contrato firmado y, aunque las cláusulas no se conocen, se supone que habrá penalizaciones, pero es poco probable que Roman Abramovich y a los otros millonarios del City, Arsenal, United, Liverpool o Tottenham les preocupe el dinero que tengan que pagar por dejar una competición con apenas 48 horas de vida. Era un proyecto de ricos que los primeros que han abandonado han sido los más ricos entre los ricos, los que no necesitan ingresos propios para formar las plantillas más potentes.

Las presiones de la UEFA y también del Gobierno británico, unido al sentir de los aficionados que mostraron su indignación en las calles o en las redes fueron determinantes.

El City, el primero en anunciar su salida

Resultó que el Chelsea no era el único con dudas. El City tampoco lo tenía claro y también reflexionaba sobre su permanencia. Reflexionaba para no seguir. Y fue el primero que lo hizo público. En el aire aún estaban las palabras que había dicho Pep Guardiola horas antes. El entrenador español aseguró que no tenía información suficiente acerca de lo que estaba sucediendo. Pero, sin embargo, sí que tenía la opinión formada: «No es deporte cuando la relación entre el esfuerzo y el éxito, entre el esfuerzo y la recompensa, no existe. No es deporte cuando el éxito está garantizado de antemano. No es deporte cuando no importa si pierdes», aseguraba el entrenador de uno de los clubes más ricos del planeta. Y añadió: «No es justo cuando un equipo lucha, lucha y lucha, llega hasta lo más alto, pero no puede clasificarse porque el éxito ya estaba garantizado para otros pocos clubes».

Pep Guardiola es algo más que un entrenador en el club inglés. Antes de que llegara se creó una estructura sólo para convencerle y que estuviera contento. Cuando el City estuvo amenazado de ser expulsado de la Champions por su mala práctica económica, Guardiola prometió fidelidad. Por eso sus palabras pusieron ayer en marcha el mecanismo de salida y empujaron al resto. En el Liverpool, los jugadores sacaron un comunicado con su capitán Henderson a la cabeza pidiendo no jugar la competición: «No nos gusta y no queremos que suceda»,, decían. «Esta es nuestra postura colectiva», añadían. «Nuestro compromiso con este club de fútbol y sus aficionados es absoluto e incondicional». El entrenador, Klopp, también había mostrados sus reticencias.

Reunión de urgencia de la Superliga

Hubo una reunión de urgencia de la Superliga, pero no paró la desbandada. Tras el City, a medianoche, los cinco equipos ingleses que quedaban, se marchaban. Es cierto que el ambiente en Inglaterra ha sido contrario a la Superliga, desde los aficionados hasta el Gobierno. «Vamos a mirar todo lo que podemos hacer con las autoridades del fútbol para asegurarnos de que esto (la Superliga) no sale adelante como está planeado», aseguró Boris Johnson, el primer ministro. Las presiones tanto de las autoridades como de los aficionados han golpeado muy duro a unos dirigentes millonarios que no quieren más problemas con el fútbol. Además, según anunció «L’Equipe», Ceferin puede suavizar un poco ahora el fair play financiero. El presidente de la UEFA estuvo contra las cuerdas y ahora se siente liberado.

El golpe es duro para la Superliga, que hoy decidirá cómo afronta su futuro, pero sin los ingleses y con el PSG y el Bayern decididos a seguir en el lado de la UEFA y las actuales instituciones, el proyecto, tal como se había planteado tiene poca trayectoria. De los cuatro semifinalistas de esta Champions, sólo el Real Madrid sigue manteniendo su postura de que había que cambiar.