Real Madrid

Chelsea-Real Madrid (2-0). Sin opciones

El equipo de Zidane fue inferior al conjunto inglés durante todo el partido. Courtois salvó un resultado que pudo ser peor. Benzema tuvo las dos únicas ocasiones

Tammy Abraham, el jugador del Chelsea, hoy
Tammy Abraham, el jugador del Chelsea, hoyTOBY MELVILLEREUTERS

Llegó el Madrid con esperanzas hasta casi el tramo final contra todo pronóstico, contra lo que decía la realidad: el Chelsea fue mejor. Con una media hora alucinante en Valdebebas y con el control del choque de vuelta en Londres. Si no lo decidió antes fue porque Courtois lleva una temporada en estado de gracia, pero eso no es suficiente para llegar a la final. Le falta un punto más al equipo de Zidane, que es lo que buscará este verano, y le faltó, en el campo del Chelsea, físico. Fue superado siempre y los rivales parecían ir en tren, mientras el Madrid trotaba. Con jugadores como Mendy y Ramos sin minutos y lentos, listos por los pelos y con Vinicius de lateral (y después Asensio y Valverde) obligado por las bajas, compitió el Madrid y tuvo orgullo. Pero la derrota era lo lógico.

Lo de Vini en la banda fue una apuesta de Zidane y no siempre salen. Sin Carvajal ni Lucas Vázquez y sin fe en Odrizola, se la jugó: le puso de carrilero derecho, a ver si podía hacer daño en ataque y no sufría mucho en defensa, pero no arregló nada y esa imagen del brasileño superado y el equipo pendiente de ese lado probablemente afectó al Madrid, que se vio débil en defensa y no fuerte en ataque. Tenía que hacer dos cosas: meter un gol y controlar el partido para que el Chelsea no corriera. No le salió ninguna. El equipo de Tuchel hizo el encuentro que tenía planeado: mucho orden atrás, sin dejar ni un resquicio a Modric, Kroos, Hazard o Benzema y morder cuando había que morder. Que no pasase nada hasta que ellos decidieran que pasase. No tuvieron el balón, pero sí el tiempo del partido.

Su primera media hora en Valdebebas marcó una eliminatoria en la que el Madrid tuvo que pensar demasiado cómo evitar que le hicieran daño. Lo consiguió a ratos y en otros, sobre todo en el comienzo de la segunda mitad, fue un milagro que saliese vivo porque todo el peligro fue del Chelsea. Pero si los de Tuchel quieren ganar la final a Guardiola necesitan un máster acelerado de remate.

«Queremos el balón», había dicho Zidane al acabar su discurso el día antes del partido y le hicieron caso, aunque no con la suficiente profundidad o rapidez para desordenar al rival y ganarle el partido. Fue un Madrid de ritmo lento que se fue desfondando: no quería sorpresas atrás y se tomaba su tiempo para crear sus ataques. Un Madrid selectivo, con pocas oportunidades, muy pocas y sólo en la primera mitad. Aunque es verdad que muy claras. Si no llega a ser por Mendy y las dos manos que puso a Benzema, hoy estaríamos escribiendo otra crónica, con otros adjetivos más rimbombantes. Pero el primer disparo a la media vuelta del francés, lo sacó el portero del Chelsea con una mano prodigiosa y en un remate de cabeza de una jugada posterior, saltó lo suficiente para sacar un cabezazo demasiado centrado.

Necesitaba crear más el Madrid, pero no le dio. Quería seguridad y perdía mordiente. Después, también perdió la seguridad. Por ejemplo, cada vez que Vinicius llegaba a la esquina del área, en vez de amenazar con el regate buscaba el pase atrás, para nada. Vinicius fue el hombre del partido por su posición, porque no se aprende a defender en un día, a colocar el cuerpo para sacar la pelota, a no ponerse nervioso atrás. Se quedó lejos del área rival y no ayudó en la otra.

No se esperaba al brasileño en el equipo titular y para nada en esa posición. Sí a Hazard, que tras su dinamismo en los minutos en citas anteriores, se había ganado empezar el partido. Pero pasó por el choque de puntillas, como en el noventa y nueve por ciento de los encuentros que ha disputado con el equipo de Zidane. Había mucha ilusión puesta en él, porque volvía a su casa, donde se ganó la fama y porque parecía físicamente listo. Puede que lo estuviese, pero no aportó nada en ataque. No le dejaron tampoco. Siempre recibió de espaldas, en desventaja.

El Chelsea se defendió sin muchas angustias y golpeando con fuerza a los rivales para ir marcando las distancias. Al principio dio la impresión, y eso decían los números de la posesión, que el conjunto español dominaba la situación: tenía la pelota y la movía. Pero no siempre es lo que parece. El Chelsea esperaba: un chasquido, una pérdida, una salida en falso o un cambio de ritmo de Kanté. O todo junto. Marcó la primera vez que llegó, pero el tanto fue anulado por fuera de juego. No falló la segunda cuando Kanté, el hombre de la eliminatoria, que se ha comido a Kroos, Modric y Casemiro, arrancó. Estuvo en los dos goles de su equipo. Rápido en el de la primera mitad y con oxígeno en el segundo, a falta de cinco minutos.

En medio, un Chelsea que llegó una, dos, tres y cuatro veces sin atinar y un Madrid impotente, vivo en el marcador, pero un zombie frente a un rival poderoso.