Jon Rahm se sabotea a sí mismo en el Abierto Británico

Después de un comienzo gris y con +1 tendrá que vencer al campo este viernes para pasar el corte y llegar al fin de semana

Jon Rahm, en el hoyo 17 del Royal St George's, el campo donde se disputa el British Open
Jon Rahm, en el hoyo 17 del Royal St George's, el campo donde se disputa el British Open FOTO: Peter Morrison AP

La frustración por la expectativa incumplida es directamente proporcional al tamaño de la misma, así que el cabreo de Jon Rahm, indómito carácter de ganador, debe ser hoy del tamaño del estado de Arizona, en el que reside, porque llegó al Royal Saint George’s sin renegar de su papel de gran favorito al triunfo. Pero los 71 golpes con los que despachó su primera vuelta (uno sobre el par del campo) constituyen un resultado decepcionante que casi lo inhabilita para la victoria el domingo y que compromete incluso su participación durante el fin de semana.

Esta tarde, el corte en la 149ª edición del British Open se situará en la septuagésima plaza, probablemente en el par del campo e incluso en -1, lo que obligará Rahm a vencer en la segunda vuelta a este endemoniado recorrido de «links» –vegetación baja en la orilla del mar– sobre el Canal de la Mancha, justo frente a la costa de Dunquerque. Es algo al alcance del vasco, desde luego, que sí necesitará para vencer un «bendito milagro», como califica Winston Churchill en sus memorias a la Operación Dinamo, la que permitió embarcar en el puerto francés al grueso de la fuerza expedicionaria inglesa que, en el verano de 1940, había sido barrida de Francia por la Wermacht.

El día de la épica, si llega, será el domingo. Hoy le tocará a Rahm remar para batir al campo y, para ello, deberá corregir los dos defectos que presentó ayer en su juego: una inusual febrilidad con el putter, que le impidió embellecer su tarjeta con unos cuantos «birdies» que se escaparon por milímetros; y una mejor lectura del «link», ya que el doble bogey del hoyo 9 lastró su jornada. Se empecinó Rahm en una salida de búnker hasta el green y el talud, durísimo, le devolvió la bola al mismo punto de donde la había golpeado.

El juego del campeón español, en general, no fue malo pero un torneo de esta envergadura exige aprovechar las oportunidades, como hizo en ese hoyo 18 que abrió la puerta a la esperanza, cuando embocó un putt de tres metros que entró zigzagueando para terminar el jueves, al menos, con una sonrisa en los labios.

Salir a jugar el sábado será pues el primer propósito de Jon Rahm en este British Open que ha empezado con mal pie, pero se trataría más de un servicio mínimo que de un propósito cumplido. Lanzado tras su victoria en el US Open y por su primado mundial –que perdió el domingo pasado tras ser séptimo en Escocia–, el campeón español se plantaba en el Royal Saint George’s como el primer aspirante a una victoria que, hoy, queda lejísimos. Tanto, que la estadística muestra que ningún golfista ha ganado el British en su siglo y medio de historia partiendo desde tan atrás en el tee 1 un viernes.

Porque Rahm tiene capacidad para jugar muy bien, claro, pero con semejantes clientes a seis (Jordan Spieth) o siete (Louis Oostrhuizen) golpes, la acumulación de circunstancias para que el domingo brinde con la Jarra de Clarete debería ser poco menos que milagrosa. Igual que aquel verano en Dunquerque...

Sergio García es el mejor de los españoles

Sin brillar en los grandes desde su victoria en Augusta 2017, Sergio García se mostró ayer muy sólido y terminó la jornada con 68 golpes, dos bajo par y alrededor de la vigésima plaza. Es uno de los muchos ilustres bien colocados de cara al fin de semana. Sendos birdies en los dos últimos hoyos lanzaron al castellonense en la clasificación, en la que los otros tres golfistas españoles –excluido Rahm– rondarán hoy las posiciones de corte. Gonzalo Fernández Castaño acreditó el mismo +1 que el vasco, un golpe menos que el extremeño Jorge Campillo. Rafa Cabrera Bello, por último, completó el primer día al par del campo, con tres birdies y tres bogeys. Tuvo un último putt en el dieciocho para irse con -1, pero no acertó.