Puñetazos, abandono...: los crueles métodos del padre de Verstappen y otros progenitores obsesivos

El flamante campeón del mundo ha revelado la violenta disciplina de Jos Verstappen para convertirlo en un campeón. Otros, como Agassi, Jelena Dokic o Tonya Harding, ya lo hicieron antes

Los cuestionables métodos de padres de las estrellas del deporte en busca del éxito
Los cuestionables métodos de padres de las estrellas del deporte en busca del éxito FOTO: Archivo La Razon

El neerlandés Max Verstappen (Red Bull), que se proclamó, tras un final de infarto, campeón del mundo de Fórmula Uno. Se convirtió, a los 24 años, en el nuevo rey de la categoría reina; en la que destronó al inglés Lewis Hamilton (Mercedes), plusmarquista de casi todo y que optaba a un inédito octavo título mundial tras capturar seis de sus siete coronas durante las siete temporadas previas a esta.

Formación extrema y obsesiva

“Mad Max”, como pronto fue apodado por su estilo de pilotaje agresivo se anotó el Mundial más emocionante y apretado de los últimos años pero el camino para llegar a la cima no ha sido fácil. Su carácter y su forma violenta de conducir es fruto de una formación extrema y obsesiva forjada por su padre, el ex piloto de F1 Jos Verstappen.

Max creció de golpe y a golpes. El conocimiento que había adquirido durante casi una década en la Fórmula 1 se lo traspasó a su hijo, el ganador más joven de la categoría con 18 años y 227 días. Aunque sus métodos no fueron pedagógicos más bien parecían un duro entrenamiento militar. Según reveló en CarNext, Max tendría 8 o 9 años cuando un miércoles de invierno lo retiró de la escuela, lo llevó al circuito local y lo hizo probar pese al dolor que le causaba el frío.

“Casi no podía sujetar el volante”, reconoció Jos Verstappen, al tiempo que recordó las súplicas del pequeño piloto, quien le pedía parar por no poder resistir el dolor que le provocaba el frío en las manos.

Golpes en el casco y abandonado en una gasolinera

También recordó como su padre lo golpeó varias veces en el casco en el Campeonato Mundial de Karting que acabó ganando y como en una ocasión tras quedar fuera de una carrera su padre lo abandonó en una gasolinera. “Cuando me dio golpes, pensé: ‘¿Qué ha pasado aquí?’. Lo cierto es que estaba pilotando como un borracho”, relató por su parte Max, viendo como normal y necesaria aquella reacción de su padre. En el Mundial de Karting CIK-FIA de KZ2 de 2012, Verstappen logró la pole pero se estrelló y quedó eliminado.

“Mi padre estaba realmente enfadado y decepcionado conmigo. Rompió la carpa, todo, lo tiró en la furgoneta. Tuve que recoger el kart con un amigo mío en la pista después de la carrera porque mi padre me dijo que tenía que hacerlo yo mismo”, contó Max en la mencionada charla. “Nos sentamos en la furgoneta de regreso a casa. Quería hablar con mi padre sobre lo que pasó, mi opinión sobre el incidente, pero mi papá no quería hablar conmigo. Seguí intentándolo y en un momento dado se detuvo en una estación de servicio y dijo: ‘Fuera, no quiero hablar más contigo’”. Jos lo dejó abandonado en la estación de servicio.

Ahora, Verstappen es campeón del mundo y ambos hablan de su dura educación con normalidad pero, no por ello, los métodos de su progenitor son defendibles.

La historia del deporte esta plagada de padres obsesivos que en muchos casos no acaban tan bien como la del piloto. Estrellas de la talla de André Agassi, Jelena Dokic, Liliana Szilágyi o Tonya Harding han recordado con horror la presión y los abusos que sufrieron por parte de sus progenitores:

ANDRE AGASSI

El estadounidense, número uno del tenis de los noventa vivió agobiado por la obsesión de su padre que lo llevó a soportar entrenamientos extremos e incluso a que lo drogara con metanfetaminas antes de jugar siendo un niño. La presión y los abusos le llevaron a proclamar en su autobiográfica sobre su odio por el tenis. “Yo no quería ser una gloria del tenis. Ese era el sueño de él. Y así llegué a estar tan desconectado de mi propia vida que llegué a ser el número uno en el mundo odiando lo que hacía. Por eso me alegré el día que dije adiós a la competición”. En su libro “Open” revela que siempre vivió con miedo a su padre, un hombre de mal carácter y violento.

LILIANA SZILÁGYI

La historia de la nadadora húngara Liliana Szilágyi, medallista en el Europeo de Glasgow en 2016 y olímpica es sin duda una de las más desgarradoras del deporte. La joven, de 25 años, revelaba el pasado mes de diciembre, a través de las redes sociales, que había sido víctima de torturas y abusos sexuales y psicológicos por parte de su padre que era también su entrenador.

“Fui abusada. Y por un hombre al que debería haberle pedido el mayor amor y aceptación. Mi padre abusó de mí. Físicamente. Espiritualmente. Sexualmente. Desde la infancia. De manera constante e impredecible. Disfrutaba ejercitando su poder sobre mí. Ya fuera castigo corporal, intimidación, amor y atención o abuso sexual”, escribió.

La nadadora concluye su relato asegurando que posiblemente muchos no la creerán e incluso la odiarán. “Mi padre seguramente tendrá una respuesta a esto. Es el Dr. Zoltán Szilágyi, un abogado adinerado, educado y entrenador de natación que trabaja con niños. Quizás nadie creerá cual es su verdadero yo a puerta cerrada”.

SAQUILLE O’NEAL

Jacj MacMullen, autor de la polémica biografía de Saquille O’Neal, desveló que el padre del jugador, Phillip Harrison, le propinaba palizas cuando era pequeño. “No estoy hablando de azotes, sino de pegar con el cinturón y golpearlo brutalmente”, aseguró en su día MacMullen.

JELENA DOKIC

La tenista Jelena Dokic, semifinalista en Wimbeldon y y cuarto puesto del ranking WTA, en 2014 se retiró por lesión y luego confesó haber sufrido abusos psicológicos y físicos por parte de su padres mientras era jugadora.

“Él me golpeaba realmente fuerte”, escribió Donkic en su autobiografía “Unbreakable” (Indestructible). “Básicamente empezó desde el primer día que jugué tenis. Desde ahí continuó y se salió de control”, añadió.

La extenista de 34 años relata que su padre le escupía en la cara, tiraba de sus pelos y orejas y pateaba sus espinillas. Cuando fue eliminada de las semifinales de Wimbledon le prohibió dormir en el hotel, razón por la que el árbitro del torneo le consiguió dónde pasar la noche tras encontrarla en la sala de jugadores a las 11 de la noche. También en el año 2000, Dokic padre golpeó a su hija hasta dejarla inconsciente. “El golpe en la cabeza me hizo caer y, mientras estaba tendida en el suelo, comenzó a patearme. Me pateó cerca de mi oreja y mi visión se volvió borrosa”, describió la tenista en su autobiografía.

JENNIFER CAPRIATI

Jennifer Capriati ganó el oro olímpico en Barcelona ‘92 -venciendo en la final a Steffi Graf- y tres grand slams, además de ocupar el 1° puesto del ranking WTA en 2001 y de haber sido incorporada al Salón de la Fama del tenis en 2012. Su estilo de juego se caracterizó por la potencia de sus golpes. Golpes que ella misma recibía y la convirtieron en un juguete roto.

Años después, Stefano Capriati terminó admitiendo su culpa en la caída a los infiernos de su hija Jennifer, niña prodigio que terminó sumida incluso en las drogas. Stefano sometió a su hija a una excesiva dureza, prohibiendo incluso que vieras a sus amistades y que acudiera a cualquier tipo de ocio. La tenista fue arrestada por robo y tenencia de ‘crack’ y heroína e incluso llegó a pensar en suicidarse. Fue ingresada en una clínica de desintoxicación y tras romper relaciones con su padre volvió a ganar el Open de Australia y Roland Garros.

MARY PIERCE

La tenista fue sometida por su padre a maltratos físicos y psicológicos, incluso delante del público de los torneos: la increpaba desde el medio de la tribuna, le arrojaba objetos cuando salía tras perder un partido y llegó a hacer que sus gafas volaran de una bofetada. Cuando agredió a un espectador en Roland Garros, la WTA lo expulsó del circuito por cinco años y ella debió contratar seguridad privada para que no se le acercara.

TONYA HARDING

La patinadora olímpica Tonya Harding se vio implicada en un suceso violento en las competiciones preparatorias para los Juegos Olímpicos de invierno de 1994. La acusaron de organizar el ataque a una rival Nancy Kerrigan.

La reciente película Yo, Tonya” narra su historia y pone de manifiesto que la violencia siempre estuvo presente en la vida personal de la patinadora. La joven sufrió malos tratos desde que su madre la acompañaba a la pista con tan solo 3 años: su madre le pegaba, la insultaba y la llamaba fea, gorda, fracasada, marimacho... Aseguraba que había que decirle que no iba a conseguir nada para que se esforzara más en los entrenamientos. Cuando tenía cuatro años, la puso a entrenar varias horas al día: creía que su hija funcionaba mejor cuando estaba enfadada. Incluso llegó a arrojarle un cuchillo, reveló la deportista al narrar su calvario.