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A la sombra de la Giralda

Sevilla y Betis, Sampaoli y Víctor Sánchez, el Yang y el Yin por sus carismas antitéticos

El meta bético Adán, intenta evitar un gol en uno de los derbis disputados por el Sevilla y el Betis
El meta bético Adán, intenta evitar un gol en uno de los derbis disputados por el Sevilla y el Betislarazon

Sevilla y Betis, Sampaoli y Víctor Sánchez, el Yang y el Yin por sus carismas antitéticos

A la historia que relaciona a Jorge Sampaoli y Víctor Sánchez del Amo, entrenadores del Sevilla y del Real Betis, respectivamente, puede adjudicársele, sin temor a la aberración, la misma diferencia que existe actualmente entre los dos equipos que lideran desde sus áreas técnicas. Con recorridos contrarios, con carismas antitéticos, uno y otro son el Yang y el Yin de los que habla la cosmogonía china.

Sampaoli es el Yang; es decir, la luz, el ímpetu, el cielo y las montañas, entre otros. A Víctor, por su parte, le corresponde el Yin: la oscuridad, la pasividad, el valle y los cauces de los ríos. La atribución de estos elementos son fieles reflejos de dos clubes con el único vínculo en común de compartir una ciudad, Sevilla, como sede administrativa. Como el blanco de los ojos.

A pesar del recelo del arranque, Sampaoli continúa ganando crédito entre su hinchada partido a partido. En el inicio, allá por el mes de agosto, el voceado amateurismo no encontraba acomodo en una plantilla ahormada a la escuadra y al cartabón de Unai Emery. Pero, pese a ser su primera experiencia en el fútbol español (y europeo), el técnico argentino nacido en Casilda ha aupado al Sevilla a la tercera posición de la Liga, los octavos de la Liga de Campeones y de la Copa del Rey, después de un resultado en el encuentro de vuelta muy propio del fútbol, justamente, amateur (9-1 frente al Formentera).

A diferencia de Sampaoli, a quien una lesión de gravedad lo apartó de la práctica del fútbol a los 19 años, Víctor sí obtuvo el reconocimiento como futbolista profesional en el recordado Superdépor de Arsenio Iglesias. Su recorrido como entrenador, en cambio, no está siendo halagüeño. El técnico madrileño llegó al Benito Villamarín tras un accidentado periplo en «su» Deportivo. En Heliópolis ya ha dejado de notarse el efecto del nuevo entrenador, aunque los seis puntos sumados ante Las Palmas y Athletic serán tal vez el tesoro que impida que el Betis se despeñe si la cosa se sigue poniendo brava.

A Sampaoli le persigue una cierta fama de filósofo y en su mirada se intuye la inspiración; a Víctor le corre el sudor por las sienes, la expiración, mientras planea qué defensa de más situar en el centro del campo. Su mentor, si se atiende a tal carácter, podría ser Javier Clemente; Marcelo Bielsa es el padre espiritual del argentino. Sampaoli se estimula con infusiones de mate; Víctor sueña con transfusiones de matadores, de ahí que eligiera la manada de lobos como metáfora para su equipo.

El Betis al que ha arribado Víctor no deja de ser un avispero, un club sin un dueño definitivo y con una deficiente gestión que peligra por hacer saltar todo por los aires. El último traspié fue el copero, en el que el Deportivo, otra vez y siempre La Coruña como meta, apeó a los verdiblancos de la única competición que podría haber ilusionado a una afición que ya ni ríe por no llorar.

El Sevilla al que ha llegado Sampaoli es un club que se ha despojado de antiguos complejos y campa entre los mejores de Europa. Después de levantar consecutivamente el título de la Liga Europa en tres ocasiones, al ex seleccionador chileno se le pide un salto. Y en ésas está: imprimiendo la ambición que, dicen, le faltaba al conservador Emery. El premio al ímpetu, a la luz que ahora desprende el juego de su equipo, sería directamente el cielo.

La actual deriva bética sólo desprende olor a fracaso. A la trayectoria de Víctor, que tiene más que perder que de ganar, dado su currículo, sólo le cabe esperar la exoneración de un óptimo valle en el que pastar si la amenazante oscuridad que se atisba se materializa en la completa pasividad. El signo del Yin no será una anécdota. Que vaya aprendiendo. Su próximo destino podría ser la Liga china, ese cementerio de elefantes.