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Antonio Rodríguez «Toñejo»: «Quiero ser el más rápido del asilo»

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Tiempo de lectura 4 min.

06 de julio de 2015. 23:46h

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José Manuel Martín .  6/7/2015

Antonio Rodríguez se sorprende si al otro lado del teléfono no preguntan por Toñejo. «Cuando me llaman Antonio pienso que es de Hacienda o de la Policía», dice este piloto que tuvo que cambiar el motocross por la moto de agua cuando un accidente le paralizó las piernas a los 26 años. Pronuncia cada palabra con un entusiasmo envidiable y ahora pasa por España (vive en Miami) para, entre otras cosas, ser el embajador de la concentración motera «La Catedral» en Pelayos de la Presa, junto al Pantano de San Juan, donde entrenaba el jet ski. «Cada año hay un embajador y cuando me eligieron para esta edición me sorprendió. Que después de tanto tiempo sin venir por aquí se acuerden de mí me hace un montón de ilusión. No sé si soy el embajador, pero sí soy amigo de mis amigos y aquí tengo muchos».

–¿Las motos fueron una buena excusa para no tener que trabajar?

–Me han gustado siempre las ruedas y en mi casa estaban prohibidas hasta las bicicletas. Me subí por primera vez en una moto y dije: «Esto es lo mío para siempre». No sé cómo explicar lo que me transmite todo lo que tiene motor. Si un día Dios me dijera: «Hoy te voy a dejar de pie, ¿qué te gustaría hacer?». Yo me iría a un circuito de motocross para saltar, volar y divertirme.

–Motos de agua, camiones en el Dakar, todoterrenos... ¿Le falta algo?

–Me encantaría probar un Fórmula Uno. Di una conferencia en Randstad, patrocinador de Williams, y le dije al presidente que quería subirme a uno. Me dijo que era difícil y le expliqué que sí se puede. Le puse la cabeza como un bombo.

–¿Nunca ha sentido miedo?

–No, porque los accidentes gordos, en los que me he hecho daño, no fueron por mi culpa. Te subes en la moto, te pones el casco y te olvidas, sólo disfrutas.

–Al probar un simulador de MotoGP, uno se da cuenta de la exigencia física que requiere pilotar a 300 km/h.

–Todo es físico y el motocross, casi más. Incluso las motos de agua. Ahora hay algunas de 540 caballos, que aceleran de cero a cien en un segundo y medio.

–¿También duele caerse en el agua?

–El agua hace daño; además, al entrar en ella tu cuerpo no bota, se frena directamente. Hay pilotos que se han roto la tibia y el peroné sin llegar a caerse.

–¿Qué recuerdo tiene más fresco del día de su accidente?

–Lo recuerdo como si fuera hoy, perfectamente. No perdí el conocimiento y al darme el golpe pensé que me había seccionado el tronco, porque tengo la lesión en una parte alta de la espalda. Sentí como si el pecho, los brazos y la cabeza se quedaran en un sitio y lo demás, en otro. Me rompí la espalda por delante, el esternón, y el dolor fue terrible. Nunca he deseado la muerte, pero en aquel momento pedí a Dios que me llevara con él. Jamás he tenido un dolor así en mi vida.

–¿Ha vuelto a ver al médico que le dijo que no iba a volver a salir de la cama?

–Cuando gané el Campeonato de España, en el diario «As» me dedicaron una doble página. La recorté, la metí en un sobre y se la mandé. Ya en Barcelona conocí a Albert Borau, un urólogo que era motero. Yo le contaba mis historias, los demás no me hacían caso, pero él sí. Me ayudó a conseguir el certificado médico para competir.

–¿Se ha parado a pensar la razón por la que reaccionó tan bien?

–Si lo que me pasó le pasa a un bibliotecario es peor, porque no tiene el espíritu de lucha y la disciplina del deportista. Yo me levanto, voy a la piscina, hago rehabilitación y estoy a dieta todos los días de mi vida. No tengo la casa adaptada, así que o estoy en forma o no puedo. Y también está la ilusión de volver a correr. Lo que no podía imaginar es que iba a ganar de nuevo.

–Confiese lo que hizo con la subvención que le dio la Comunidad de Madrid para acondicionar su casa.

–Me compré piezas para la moto.

–Dicen sus amigos que usted es un tipo con gancho, ¿qué significa eso?

–No sé. Cuando fui al Dakar puse una pegatina de un metro en el camión con el nombre de todos mis amigos, los que he visto ayer y los que no he visto hace 20 años. Todos los que me han dado algo cuando lo he necesitado.

–Tiene algunos muy famosos (Pocholo, Ángel Nieto...) y todos hablan de usted con veneración...

–No lo siento así, porque siempre he tratado a todo el mundo igual. Esta semana voy a dar una conferencia a Telefónica y otra en la cárcel de Navalcarnero. Y me hace una ilusión... Les voy a decir que, como ellos, he estado en una habitación con mi futuro en una pared blanca, pero nunca me vi ahí, me vi libre. Me siento un privilegiado de poder compartir con ellos lo que ha sido mi vida.

–¿Va a volver al Dakar? ¿Qué tiene esta carrera que engancha?

–Me encantaría. Es una aventura tan grande que da igual quién seas. Si no te echa una mano alguien que no conoces, tienes que abandonar, seas multimillonario o no. Allí sólo eres el número 127 y punto.

–¿Cuándo piensa jubilarse?

–Mis amigos me dicen: «Te vas a volver a caer, te vas a quedar tetrapléjico y vas a tener que beber con una pajita». Yo les digo que no lo voy a dejar nunca, porque quiero ser el más rápido del asilo.

–Ha sido nombrado residente ilustre en Miami...

–Sí, y el primero en conducir un coche de la Policía sin ser agente. Hice la petición, les mandé mi currículum y me llamaron para decirme que estarían encantados.

–¿Tiene ídolos en el motociclismo?

–Tengo admiración por todos los grandes pilotos. El otro día me hizo una petición de amistad en Facebook Wayne Rayne y casi se me para el corazón.

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