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Aritz Aduriz, del esquí de fondo a ídolo de San Mamés

En su última temporada como profesional marcó el primer gol de la Liga y tumbó al Barcelona con un remate de tijera en el 89

  • [GRAF7102. BILBAO (BIZKAIA), 16/08/2019.- El delantero del Athletic Club de Bilbao Aritz Aduriz]
    [GRAF7102. BILBAO (BIZKAIA), 16/08/2019.- El delantero del Athletic Club de Bilbao Aritz Aduriz] /

    Javier Zorrilla / EFE FOTOS

Tiempo de lectura 4 min.

17 de agosto de 2019. 17:28h

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G. Álvarez.  17/8/2019

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El Athletic Club es el único equipo de Primera División que no ha invertido dinero en este último mercado de fichajes. Sus únicas incorporaciones han sido cuatro chavales del filial y un delantero de 38 años que decidió jugar una temporada en el equipo de su vida más antes de retirarse del fútbol profesional.

Aritz Aduriz mejora con los años. En un fútbol actual en el que irrumpen jovencísimas promesas adolescentes, por los que los grandes de Europa desembolsan ingentes cantidades de dinero, el ariete vasco sigue jugando en el equipo donde comenzó a dar patadas a un balón, después de encontrar su mejor fútbol pasados los treinta años.

Cuando cuelgue definitivamente las botas, si es que la Catedral no consigue convencerle para que siempre siga un año más, dejará un hueco enorme en un San Mamés con el que comenzó una relación hace casi tres décadas.

Por aquel entonces Aduriz era un niño que no paraba de jugar y le daba igual a qué. Alternaba el balón de fútbol con la raqueta de tenis, la tabla de surf o los deportes de nieve. Sus dos padres son monitores de esquí y, siguiendo el legado familiar, el año antes de entrar en la cantera bilbaína se proclamó subcampeón nacional en categoría cadete de esquí de fondo.

Finalmente eligió el fútbol. Fichó con diez años por el Athletic Club y creció como futbolista entre Burgos, Bilbao y Valladolid. En la ciudad burgalesa estuvo un año en la categoría de bronce del fútbol español a las órdenes de Carlos Terrazas. La idea del jugador era jugar en Segunda, pero su paso por el Plantío, donde marcó dieciséis goles, fue vital para dar el salto y llegar a Pucela.

Fue en la capital castellana donde despuntó de manera definitiva. Marcó una época en Zorrilla y muchos goles. Veintidós para ser exactos que le valieron un billete de vuelta a casa.Pero el retorno al viejo San Mamés fue amargo.

Tras tres temporadas no logró hacerse un hueco y se marchó rumbo a Mallorca en busca de protagonismo. Lo encontró y el Valencia lo fichó para que fuera su referencia arriba en Europa y 48 goles después de su marcha, al cumplir los treinta años, volvió a Bilbao para quedarse.

Sus números mejoraban año a año, ha marcado casi tres veces más goles tras cumplir los 30 que en sus diez primeras temporadas en Primera y Segunda. Se reinventó como goleador, sus números mejoraron año tras año y en 2016 regresó a la selección española como titular.

Ha sido dos veces máximo goleador de la Europa League y su remate de cabeza es marca registrada. Es el segundo jugador en activo con más goles con la testa, solo por detrás de Cristiano Ronaldo, y cada vez que hay un centro, los rivales tiemblan. Eso pasó el viernes en San Mamés.

Un minuto llevaba en el campo, se avecinaba el descuento, el marcador no se había movido, en frente estaba el vigente campeón de Liga, y en el aire un balón.

Él estaba en el área y los defensas, una vez más, temblaron. No fue de cabeza, esta vez el sello fue una chilena. Como aquella que estrelló en el palo también ante el Barcelona hacía cinco años, cuando ya era un jugador veterano. Pero esta vez el balón entró, Ter Stegen no pudo hacer nada y un chaval de 38 años, historia de la liga, hacía líder por una noche a un equipo al que llegó hace casi tres décadas.

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