Opinión

El Atlético juega con fuego ante el Almería

Los del Cholo ganaron con un sufrimiento innecesario y unos pitos merecidos

El Cholo Simeone, en pleno partido ante el Almería
El Cholo Simeone, en pleno partido ante el AlmeríaCHEMA MOYAAgencia EFE

Lo que se suponía que iba a ser un partido plácido en el Metropolitano estuvo cerca de ser un disgusto. Enfrente estaba el colista que había sumado sólo cuatro puntos en lo que va de campeonato. Además, el Atlético se puso 2-0 a los 20 minutos en su estadio inexpugnable, pero todo se fue torciendo hasta el punto de terminar pidiendo la hora y con el Almería mereciendo, como mínimo, el empate. La diferencia fue sólo una en esta ocasión, la lamentable desconexión por parte de los futbolistas, que se vieron ya con el partido ganado, sin haber aprendido aún que, sin intensidad, hoy en día no se gana a nadie, y menos a un equipo de Primera División, por muy flojo que sea.

Valencia o Las Palmas son derrotas que no han debido calar muy hondo en unos jugadores que siguen cometiendo los mismos errores cuando creen que van a ganar andando. Simeone se desgañitaba en la banda con más ímpetu del que se veía sobre el césped, dejando claro que, de haber podido, hubiera cambiado a los diez jugadores de campo allá por el minuto 60.

El Almería le echó al partido todo lo que le faltaba al Atlético desde la mitad del primer tiempo. Se fue viniendo arriba, ganando confianza y creyendo en sus posibilidades hasta que obtuvo el premio del gol. Cuando los locales quisieron desperezarse ya era demasiado tarde, porque conectarse después de siestear es muy complicado. Al final se sumaron tres puntos imprescindibles para seguir arriba, pero llegaron acompañados de un sufrimiento innecesario y algunos pitos desde la grada bien merecidos.

Si el Cholo sacase alguna reflexión de este partido, tendría que cambiar al equipo entero para el encuentro de Champions ante la Lazio. El único aprendizaje sería uno que ya deberían saber, deberían tenerlo clarísimo y es que el Atlético es muy bueno cuando se toma los partidos en serio. De lo contrario, los momentos de relajación excesiva, pueden salir demasiado caros, si de verdad la exigencia que se busca es la de competir por títulos.