Bale derriba la última barrera

El abrazo de Sergio Ramos y la ovación del vestuario que se llevó en Abu Dabi han unido definitivamente al galés con el grupo. Está listo para tener minutos mañana.

El abrazo de Sergio Ramos y la ovación del vestuario que se llevó en Abu Dabi han unido definitivamente al galés con el grupo. Está listo para tener minutos mañana.

La semana en Abu Dabi fue larga para la expedición blanca. Muchos días lejos de España, sólo dos partidos y sin mucho que hacer, tanto para los directivos como para los jugadores, que comparten muchas horas muertas. «La convivencia estos días es más cercana por obligación, porque pasas mucho tiempo juntos. Este tipo de viajes vienen muy bien para hacer más fuerte el grupo», decía Ramos desde Abu Dabi. Fueron días, por ejemplo, para hacer grupo con Bale, para que diera el paso definitivo, quizá el último que le faltaba para hermanarse con el bloque.

Nunca ha sido Gareth el hombre más sociable de la plantilla: primero por todo el ruido con el que llegó; después porque tenía la barrera del inglés y, principalmente, porque él es así, un chico que no necesita comunicarse en exceso, que no es de contar muchas cosas. Todos lo que hablan bien inglés dentro del equipo técnico han sido su apoyo a lo largo de los años y también los que ha compartido muchas horas con él. Modric primero o los fisioterapeutas después.

Sin embargo, en este otoño largo para él, sus días de entrenamiento en solitario, su ánimo para volver a contar para Zidane han hecho que, además, se gane el respeto de un grupo que siempre ha visto en Gareth a un jugador de cualidades impresionantes al que la mala suerte ha impedido desarrollarlas.

Esas cualidades ya se han visto en las breves apariciones con las que está recuperando el ritmo competitivo. Frente al Fuenlabrada, su primer balón fue el pase de gol; contra Al Jazira, su primera pelota, fue el tanto que dio la clasificación al Madrid; y en la final, frente al Gremio, poco después de salir, recibió cerca del área, regateó hacia dentro y su tiro con el exterior del pie, a punto estuvo de ser un golazo.

Decisivo como siempre, forma parte del grupo como nunca. Después de dar el pase al equipo para la final, fue recibido en el vestuario con una ovación y con un abrazo del capitán, Sergio Ramos, el futbolista que más está trabajando para unir a todos. «Ese trabajo que ha estado haciendo y que todos han visto, ha producido hasta ternura en el resto de sus compañeros», aseguran desde dentro el club.

Fue en el último clásico de Liga cuando Benzema, Bale y Cristiano Ronaldo, la imagen de marca de este Real Madrid, jugaron juntos por última vez. Puede que en el clásico de mañana, los tres vuelvan a coincidir en algún momento del partido porque la recuperación definitiva o casi definitiva de Bale propicia ya que puedan compartir minutos en el campo.

Sin embargo, hasta ahora, Zidane ha apostado por Isco en el once titular y cuando ha querido dar minutos al galés ha sido a costa de Benzema y de no romper el 4-4-2 con el que ahora se siente más cómodo el entrenador francés. Además, después de la desilusión que fue que Bale jugara contra el Fuenlabrada en Copa y al día siguiente se confirmara que no podía estar en San Mamés, nadie tiene prisa. No se quiere que el jugador se sienta presionado, hay que evitar que el factor psicológico influya en su fragilidad física, que se tome el tiempo que haga falta. Por eso ha tenido ratos hasta ahora, por eso va a tener un rato mañana.