Baloncesto

Los demonios del Barça en la Euroliga

Larkin y Micic, las piezas clave del Anadolu Efes, son las amenazas para el Barcelona, que busca su tercer título continental, el primero de Pau Gasol. Calathes, después del susto en semifinales, podrá jugar

Gasol y Shane Larkin, con el trofeo de la Euroliga
Gasol y Shane Larkin, con el trofeo de la EuroligaEuroleague.net Euroleague.net

En la amplia lista de verdugos europeos del Barça, las dos estrellas del Anadolu Efes, Shane Larkin y Vasilije Micic, ocupan un lugar reciente. Ambos se encargaron hace dos temporadas de evitar que el Barça alcanzara la Final Four de Vitoria. Los turcos se impusieron en la eliminatoria de cuartos en cinco partidos y contaron con el estadounidense y el serbio como pilares para tumbar a los azulgrana. Entre ambos promediaron 32,4 puntos, 3,6 rebotes y 9,8 asistencias. La importancia de Larkin en el bloque de Ataman es la misma. La de Micic se ha multiplicado. El equipo de Estambul aspira a ser el segundo club turco que gana la Euroliga después del Fenerbahçe. El Barcelona persigue su tercer título once años después de haber disputado su última final.

El base balcánico (Kraljevo, 13-1-1994) ha sido nombrado MVP de la primera fase y fue la pieza clave para que el Anadolu Efes abriera una renta definitiva en la semifinal ante el CSKA. A Micic sólo le frenaron ante los rusos el cansancio y las faltas. La próxima temporada emigrará a Oklahoma para ser compañero de Gaby Deck en los Thunder y hoy busca una despedida a lo grande. Para entender su evolución desde que compareció en la élite europea con el Zalgiris nada mejor que la definición de un campeón de Europa como Tyrese Rice: «Micic es un excelente ejemplo del sistema correcto que convierte a un jugador de rotación en una superestrella. A veces, los jugadores se encuentran en determinadas situaciones y simplemente florecen. Por lo general esos jugadores son extremadamente duros y terminan obteniendo el premio que se merecen. Se trata de respetar el juego y el trabajo como él ha hecho».

Shane Larkin (Cincinnati, 2-10-1992) dejó hace dos años en Vitoria, después de cargarse al Barça, el récord de valoración en una Final Four. Tumbó al Fenerbahçe casi en solitario con 43 de valoración, 30 puntos, 7 rebotes y 7 asistencias. Su vida da para una serie. Sus dos años en la Universidad de Miami le valieron para ser elegido con el número 18 del «draft» de 2013. Su destino fueron los Mavs, aunque pronto se convirtió en un trotamundos. Cuatro equipos NBA (Mavs, Nets, Knicks y Celtics), un total de 258 partidos y un paso intermedio por el Baskonia antes de recalar en Estambul.

Larkin procede de una familia de ilustres deportistas. Su padre es Barry Larkin, una leyenda del béisbol estadounidense. Su camiseta de los Cincinnati Reds está retirada y hace siete años entró en el Salón de la Fama. Dos de sus tíos también fueron deportistas de élite en baloncesto y béisbol. Pero las preocupaciones de Larkin cuando era un niño de ocho años eran otras. Le fue diagnosticado un trastorno obsesivo-compulsivo. En un programa de la ESPN que se centra en los problemas mentales de jugadores de la NBA, Larkin se confesó.

Con 8 años cada mañana cogía el mando de la televisión, ponía el programa «SportsCenter» y esperaba la aparición de «su» número. Comenzaba a vestirse para la escuela en un ritual que podía durar unos minutos u horas, dependiendo del día, y veía imágenes de un partido de Ray Allen –uno de los mejores tiradores en la historia de la NBA– en la noche anterior cuando había anotado 8 triples. Ahí aparecía lo de «su» número. «Luego sabía que tenía que lavarme las manos ocho veces», confesaba Larkin a la ESPN. Una vez lavado, se ponía la ropa, pero si los pantalones tocaban la alfombra, los echaba al cesto de la ropa sucia, cogía otros y se lavaba las manos otras ocho veces. En la cocina se sentía rodeado. Un trapo sucio, una esponja sucia, un plato sucio, el fregadero sucio, un vaso sucio... Si antes de irse, el perro lo rozaba tenía que volver al baño y lavarse otras ocho veces. Al final del día, tenía las manos llenas de llagas y ensangrentadas de tanto lavarse.

El trastorno obsesivo-compulsivo desaparecía cuando entraba en una pista de baloncesto. «No podía tocar el botón del ascensor o el grifo para que saliera el agua porque pensaba que estaba muy sucio, pero podía estar en una cancha de baloncesto rodeado de chicos que sudaban, se hurgaban en la nariz o tocaban el balón», confesó Larkin. «Un día después de estar horas en la cancha con la pelota, salí de allí, me comí una hamburguesa sin lavarme las manos y entendí que no tenía ningún sentido lo que me pasaba», afirmó. En su elección en el draft varias franquicias se interesaron por la evolución de su TOC. No le ha vuelto a dar problemas y en el Anadolu Efes se ha convertido en una pieza decisiva.

Todas las finales del Barça

1983 Larry Wright fue la primera pesadilla europea del Barça. El base estadounidense del Banco di Roma fue el responsable de la remontada de los italianos que perdían 54-43 al descanso. Al final, 73-79.

1990 El Barça fue la segunda víctima de la mítica Jugoplastica. En Zaragoza, Kukoc, Radja y compañía ganaron por 72-67.

1991 La historia se repite. El equipo de Split sumó su tercer título consecutivo. Enfrente volvió a estar el Barcelona (70-65).

1996 El tapón ilegal de Vrankovic en la bandeja de Montero abortó el primer título azulgrana. El Panathinaikos, campeón (67-66).

1997 Quinta final y quinta derrota. El batacazo ante el Olympiacos (73-58) significó el divorcio entre Djordjevic y Aíto García Reneses.

2003 En el Sant Jordi y ante la Benetton el Barça levantó la primera (76-65) con Bodiroga como líder.

2010 Juan Carlos Navarro, ahora responsable de la sección, lideró una victoria incontestable (86-68) ante el Olympiacos.