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A rueda: McLaren, háztelo mirar

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Lo reconozco. Me desorientó el quinto puesto en la primera carrera, la euforia de Fernando al cruzar la meta, el incesante humo de Boullier y todo aquello de que sin el motor Honda todo sería luz, arco iris y música celestial. Pues resulta que llegamos al segundo Gran Premio, donde el McLaren-Renault tenía que dar un paso adelante, y Alonso termina en una engañosa séptima posición. Engañosa porque los dos Red Bull acabaron fuera a las primeras de cambio y Raikkonen se llevó por delante a un mecánico con el consiguiente abandono. Tres monoplazas que habrían acabado sin duda por delante del piloto asturiano. Así que, por este lado, aprobado raspado.

La venganza

Pero eso no es lo peor. Lo más duro para McLaren y para Alonso ha sido la inesperada venganza de Honda. El fabricante japonés se ha tragado, con razón, tres años de críticas, de mofas y de improperios que culminaron con Alonso forzando el divorcio con la escudería. Pues llega la segunda carrera y el Toro Rosso (con motor Honda) de Pierre Gasly hace un increíble cuarto puesto y se lo restriega a Fernando con un «ahora podemos luchar» idéntico al que soltó Fernando tras la primera carrera. Una mofa en toda regla que el asturiano no olvidará. Al tiempo.

¿Y ahora, qué?

En McLaren insisten en que todo esto ha sido un mal sueño. La penosa clasificación del sábado tuvo como explicación oficial que no había sido cosa del motor, que se trató de un error en la configuración del coche. Vamos, que alguien metió la pata. El caso es que en la carrera el coche mejoró, pero sin alborozo. Además de los inalcanzables Ferrari y Mercedes, Alonso acabó detrás del mencionado Toro Rosso, de Haas y de Renault. Demasiadas escuderías por delante, demasiadas dudas y una sola certeza: o espabilan en McLaren o Fernando Alonso entrará en cólera.