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La mirada de Maradona

Tiempo de lectura 2 min.

20 de febrero de 2017. 02:46h

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20/2/2017

Hacía diez años que no veía a Diego Armando Maradona. Y la sensación que tuve fue como si nos hubiésemos visto el día antes. Le conozco desde el año 1982 y aunque no se puede hablar de que haya una amistad entre los dos, sí que existe una relación de bastante empatía. Su tono conmigo siempre es cálido y me hace sentir cercano.

Piensa en ti

Estuve con él la noche anterior al partido con el Nápoles, horas antes de que se revolucionara el hotel Mirasierra con una llamada a la policía que terminó en un obligado trámite burocrático. No son estas cosas las que benefician al que para mí ha sido el mejor de la historia con un balón en los pies. Y me produjo también mucha tristeza verle salir ya agobiado tras la comida de los directivos del Real Madrid y del Nápoles.

Ternura y soledad

También pude observar que su mirada tenía una parte de ternura y otra de soledad, la de un hombre que se ha convertido en una marca mundial y cuyas polémicas personales no ayudan a su imagen. Diego, estás a tiempo de reconducir esta situación por el bien de los que te quieren y te abrazamos como hice yo la otra noche. Pero no olvides que el mejor amigo de tu vida no es tu entorno... eres tú.

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