Armstrong sólo lloró al hablar de sus hijos

Segunda parte de su confesión con Oprah Winfrey. «Me siento deshonrado, avergonzado y humillado» «Estoy en terapia para dejar de ser la persona que fui»

Varias personas siguen la entrevista de Oprah con Lance Armstrong en un establecimiento público de Austin (Texas)
Varias personas siguen la entrevista de Oprah con Lance Armstrong en un establecimiento público de Austin (Texas)

Luke, Isabelle, Grace, Max y Olivia son los cinco hijos de Lance Armstrong y sólo al hablar de ellos, especialmente del primero, el ex ciclista hizo lo que hacen casi todos los protagonistas que pasan por el diván de Oprah: llorar. En un par de ocasiones, el tejano necesitó unos segundos para tomar aire, resoplar y seguir con el relato, mientras sus ojos se enrojecían. Fue la primera y única vez en la que se vio su parte más humana a lo largo de su ya famosa «confesión». Lance le contó a Winfrey cómo su hijo defendía siempre la inocencia de su padre, tanto en el colegio como en las redes sociales. Lo hacía, aseguró, sin haberle preguntado si todo lo que decían era o no cierto. «Lo hacía porque confiaba en mí. Así que me senté con él durante las vacaciones y le dije: "No me defiendas más. No lo hagas, no vuelvas a hacerlo. Nunca. Sólo contesta que me arrepiento"». Así, narrando la charla con Luke, apareció la parte más sensible de Lance Armstrong, que aprovechó además, para ser muy duro consigo mismo y su personalidad.

–Oprah: «¿Y qué te respondió tu hijo, esperaba algo más de ti, te desafió?».

–Armstrong: «No, simplemente fue comprensivo conmigo. Me dijo que era su padre, que esto no iba a cambiar y que no pasaba nada. Afortunadamente, se parece más a su madre que a mí».

Junto a sus hijos, sus mujeres han sido las otras personas que más de cerca han vivido su carrera y fue su primera esposa, Kristen, la que le dijo que si quería volver a competir después de su retirada, adelante, siempre que no volviera a cruzar la línea.

–Oprah: «¿Cuál era esa línea, la de las drogas?».

–Armstrong: «Sí».

«Deshonrado, avergonzado y humillado», así definió su situación actual el que fue rey del ciclismo con sus siete Tours de Francia. Una persona desafiante y arrogante, que ni siquiera gusta al propio Lance cuando se ve en grabaciones de aquella época en la que negaba todas las acusaciones: «Me encuentro en el proceso de enfrentarme a mis demonios, y reconozco que estoy en terapia para dejar de ser la persona que fui. Todavía hay parte de aquel Armstrong en mi personalidad. Siempre he necesitado terapia y no eventualmente. Tuve una vida desordenada y lo peor llegó cuando perdí el control. «No sé lo que me espera ahí fuera. No puedo volver a perder el rumbo y no estoy en condiciones de hacer promesas, ese será el mayor reto de mi vida, no volver a meter la pata». Así terminaba un programa televisivo que será el principio de su nueva vida. Un futuro en el que le gustaría competir en maratón y triatlón, aunque él mismo reconoce que será difícil con la sanción que tiene impuesta.

Su ilusión es volver a luchar por la victoria en el deporte y también le gustaría volver a ser importante en la fundación que creó cuando superó su enfermedad. «Livestrong es como mi sexto hijo y el momento más humillante fue perder, primero la presidencia, y luego que me pidieran que me alejara de ellos». Y tampoco fueron fáciles los dos días en los que perdí a todos mis patrocinadores. Primero llamaron de Nike, y después todos los demás. 75 millones de dólares que desaparecieron y puede que nunca vuelvan».

«Estoy seguro de merecer un castigo, pero no de merecer la pena de muerte. Miro hacia atrás, a aquella época, y a la cultura en la que yo competí y pienso que les cambiaría toda mi historia por los seis meses de sanción que algunos pagaron por sus errores».