El sueño frustrado de Iván García Cortina

El gijonés de 22 años fue tercero en la llegada a su ciudad después de intentar la aventura en solitario

El gijonés de 22 años fue tercero en la llegada a su ciudad después de intentar la aventura en solitario

Los terrenos que llevaban la Vuelta hasta Gijón son los mismos por los que entrena cada día Iván García Cortina. “La última subida es la que me ha visto crecer durante toda mi carrera paso a paso”, reconoce. Allí en San Martín de Huerces, se marchó solo camino de la meta, abandonando a sus compañeros de escapada. “Estaba toda la gente de casa, iba volando. No me dolían las piernas”, confesaba tras la etapa. Agotado. En el descenso esperó a Bardet, que llegó a la cima con menos de diez segundos perdidos. “Si no me pillaba Bardet me iban a pillar todos, como ha pasado”, asumía. Detrás del francés llegaron Rui Costa y Roche. Y detrás, unos cuantos más. Pero a Iván le quedaron fuerzas para meterse en la disputa por el esprint. Arrancó pronto -“se me estaban empezando a subir los isquios y no podía esperar más”- y en los últimos metros se vio superado por De Gendt y por Jarlinson Pantano, el compañero de Contador.

Pero Iván, un chico sonriente, ayer estaba feliz. Más que nunca. “Lo que disfruté hoy no lo disfrutó nadie. Estoy supercontento por las sensaciones y por la Vuelta. Disfruté como si hubiera ganado”, dice. El asturiano de Bahrain-Merida llegó a la carrera para “aprender, llegar a Madrid y ayudar a Nibali”. A sus 22 años disputa su primera grande y ha demostrado llegar con fuerzas hasta el final, aunque en los primeros días notaba el paso. Nunca había corrido más de nueve días seguidos. La de Gijón era la etapa 19 de la Vuelta. “El objetivo principal es ayudar lo máximo posible a Vincenzo [Nibali] y al equipo y también si un día tengo la oportunidad y me encuentro bien lo aprovecharé”, advertía en la primera semana, cuando se notaba ya el desgaste acumulado desde el comienzo porque los favoritos apenas han permitido un día tranquilo. “La diferencia con las otras carreras que he disputado es el dolor de piernas. Son muchos días seguidos y hay fatiga”, admite.

Trabajar para Nibali no es una limitación para él. Sabía que tendría alguna oportunidad y ayer estuvo a punto de aprovecharla. Hubiera sido su primera victoria y también la primera de un corredor español en esta Vuelta.

Iván es un elemento extraño todavía en el ciclismo español. Su pensamiento no está en las montañas sino en las clásicas. Por eso sufre más en carreras como la Vuelta. “Más que el día de descanso voy mirando el día que termina”, bromeaba en la primera semana. “Con los puertos que hay, estoy sufriendo un poco”, reconocía.

Ahora, su objetivo será competir en el Mundial sub-23, donde será el líder de la selección española. “Sería un sueño ganar, pero la presión es la misma que tengo en todas las carreras”, dice sin perder la sonrisa que siempre le acompaña. Si consigue el oro, quizá pueda añadir un nuevo tatuaje a su piel. En la muñeca izquierda lleva una cadena de bicicleta como si fuera una pulsera de tinta. En el brazo derecho, luce un ciclista rockero -“lo que soy yo, dice”-; en el hombro, una rosa por su tía y en el costado derecho una virgen con los nombres de su padre, su madre y su hermana. Aún tiene sitio para un oro mundial.