Vuelta a España 25

Philipsen, el velocista que aprendió a ganar en Aragón

El belga se impone en el esprint de Zaragoza a Viviani, que fue descalificado después por una maniobra irregular

Ciclismo/Vuelta.- AMP. Philipsen se impone al sprint en la novena etapa de La Vuelta y Traaen sigue líder
Philipsen se impone en el esprint de ZaragizaEuropa Press

Elia Viviani comenzó la temporada sin equipo. A los 36 años, de nada parecían servirle sus cinco victorias en el Giro, las tres de la Vuelta o el triunfo parcial en el Tour. En 2024 se había centrado en la pista para conseguir su tercera medalla olímpica, una plata en la modalidad de Madison después de haber ganado un oro en ómnium en Río 2016 y un bronce en 2021 en Tokio. Los esprints en carretera quedaron en un segundo plano y su carrera parecía perderse.

Era demasiado mayor y en 2024 por segunda vez en su carrera –la otra fue en 2020, el año de la pandemia– cerró la temporada sin victorias. Cuando la temporada echó a andar el italiano era un parado más. Hasta que en febrero Stephan Heulot, el manager del Lotto lo rescató para dar presencia a su equipo cuando la carrera se decide al esprint. «A mis 36 años sigo teniendo la misma motivación, sigo siendo un esprínter, quiero ganar», decía entonces.

A la Vuelta llegó solo con una victoria en el Tour de Turquía, pero ya se dejó ver en la primera etapa, en la que fue cuarto. Y en Zaragoza terminó segundo, aunque sólo en principio. Una etapa sin más historia que el último kilómetro, aparte de la aventura de Sergio Samitier, que se metió en una fuga para pasar primero por Barbastro, su lugar de nacimiento. «No lo tenía previsto, pensaba pedir permiso para adelantarme y saludar, que el pueblo está en fiestas. Pero me calenté», confesaba.

Sólo en el final se impuso Jasper Philipsen, el velocista del Alpecin, probablemente el mejor del mundo, mientras él se quedaba con las ganas de lograr una nueva victoria en una grande, algo que no consigue desde 2019, cuando logró su único triunfo en el Tour.

De nada le hubiera servido al italiano entrar primero en la meta. Fue descalificado después, igual que Coquard. Los dos pasan a los últimos lugares del pelotón. Pero el italiano hizo exprimirse a Philipsen en la llegada. «Planckaert [su lanzador] lo hizo perfecto, pero perdí terreno y me costó lanzar el esprint porque tenía las piernas gastadas del esfuerzo para colocarme», confesaba después Philipsen. Ese desgaste, esa pérdida de las distancias, es lo que hizo que Viviani pudiera acercarse a la victoria. Pero otra vez fue para Philipsen, el ganador de la primera etapa, Aunque se le escapó el triunfo en Voiron, en una subida demasiado prolongada para él. «El resultado es el mismo, la victoria. Así que no puedo quejarme», admite Philpsen. Ya en la salida el belga advertía de la importancia de este día para él y para su equipo. «Hemos estado esperando este día durante las últimas jornadas e intentaremos que sea uno muy bueno para el equipo», decía en Monzón.

Con este ya son 15 sus triunfos en las grandes. Una estadística que inauguró en 2020, en la Vuelta de la pandemia y que sigue creciendo. «Es una Vuelta difícil, pero con dos victorias es para estar contento», asegura.

Para él Aragón tiene un significado especial. Cuando era cadete consiguió una victoria en la Vuelta al Bajo Aragón diferente a todas las que llegaron después. Era una de las primeras y el recuerdo a partir de una pregunta en la sala de prensa le hizo sacar una sonrisa. «Corría todavía en el club local y una vez al año hacíamos un viaje largo. Fue una de mis primeras victorias y la única en que gané en solitario, algo que no he repetido como profesional», rememora.

La victoria de Philipsen llega atrapada entre montañas. Entre la victoria de Ayuso en Cerler y la subida a Valdezcaray, la última etapa antes del primer día de descanso. Una etapa con un solo puerto, la subida final a la estación de esquí riojana que no debe decidir la carrera todavía.

No hay terreno duro para hacer diferencias y tampoco parece que haya ganas de pelea antes de afrontar la segunda semana. Vingegaard ya advirtió de que no quería desgastar mucho a su equipo antes de que el lunes llegue el primer día de descanso.

Otros, como Landa, se miden los achaques. «De piernas voy bien, pero la espalda me está dando guerra. Aunque es algo con lo que contaba desde antes del comienzo», reconocía después de cruzar la línea de meta. Los fisios del Soudal se ocupan de cuidarle después de cada etapa, pero cada día, puntual, el dolor regresa. «Vengo de una lesión en la espalda y está flojita y es la forma que tiene de protegerse», dice. El alavés no espera nada de Valdezcaray. «La primera parte es más dura, pero los kilómetros finales son más tendidos», asegura. Los deberes se los pone para la próxima semana.