Ciclismo

El líder Pogacar ni se inmuta antes de la gran batalla pirenaica

Patrick Konrad culmina la fuga en la que se introdujo el debutante Alex Aranburu, sexto. El Cofidis y Van Aert animaron el final entre los favoritos, pero Pogacar apenas sufrió

Tadej Pogacar entre sonriente y relajado en meta
Tadej Pogacar entre sonriente y relajado en metaDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Arranca la última semana del Tour de Francia y cuando las cámaras se encienden y el mundo empieza a ver la etapa parece que lo hace la aburrido y abotargado. Es el camino hacia los Pirineos en una etapa que empieza bajando de las montañas. El mundo al revés. Cosas del ciclismo moderno. De Pas de la casa, a más de 1.100 metros en Andorra de donde salen los ciclistas abrigados y tras el largo descenso y la entrada de nuevo en Francia, la carrera se para y todos se despojan de sus cortavientos y ropa de abrigo. Despojados de la ropa de abrigo, el pelotón siente el fresco y la mejor forma de entrar en calor encima de la bici es sencilla: dándose leña.

Sucede eso, con las cámaras aún dormitando, el espectador ciego. Un inicio fulgurante, una pelea encarnizada por la fuga que en el paso por el primer puerto, el Col de Port no se forma y siguen, pues, los palos, y de repente, la tensión se acelera pues Pogacar, el líder sólido empieza a verse con menos compañeros de los debidos a esas alturas, apenas amanecida la etapa. Rafal Majka, Mikkel Bjerg y Vegard Stake Laengen, los primeros de sus obreros llamados a remar y protegerle han desaparecido producto del vertiginoso ritmo. Quedan más de 80 kilómetros todavía por delante. Le quedan, eso sí, cuatro compañeros todavía.

Tiene suerte Pogacar, como todo buen campeón que se precie, porque en el siguiente puerto, el Col de la Core se forma la numerosa fuga que va a calmar las cosas por detrás y permitirle respirar en el camino hacia los Pirineos, a la hora de la verdad para la que se siente mucho más que preparado. Pero siempre es mejor no gastar de más. Es entonces cuando por delante se marcha un grupo de calidad, como acostumbra en este Tour cada fuga, en la que se acabará repartiendo el premio final y ahí de nuevo hay un español entre los 14 de cabeza.

Se trata de Alex Aranburu. El que, dicen, es uno de los corredores más perfectos e idóneos para este ciclismo moderno. Mirada marina a juego con su maillot de Astana. A juego, también con el azul Movistar que vestirá el año que viene. Estandarte, ya se lo ha dicho Pascual Momparler, de la selección española para el próximo mundial a disputar en Flandes tras la Vuelta a España. Ciclista con chispa, vertiginoso, hábil y muy vivo. Ha sido séptimo en su primera Milán-San Remo, sexto en la Omloop, ha ganado una etapa de altura y frío en la pasada Itzulia. Pero Aranburu, ciclista del profundo Goierri vasco, de Ezkio, está debutando en el Tour y eso se nota.

Todo es nuevo para él. También este salvaje ritmo que no perdona ni espera a nadie y por el que al final claudica ante un tremendo Patrick Konrad que acaba por darle la segunda victoria al Bora-Hansgrohe, demostrando que, una vez se marche Peter Sagan a final de año, al equipo alemán le queda mucha vida más allá de tricampeón mundial eslovaco. A Aranburu le falta todavía esa experiencia y ese fondo de un Konrad, que será cuestión de tiempo que le llegue para convertirse en un auténtico cazador. “No tenía fuerzas para más”. Sexto termina. Lección de futuro.

Entre los favoritos reina la calma hasta que llega el repecho de 800 metros de Aspret Sarrat. El Cofidis de Guillaume Martin quiere movida y arranca. Y Wout Van Aert, que se apunta a todas las fiestas, los ve y se anima también a moverse. Una serie de calidad camino de los JJ.OO de Tokio en donde será el máximo favorito y, de paso, una mano a su líder Vingegaard para tratar de poner en apuros a Pogacar antes de las dos jornadas cruciales pirenaicas que llegar.

Pero el maillot amarillo responde y seca la rebelión sin apenas despeinarse un mechón de esos rubios suyos que se le adivinan entre el casco. Su cabello es como él, está deseando que lleguen otra vez las montañas para volar libre. En ese corte que provoca el Cofidis y Van Aert entran todos los favoritos. Luego en meta es Carapaz quien intenta desquiciar a Pogacar pero acaba siendo éste, con su insultante facilidad, quien salta y entra en meta entre sonrisas. Hoy, camino del infernal Col du Portet, con el Peyresourde y el Val Louron de por medio las caras serán diferentes. Ya lo avisa Pogacar: “Mañana va a ser el día más duro del Tour”. Y se espera lluvia. Llega la batalla final.