Ciclismo

Taaramae hace historia en el Picón Blanco

Gana la etapa ante la pasividad de los favoritos y se convierte en el primer estonio que lidera la Vuelta. Enric Mas recupera tres segundos en la meta

Rein Taaramae
Rein TaaramaeJean-Christophe BottAP

En la cima del Picón Blanco hay una estación militar abandonada, mucho aire y bastante frío. Eso es lo que se encontró Rein Taaramae cuando cruzó la meta en solitario, después de abandonar a sus compañeros de escapada a falta de poco más de dos kilómetros y medio para la llegada. Dombrowski y Elissonde fueron los últimos en aguantar su rueda, los supervivientes de una aventura que pareció condenada a morir antes del ascenso, pero que resistió, en parte, gracias a la pasividad de los favoritos.

Taaramae fue el más fuerte en una cima que parecía destinada a Mikel Landa. El alavés había estrenado la llegada en 2017, cuando se ascendió por primera vez en la Vuelta a Burgos. Era el primer paso para que esta ascensión se convirtiera en un clásico moderno de la carrera burgalesa, en la que se han dado algunos de los mejores momentos del «landismo».

Para revivirlos trabajó su equipo, el Bahrain, pero la victoria estaba por delante y las fuerzas de Mikel no daban para tanto. Ya lo advertía antes del comienzo de la Vuelta: «vengo de donde vengo, de romperme cuatro costillas y una clavícula». No pudo atacar, pero la subida reforzó su ánimo para el resto de la carrera. «No venía con mucha confianza, pero he demostrado que puedo estar con los mejores», reconocía en la meta. Y espera que eso sólo sea el comienzo de algo mejor.

Landa resistió y Enric Mas intentó hacer una breve exhibición, un poco de fuegos artificiales para dar vida a los últimos metros de la etapa. Atacó en los instantes finales de la subida después de un breve trabajo de Alejandro Valverde. Su compañero Miguel Ángel López, Supermán, fue el único que respondió a su ataque en una maniobra que sólo se podría explicar si hubiera salido de la mente de los guionistas de «El día menos pensado», el documental que ha narrado las dos temporadas anteriores del equipo. Tres segundos recortó Mas a Primoz Roglic, lo que supone más un refuerzo moral que un trabajo efectivo para la general final.

Fue también un pequeño premio para los espectadores que este año han regresado a las cunetas en la Vuelta. Todo olía a ciclismo camino del Picón Blanco. El ambiente era espectacular ya desde horas antes abajo, en Espinosa de los Monteros, el último pueblo antes de la subida. Allí se mezclaban las grupetas que querían hacer la subida antes que sus ídolos con los símbolos futboleros del Athletic Club. Espinosa es sede de una peña histórica del equipo bilbaíno y no es extraño ver camisetas y banderas rojiblancas. El movimiento resultaba incluso excesivo para algunos lugareños. «¿Qué pasa hoy?», preguntaba una vecina que se enteraba en ese momento del paso de la Vuelta.

Desconocía la señora, por supuesto, la existencia de Taaramae. El estonio dejó una dolorosa imagen en su primera participación en la Vuelta, allá por 2009, retorciéndose en la subida al Xorret del Catí ál límite de sus fuerzas. Exprimido, clavado sobre el asfalto, vio cómo se le marchaba el que podía haber sido su primer triunfo en una grande. Sólo tardó dos años más en conseguirlo, en la subida La Farrapona. Y doce años después de su debut en la Vuelta, ya cumplidos los 34, hace historia al estrenar el palmarés del Picón Blanco en la carrera y convertirse en el primer estonio en vestirse de líder.

«Soy consciente de haber hecho algo grande. Vinimos a por una victoria de etapa y ser líder es algo con lo que no podía ni soñar. Ser líder de una carrera así es algo muy grande», reconocía en la meta. Sabía el estonio adonde llegaba. Había ganado ya la general de la Vuelta a Burgos en 2015. No se había estrenado aún entonces la subida al Picón Blanco, pero pudo conocerla en 2018. «La recordaba muy bien, sabía que había un falso llano que te permitía estirar a falta de dos kilómetros», explicaba después de su victoria. Su único temor era que le alcanzaran por detrás los favoritos. Pero la guerra entre ellos era otra.