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El mundo vuelve a ser de Francia

La selección que dirige Didier Deschamps consiguió su segundo Mundial al derrotar a Croacia en la final. Los croatas, agotados por las prórrogas de sus eliminatorias anteriores, no fueron rival para los campeones

  • Los jugadores franceses celebran la victoria en el Mundial de Rusia / Reuters
    Los jugadores franceses celebran la victoria en el Mundial de Rusia / Reuters

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16 de julio de 2018. 09:21h

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Domingo García Madrid. 15/7/2018

Francia ya tiene su segunda estrella en el pecho. Veinte años después de que la generación que encabezaba Zidane consiguiera el primer Mundial para su país, repitió el triunfo. Deschamps, que era el capitán entonces, es el seleccionador ahora. Pero sigue siendo el líder del equipo. Contuvo la alegría por el triunfo para consolar a los croatas por su derrota y felicitarlos por su torneo. Hasta que lo paró el equipo arbitral para felicitarlo a él. Se ha convertido en uno de los escasos elegidos que han ganado el Mundial como jugador y como entrenador. Antes que él lo consiguieron Zagallo y Beckenbauer. Es ya un trozo de la historia de los Mundiales.

Para conseguirlo ha construido una selección que refleja su estilo como futbolista. La derrota en la final de la pasada Eurocopa le hizo reflexionar. Aquel era un equipo con más iniciativa, más alegre. Ahora es un equipo más contenido, que sabe aprovechar mejor los errores del contrario. Poco a poco, Francia va haciendo agujeros en el alma del rival. Deja acercarse a la presa y la mata a la carrera, devorada por la velocidad de Mbappé y la precisión de Griezmann. Así ha llegado a ser campeona del mundo, sin brillo, sin excesos, con un delantero centro –Giroud– que no ha marcado un gol en todo el torneo, pero con un montón de jugadores que son capaces de hacer lo que exige el partido en cada momento. Futbolistas como Pogba, que explicó en la jugada del tercer gol francés lo que es un futbolista total. Dio un pase al espacio para Mbappé, que corrió como sabe y aguantó como debe para esperar la llegada de Griezmann. El «7» francés no pudo rematar, pero detrás, para la segunda jugada, estaba Pogba. Disparó con la derecha, la pelota rebotó en un defensa y probó un disparo colocado con la izquierda que pilló a contrapié a Subasic, el portero croata. Esa sola jugada define su influencia en el juego de su equipo. En defensa también se ha manejado sin perder la cabeza, guardando su sitio al lado de Kanté y Matuidi en el centro del campo.

La primera impresión era que Croacia se mostraba superior en el campo. Pero era un espejismo. Tenía la posesión, pero agotada físicamente por la exigencia de las eliminatorias anteriores, nunca tuvo el mando del partido. Aunque Francia debió esperar a la aparición del balón parado para ponerse por delante. Griezmann, espectacular en las jugadas de estrategia durante todo el torneo, forzó una falta que no era y después puso el balón en el área que Mandzukic remató hacia su portería. El francés es con Harry Kane –máximo goleador del torneo– el jugador que ha participado en más goles durante el Mundial. También marcó el segundo, de penalti tras la intervención del VAR. Pitana, el árbitro argentino, necesitó recurrir a la asistencia de la técnica para ver la mano de Perisic en un córner que también había sacado Griezmann.

A esas alturas del partido todavía aguantaba Croacia. Había conseguido empatar después del primer tanto francés cuando Perisic encontró el hueco para meter la pelota entre las piernas de la defensa francesa. Poco más pudieron aguantar los croatas. Rakitic y Modric no eran capaces de influir en el juego como necesita su selección y después del gol de Pogba la final estaba liquidada. Marcó Mbappé el cuarto, en un disparo desde fuera del área que pilló a contrapié al guardameta croata. Pero Croacia no se rindió. Si ha llegado hasta la final del Mundial, ha sido, además de por la calidad de sus futbolistas, por el orgullo y el corazón que han demostrado en cada partido. Como el que mostró Mandzukic para marcar el segundo de su selección. Persiguió un balón que llegó retrocediendo hasta Lloris. El portero francés tuvo un apagón y al intentar pasar la pelota con su pie izquierdo se encontró la bota del delantero croata. El error fue grave, pero intrascendente. La final ya era de Francia, aunque quedaran minutos por delante.

Francia, otra vez multirracial y poderosa físicamente, como hace 20 años, fue demasiado enemigo para los croatas. Llegado el tiempo de las felicitaciones, su presidenta repartió más que nadie. A los suyos y a los franceses. Un abrazo detrás de otro bajo un intenso diluvio precedió a la entrega de la Copa de campeones del mundo. Infantino se coló en el grupo de la selección francesa, preparado ya para la foto. Le dio el trofeo a Lloris y desapareció para dejar la fiesta a los protagonistas. Los reyes del fútbol mundial vuelven a ser los franceses 20 años después.

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