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Desirée Vila: «Con la prótesis dejé mucho atrás, pero se me abrieron otras puertas»

Era gimnasta, aunque un accidente y una negligencia médica la hicieron perder una pierna. Volvió del infierno y ahora quiere ir a los Juegos de Tokio.

  • Desirée Vila: «Con la prótesis dejé mucho atrás, pero se me abrieron otras puertas»
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de junio de 2018. 02:47h

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Francisco Martínez Madrid. 7/6/2018

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Desirée Vila (Gondomar, 1998) hacía gimnasia acrobática. Era internacional, pero una mala caída y una negligencia médica (ganó el juicio) hicieron que tuvieran que amputarle la pierna derecha. Lo pasó mal, pero salió adelante, y cuenta su historia en el libro «Lo único incurable son las ganas de vivir» (Temas de hoy). Ese lema lo tiene tatuado en un costado.

–El accidente fue de casualidad. En el libro reflexiona sobre que nunca sabes qué decisión es importante...

–Pasó así porque tenía que pasar. Ese día ni siquiera había entrenado tres horas, ni siquiera había hecho cama elástica... Son muchas coincidencias que llevaron a esa situación. No sabes lo que te puede pasar, hoy estás aquí sentado y mañana puedes estar en un hospital. Es lo que te hace ver la vida de otra manera, te das cuenta de que eso de que son dos días es literal. Creo que el libro ayuda en general a la gente que está pasando por un mal trago.

–¿Qué recuerda del momento en el que le dicen que va a perder la pierna?

–Fue el más duro de toda mi vida, sobre todo porque no me lo esperaba, porque en el primer hospital me habían dicho que estaba todo bien. Ahí no te das cuenta de las opciones que tienes, piensas que vas a estar toda tu vida encamada, o en una silla de ruedas, y que eres una niña de 16 años que hace deporte y te vas a tener que adaptar a una vida diferente. Yo pensaba: «Ahora soy una discapacitada, ¿quién me va a querer sin una pierna?». Te planteas muchas cosas, yo quería morir, prefería no seguir adelante porque pensaba que no iba a poder con todo. Pero con el proceso psicológico, un montón de antidepresivos y la suerte que tuve de tener a mi familia y a mis amigos, entiendes que la vida no se acaba ahí, que puedes hacer una normal.

–¿Esa mentalidad de «¿quién me va a querer sin un una pierna» cambia?

–Viene poco a poco, incluso cada día aprendes más a quererte como eres; aún está fresco, hace tres años, no es tanto, pero por ejemplo el pasado no me atrevía a ponerme pantalones cortos y que se me viera la prótesis, y este año ya sí. Sigues aprendiendo, aunque el primer momento es de rechazo.

–Mucho que superar. Por ejemplo, el cambio de la gente.

–Al principio lo que notaba era que la gente me miraba con pena y que intentaban no sacar el tema. En el hospital estaba con muchas pastillas y aparentemente lo tenía superado, pero solo supuestamente, luego tuve recaídas. Les choca que te rías de ti misma. Por ejemplo: «Hoy me he levantado con el pie izquierdo; claro, no tengo otro»; o chistes que haces de ti mismo, pero no queda otra.

–Y superar lo del hospital.

–Mi situación fue complicada porque primero tuve que dejar el deporte. Y después, lo que vino por la negligencia, tener que depender del dinero de otra gente para pagarme la primera prótesis, porque tuvimos que hacer una campaña. E ir al juicio, tener que escuchar mentiras y luchar por algo que se ve claro, de lo que hay muchísimas pruebas.

–¿Cómo es la adaptación a la prótesis?

–Para una persona joven y deportista es más fácil que, por ejemplo, para una mayor o con sobrepeso, pero yo no comía porque tuve un problema psicológico al salir del hospital, y estaba débil. Iba a rehabilitación y me cansaba pronto, y si no haces bien la rehabilitación te va a costar más caminar, porque el muñón tiene que estar fuerte, son cuatro kilos lo que pesa la prótesis. Me dije a mí misma que tenía que comer.

–Habla de una antigua y una nueva Desirée. ¿Es ahora otra persona?

–Sobre todo, más madura. Estoy orgullosa de lo que he logrado a través de la amputación. Nunca me hubiera imaginado que iba a publicar un libro o hacer atletismo. He dejado muchas cosas atrás, aunque lo que me ha pasado me ha abierto puertas.

–¿Cogió manía a la gimnasia?

–No. Me costó ir al gimnasio, volver a ver a mis compañeros, la cama elástica... pero me sigue apasionando, incluso me hice el curso de entrenadora y entrené a niñas en gimnasia acrobática.

–Y ahora hace atletismo.

–Me gustó ver que hay más gente como tú, más amputados que también se superan, y volver a correr, que para una persona amputada requiere muchísimo esfuerzo. Fui al primer campeonato, quedé campeona de España, eso te motiva más, y ahora me vengo a vivir a Madrid a entrenar para intentar ir a los Juegos de Tokio.

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