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España-Argentina: dos herederos y un solo trono

  • Marc Gasol, en vísperas de la final ante Argentina
    Marc Gasol, en vísperas de la final ante Argentina /

    EFE

Tiempo de lectura 4 min.

14 de septiembre de 2019. 22:16h

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Mariano Ruiz Díez 14/9/2019

Una de las herencias de la etapa de los Navarro y Pau en la selección es que, como se decía en el entorno más cercano del equipo antes de los días más grandes, «este partido no se les escapa». Con esa actitud tatuada en el ADN llega España a la final del Mundial, a la final y la medalla «más inesperadas», como reconoce Sergio Scariolo. La sorpresa se extiende al rival porque tampoco nadie contaba con Argentina peleando por el oro en Pekín.

En la final se miden las dos selecciones que mejor han competido y mejor han defendido durante la Copa del Mundo. El talento desperdiciado de Serbia, la rocosa Australia, el USA Team más débil que se recuerda, la irregularidad de Francia... España y Argentina, como dice Marc, «se lo han merecido». La selección volverá a luchar por el oro mundialista trece años después del título en Saitama. Rudy Fernández, el capitán más importante que nunca, y Marc Gasol son los supervivientes de aquella medalla. Fue un metal que en el penúltimo capítulo tuvo el mismo rival que hoy, la albiceleste. Fue la semifinal del no triple de Nocioni. Un cruce entre la Generación Dorada argentina y los juniors de oro. Sus herederos son los que buscan el que sería el segundo título mundialista para ambos. España lo ganó en 2006 y Argentina, en la Prehistoria del baloncesto, en 1950. Los precedentes más cercanos son favorables a España: en los últimos 15 partidos, la selección ha ganado 14 y en un amistoso antes del campeonato ganó por 84-76.

España ha repetido el guión de sus mejores campeonatos. La selección ha sido fiel a los planes de Scariolo. Siempre de menos a más, con una primera fase sospechosa y con un afán competivivo sin límites en los días clave. Así cayeron Italia, Serbia, Polonia y Australia. España llega invicta, igual que Argentina, y ambas ofrecen armas similares. Defensivamente nadie ha agobiado a los rivales como ellos. «Argentina es un equipo insoportable y muy hijo de puta», confiesa Laprovittola. Marc es un poco más diplomático que el nuevo base del Madrid: «Quizá no somos ninguno de los dos equipos con el mayor talento ofensivo, pero el trabajo de los dos atrás y la paciencia en el ataque nos han permitido llegar hasta aquí».

Serbia, cuyo seleccionador, Sasha Djordjevic, dimitió ayer, podría ofrecer las claves de la final. Los balcánicos sufrieron a ambos equipos y acabaron rendidos por la intensidad que mostraron para proteger su aro. «Ellos trabajan increíble en defensa, se sacrifican muchísimo, poniendo un nivel físico muy alto y tienen jugadores muy determinantes en algunas posiciones que, además, juegan muy bien en equipo», advierte Marc. La defensa de España es más cerebral; la de Argentina, pura pasión.

Los jugadores franquicia de los que habla Marc son Campazzo y Scola. El «Facu» es, con permiso de Ricky, el mejor base del Mundial. Sus compañeros en el Madrid, Llull y Rudy, ya le han avisado de lo que le espera. «Me cuentan maravillas de él y que tienen pocos puntos débiles, así que va a ser muy difícil, pero tengo ganas, es un reto más y estoy seguro de que ellos también nos tienen ganas», dice una de las piezas decisivas de España.

Lo de Scola y sus 39 años es de otro planeta. Su rendimiento es superior a cuando no había cumplido la treintena. Es el alma de la selección. Caza mayor para la defensa española. Pero hay más. «Estamos bastante ocupados todo el día dándole vueltas un poquito y, cuanto más los vemos, más sube nuestra sensación de que va a ser un partido muy, muy complicado porque son muy valientes», dice Scariolo.

A Campazzo y Scola hay que sumar dos «cambiapartidos», como define Scariolo a Laprovittola y Deck. «Son capaces de jugar un grandísimo baloncesto, con una determinación, un carácter, una fuerza defensiva y una optimización de los recursos ofensivos brutal».

Pero España está convencida de que el segundo oro de su historia está a su alcance y el portavoz de la corriente más optimista es Ricky. «Suena a tópico, pero es verdad que yo lo creí. Dentro de mí había algo que decía que íbamos a ganar este campeonato, pero de momento no lo hemos conseguido y por eso no es momento de estar celebrándolo. Sabemos todo lo que cuesta y por eso lo valoramos tanto».

Ricky es uno de los transmisores de los valores de toda la vida en el equipo nacional. En la Copa del Mundo está siendo el heredero de la Edad de Oro, que el nuevo grupo se ha empeñado en prolongar. «Nos parecemos a ellos en el ADN, la lucha y el corazón. Los argentinos también tuvieron una Generación Dorada y parecía que iban a dar un paso atrás, pero ha sido al contrario, han dado un paso adelante igual que nosotros». Los sucesores de dos de los mejores equipos FIBA de la historia se juegan el oro en Pekín.

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