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El Real Madrid gana en Huesca (0-1) pero su juego no mejora

El equipo blanco se ha impuesto con la ley del mínimo esfuerzo ante un Huesca animoso pero que ha demostrado por qué solo lleva siete puntos

  • Gareth Bale celebra su gol con sus compañeros. (AP Photo/Alvaro Barrientos)
    Gareth Bale celebra su gol con sus compañeros. (AP Photo/Alvaro Barrientos)

Tiempo de lectura 4 min.

09 de diciembre de 2018. 20:01h

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José Aguado Madrid. 9/12/2018

Fue cosa del viento o que el campo era pequeño o que hay días que no y que no. Ganó el Madrid en Huesca con un gol y un partido que no dejará ni un rastro en la memoria de los madridistas. Pero la Liga también son encuentros así: incómodos, en los que no sale nada, que hay que resolver en un chispazo de lucidez y luego esperar que pase el tiempo sin el menor daño posible. No fue la mejor imagen del Madrid en Huesca, el colista de la competición, que estuvo persiguiendo la hazaña del empate hasta el último segundo cuando Carvajal sacó un balón de debajo del larguero. Fue el resumen del partido del Madrid en el Alcoraz: atragantado, inhóspito, desganado, pero agarrado a los tres puntos para seguir sumando en la Liga. Otra cosa hubiese sido un fiasco inesperado, la victoria permite al Madrid seguir siendo optimista.

Sufrió demasiado en la segunda mitad, con el viento en contra y sin ninguna opción de jugar a nada. Sólo Bale era capaz de crear algún peligro. Tan mal lo vio Solari que sus cambios fueron indicativos de lo que había que hacer. Tenía a Isco y Asensio en el banquillo, como es habitual en los partidos de Liga, pero el primer jugador que saltó al campo fue Fede Valverde para sustituir a Ceballos. Es decir, antes pierna que imaginación, antes dientes apretados que liviandad. Después quitó a Modric y a Bale. El primer pasó por el campo del Huesca como casi todos sus compañeros, con mucho esfuerzo y poca lucidez y el segundo fue el más peligroso del equipo blanco. Además de hacer el gol tuvo un par de oportunidades para poner más distancia.

El gol de la victoria fue lo mejor del Madrid, en la primera parte, cuando tenía el viento a favor, y cuando mostró una imagen más positiva. La jugada del tanto fue un chispazo de luz en un día gris. Llorente puso claridad; Odriozola sacó partido de su profundidad y Bale remató con una volea sensacional con el interior del pie para, lo que tenía que ser, cerrar el encuentro aunque un quedase un mundo.

La distancia entre ambos equipos es sideral, pero el viento impidió jugar a nada e igualó la contienda. El Huesca un invitado a Primera, un equipo con muchos problemas para sobrevivir esta temporada, nunca perdió la cara del encuentro. Vio que la banda derecha, donde defendía Odriozola era una mina y no se cansó de atacar y atacar por ese lado. El lateral blanco se va hacia arriba con decisión, pero duda mucho cuando tiene que cerrar atrás. Por ahí tuvo muchos problemas el Madrid en la segunda parte, en la que apenas vislumbró el área contrario. En la primera parte sí fue un equipo más entero, con más presencia por todo el campo. Solari ya no engaña a nadie: le gusta Lucas Vázquez por un lado y Bale por el otro. Y como interior no se fía en exceso de Isco; no se fía nada en realidad. Ceballos fue titular, con su entrega de siempre, pero sin aportar claridad en un día poco propicio.

No se esperaba la afición que llenaba Alcoraz que en la segunda parte su equipo llevase el dominio durante tantos minutos y que el Madrid tuviese que contar los minutos hasta el final del encuentro. Es verdad que Bale tuvo una ocasión clara en un balón robado, pero también que fue el Huesca quién más insistió y fue Melero el que remató fuera con un cabezazo que era más fácil mandar dentro. El viento estaba en contra del Madrid y no es metáforico. Había que superar el día y a eso se puso el conjunto de Solari. Otros días de esta temporada, se le hubiese escapado. Ganó. Tres puntos, poco más.

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